Un análisis de la consultora Equilibra, cuya actualización fue suspendida por el Gobierno, sugiere que la abrupta reducción del indicador responde en gran medida a cambios en las formas de medición y no a una mejora sustantiva de los ingresos reales de la población.
La reciente publicación del INDEC, que anunció un descenso de la pobreza al 31,6% en el primer semestre de 2025 —la cifra más baja desde 2018—, ha sido presentada por el Gobierno como un triunfo de política económica. Sin embargo, un informe técnico de la consultora Equilibra arroja una sombra de duda sobre la solidez de este logro. El análisis, elaborado por los economistas Lorenzo Sigaut Gravina, Sebastián Lastiri, Gonzalo Carrera y Micaela Bassi, argumenta que las oscilaciones extremas en la serie oficial en los últimos años —desde el 35,2% a fines de 2021 hasta el 52,9% a mediados de 2024, y luego la pronunciada caída actual— no se condicen con la evolución de otros indicadores socioeconómicos relevantes. La investigación plantea que una parte significativa de la reducción podría atribuirse a problemas metodológicos en la medición, más que a un cambio real en la situación de las familias.
El núcleo del debate se centra en dos ajustes metodológicos que, según Equilibra, son fundamentales para capturar una fotografía fiel. En primer lugar, se encuentra la necesidad de actualizar la Canasta Básica Total (CBT) utilizando como base la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) más reciente, correspondiente al período 2017/18. El informe detalla que esta actualización modifica sustancialmente la estructura de consumo estimada, elevando el peso relativo de los gastos no alimentarios, como servicios o vestimenta. Este cambio técnico, en la práctica, incrementa el umbral de ingresos necesario para no ser considerado pobre. Según los cálculos de la consultora, solamente esta actualización elevaría la tasa de pobreza entre 8 y 17 puntos porcentuales, dependiendo de cómo se contabilicen ciertos rubros, como los gastos en restaurantes.
La segunda cuestión crítica es la histórica subdeclaración de ingresos en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), un fenómeno ampliamente reconocido en la estadística social. Equilibra aplica una corrección basada en estudios del CEDLAS, la cual indica que en los últimos años ha mejorado la capacidad de la encuesta para capturar los ingresos reales de la población. Este avance en la medición, por sí solo, genera una reducción artificial en el indicador de pobreza, ya que muestra ingresos más altos no porque estos hayan crecido en la realidad, sino porque se están registrando mejor. La consultora estima que este factor ha contribuido a reducir el porcentaje de pobreza en casi 11 puntos en promedio, distorsionando además la dinámica temporal del indicador.
Al combinar ambos efectos —la actualización de la canasta y la corrección por subdeclaración—, el estudio construye series alternativas de pobreza. En el escenario considerado más robusto, que excluye los gastos en restaurantes de la canasta alimentaria, la incidencia de la pobreza para el primer semestre de 2025 se ubicaría en el 42%, un nivel similar al de principios de 2022. Bajo esta mirada, la caída desde el pico de mediados de 2024 sería de entre 14,2 y 16,4 puntos, sensiblemente menor a los 21,3 puntos anunciados oficialmente. Incluso en un escenario más benévolo que incluye dichos gastos, donde la cifra final se acerca a la oficial (31,4%), la magnitud del descenso sigue siendo menor que la reportada por el INDEC.
La conclusión del informe es contundente: mientras las estadísticas oficiales celebran una reducción de 8,3 puntos porcentuales respecto al último semestre de la administración anterior, el análisis corregido de Equilibra sugiere que la baja real habría sido de entre 2 y 3,5 puntos. Estas discrepancias exponen la profunda incidencia que tienen las decisiones técnicas sobre la narrativa pública del bienestar y ponen en relieve la urgente necesidad de un debate transparente sobre los instrumentos con los que se diagnostica la realidad social del país.
