Registros oficiales confirman que el titular del Palacio de Hacienda mantiene casi la totalidad de sus activos en el extranjero, con especial predilección por la Isla de Man, un refugio de multimillonarios señalado por el FMI y los Papeles del Paraíso. Su airada reacción ante una consulta periodística desnuda la contradicción.
No solo el abultado pasivo que Buenos Aires mantiene con el organismo multilateral de crédito vincula al ministro de Economía, Luis Caputo, con el Fondo Monetario Internacional. Existe otro nexo, menos explorado por la opinión pública, que converge en una diminuta porción de tierra ubicada entre Gran Bretaña e Irlanda. Se trata de la Isla de Man, un territorio que ambas partes conocen bien: el FMI por haberla colocado bajo la lupa en sucesivos informes debido a sus prácticas contrarias a las normativas impositivas globales, y el funcionario argentino por haber elegido ese enclave para atesorar una porción sustancial de su fortuna personal.
El archipiélago, célebre por su trisquel heráldico que evoca el progreso, se convirtió en el centro de la escena a raíz del último cruce bronco protagonizado por el jefe del Palacio de Hacienda. Durante una entrevista, el periodista Jon Heguier indagó acerca de la decisión del exejecutivo de Wall Street de no repatriar los capitales que posee allende las fronteras, justo cuando su administración demanda a la ciudadanía que desempolve los billetes atesorados bajo los colchones para apuntalar el plan económico de la administración libertaria. La consulta encendió la mecha. «Detente, detente, porque estás profiriendo una sarta de despropósitos», espetó el funcionario, visiblemente perturbado. «¿Insufías que tengo divisas norteamericanas ocultas en el hogar? ¡No incurras en falta de cortesía! Lo tuyo es una ofensa. No te propases. Acabas de aseverar una calumnia. Rectifícate sin demora», vociferó.
El arrebato, sin embargo, encuentra asidero en las constancias oficiales. Lejos de aquella plata imaginaria escondida entre sábanas y almohadones, la documentación pública revela que el ministro —el segundo con mayor poder adquisitivo dentro del gabinete nacional— resguarda sus valores en jurisdicciones conocidas por su hermetismo bancario y su fiscalidad laxa. Su declaración jurada correspondiente al período 2023 expone que cerca del noventa y nueve por ciento de sus bienes permanece en territorio extranjero. En particular, sobresalen nueve cuentas que totalizaban al inicio del ejercicio fiscal unos 470.000 dólares, distribuidas entre los Estados Unidos —nación que alberga múltiples jurisdicciones de reducida tributación— y la mencionada posesión de la Corona británica.
El monto consignado en aquel apartado, no obstante, constituye apenas una fracción de la riqueza total del exsecretario de Finanzas. Los registros oficiales contabilizan aproximadamente tres millones de dólares depositados fuera del país. A ello se adicionan participaciones accionarias en firmas como Palmeral Chico S.A., valoradas en más de mil millones de pesos; inversiones en fondos comunes por cifras cercanas a los once mil millones; y tenencias no especificadas en el exterior que rozan los mil doscientos cincuenta millones. Tampoco puede soslayarse su involucramiento accionario en Sacha Rupaska S.A., una empresa agropecuaria con asiento en Santiago del Estero pero extrañamente radicada allende las fronteras patrias.
El santuario elegido por Caputo para cobijar sus caudales posee características que seducen a las grandes fortunas. En esa ínsula de 572 kilómetros cuadrados y ochenta y cinco mil almas, cuya moneda es la libra manesa, el gravamen a las rentas personales no supera el veinte por ciento, con un techo contributivo anual de 125.000 libras. Las corporaciones, sean residentes o foráneas, gozan de una alícuota cero en el impuesto a las ganancias, mientras que los réditos provenientes de la actividad bancaria apenas tributan un diez por ciento. Tal paraíso impositivo explica por qué celebridades como Lewis Hamilton, el mítico piloto de Fórmula 1, recurrieron a esta demarcación para eludir el fisco europeo en la adquisición de aeronaves privadas, maniobra que quedó al descubierto en la investigación global conocida como Paradise Papers.
El contraste entre el discurso y las acciones del ministro adquiere ribetes de paradoja. Mientras el funcionario conminó a los argentinos a movilizar sus ahorros para engrosar las arcas del programa gubernamental, su patrimonio personal continúa refugiado en territorios caracterizados por la opacidad financiera. Ni siquiera los acuerdos de intercambio informativo suscriptos por la Administración Federal de Ingresos Públicos en 2012 con la Isla de Man y otros resguardos británicos como Jersey, Guernesey, Caimán y Bermudas han motivado un gesto de repatriación por parte de quien hoy administra la economía nacional.
El expediente patrimonial de Caputo registra un salto exponencial difícil de atribuir exclusivamente al fenómeno inflacionario. Según la información remitida a la Oficina Anticorrupción, el titular del Palacio de Hacienda escaló de 744 millones de pesos en 2022 a 15.951 millones al año siguiente. El incremento, que ronda el dos mil cuarenta y uno por ciento, configura un verdadero prodigio financiero en un contexto de estanflación y licuación de activos. La presentación correspondiente a 2024, empero, aún no fue formalizada.
El episodio del altercado mediático no hizo más que poner el reflector sobre una contradicción mayúscula. El custodio de las cuentas públicas, aquel que negocia con el Fondo Monetario el cronograma de desembolsos y vaticina tiempos de vacas flacas, mantiene su patrimonio a resguardo en las mismas latitudes que el organismo multilateral examina con recelo. Su enojo, aquel sofocón que lo llevó a exigir disculpas al periodista, quizás no fuera más que el escozor de verse reflejado en el espejo de sus propias incongruencias.
