El Rojo despertó en Avellaneda: un triunfazo ante Lanús que sabe a punto de inflexión

El Rojo despertó en Avellaneda: un triunfazo ante Lanús que sabe a punto de inflexión

En un duelo clave para medir su presente, el equipo de Gustavo Quinteros dejó atrás los empates y venció 2-0 al Granate con un gran primer tiempo. Ávalos y Abaldo fueron los artífices de una noche que ilusiona a la gente en el inicio del campeonato.

Si el objetivo era demostrar que la levantada del equipo tenía sustento y no era una simple ilusión pasajera, la cita de este viernes en el estadio Libertadores de América quedará marcada como una bisagra en el andar de Independiente. Las palabras del entrenador Gustavo Quinteros durante la semana resonaban con optimismo, aunque también con cierta advertencia, cuando recordaba que su escuadra acumulaba una extensa racha sin derrotas. Sin embargo, en el presente certamen, los cuatro empates consecutivos habían comenzado a generar interrogantes, y la ajustada victoria en condición de visitante frente a Platense no terminaba de disipar las dudas por completo.

Por eso, la visita de Lanús representaba el desafío perfecto para calibrar la verdadera dimensión de este renovado conjunto. El Granate llegaba como un adversario de cuidado, manteniéndose invicto en el torneo y con un historial reciente adverso para el Rojo en este tipo de cotejos. Pero la prueba fue superada con holgura y autoridad. Con dos destellos de calidad en la etapa inicial, el dueño de casa se quedó con los primeros tres puntos del año en su feudo, sellando un 2-0 que supo a catarsis y confirmación.

Durante los primeros compases, al conjunto de Avellaneda le costó encontrar los caminos para vulnerar el entramado defensivo visitante. Iván Marcone intentaba darle orden al mediocampo, mientras que Malcorra, oficiando como enlace, apostaba recurrentemente por los envíos largos buscando la potencia de Gabriel Ávalos. El delantero paraguayo se las ingeniaba para generar peligro y dispuso de un par de aproximaciones, en su mayoría mediante testazos, que anticipaban lo que estaba por venir. Del otro lado, Lanús presentaba una formación con varias modificaciones, pensando en su compromiso internacional de la semana entrante, pero sin resignar su idea de salida limpia desde el fondo.

Un error que cambió la historia

El partido transcurría sin un dominador claro, hasta que un descuido en la última línea visitante abrió el marcador y, con él, el desarrollo del juego. Una recuperación de Marcone en el círculo central permitió la rápida transición ofensiva. El balón llegó a los pies de Abaldo, quien se perfiló dentro del área y, aprovechando una leve desinteligencia entre los marcadores centrales, sacó un remate con comba y colocación imposible para el arquero. La pelota, tras besar el palo, se incrustó en la red y desató la algarabía en las tribunas.

Instantes antes, una molestia física había obligado a salir a Montiel, pero la modificación terminó siendo un acierto. El ingreso de Pussetto le otorgó mayor movilidad y peso ofensivo al equipo, asociándose constantemente con Ávalos. La dupla tuvo su premio antes del descanso, cuando una elaborada jugada colectiva entre el ex Huracán y Millán habilitó el espacio para un centro preciso. Ávalos, firme en su rol de referente de área, se elevó para conectar un cabezazo certero y vencer nuevamente la resistencia del guardametas, firmando así su segundo tanto personal en lo que va del certamen y sepultando cualquier esperanza de reacción visitante.

Con la ventaja asegurada, Independiente administró los tiempos del complemento sin pasar sobresaltos. Marcone se erigió como el faro en la zona medular, distribuyendo y recuperando con criterio, mientras que la zaga se mostró sólida ante los escasos intentos de un Lanús que solo inquietó con un tiro libre que se fue cerca del palo. El entrenador local movió el banco para darle aire fresco al once, aunque la expulsión de Cabral, ingresado en el tramo final por una dura infracción, empañó levemente el cierre de una noche casi perfecta.

El técnico tiene motivos más que suficientes para mostrarse satisfecho. Su equipo no solo logró quebrar una racha adversa en los enfrentamientos directos, donde el historial reciente era esquivo, sino que además ofreció una versión convincente y efectiva. Poco a poco, el Rojo comienza a amalgamar el funcionamiento que pregona su entrenador con los resultados que la exigente parcialidad demanda. Este triunfo, el primero del año en casa, no solo alimenta la ilusión, sino que siembra la certeza de que el invicto que aún sostienen en el año puede transformarse en algo mucho más grande. El hincha empieza a soñar.

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