La Bombonera silba a Ubeda: otro paso en falso de un Boca sin alma ni fútbol

La Bombonera silba a Ubeda: otro paso en falso de un Boca sin alma ni fútbol

A una semana de la caída en Liniers, el Xeneize volvió a decepcionar con un empate insípido ante Platense. El equipo de Claudio Ubeda volvió a mostrar una versión pálida, sin ideas ni reacción, y el malestar de los hinchas se hizo oír con claridad en la Ribera.

En un presente donde las urgencias parecen multiplicarse con el correr de los minutos, Boca tropezó una vez más con sus propias limitaciones. El certamen local suele ser un refugio para los grandes, un territorio donde recuperar el prestigio tras los golpes, pero anoche, en la Bombonera, ni siquiera ese consuelo apareció. Frente a un Platense correoso, ordenado y sin complejos, el conjunto de Claudio Ubeda firmó un empate sin goles que supo a muy poco y encendió todas las alarmas.

Lejos de mostrar una reacción anímica tras la derrota en el José Amalfitani, el equipo de la Ribera volvió a quedar en deuda con su gente. El libreto, si es que lo hubo, se perdió en la maraña de imprecisiones y falta de claridad. El desarrollo del juego fue tan chato que costó identificar una idea de juego, un patrón que permitiera vislumbrar una reacción. La visita, en cambio, supo a qué jugaba y por momentos estuvo mucho más cerca de quedarse con la victoria que el anfitrión.

La visita sin complejos

El «Calamar» pisó el césped de la Bombonera con la convicción de quien sabe que tiene armas para competir. Lejos de amedrentarse por el escenario y la historia, el conjunto de Vicente López plantó bandera en la mitad de la cancha y ahogó cualquier intento de creación local. Su presión en campo rival fue asfixiante, y solo la falta de contundencia en sus delanteros, Gauto y Heredia, le impidió dar el golpe. La solidez defensiva fue su principal estandarte: el arquero Borgogno respondió con seguridad cada vez que lo exigieron, mientras que la zaga central, con un Vázquez implacable y un Saborido que además se animó a sumarse al ataque con peligro, desactivó cada intento xeneize.

Actuaciones para el olvido

Si algo encendió las críticas en el bando local fue el nivel individual de sus figuras. Lejos de aquellas actuaciones que justificaron su regreso al club, Leandro Paredes firmó su peor presentación desde que viste nuevamente la azul y oro. Intrascendente y superado en la zona medular, nunca pudo conducir a su equipo. A su lado, Ascacibar no estuvo más afortunado: impreciso en la entrega y sin capacidad para proyectarse, su juego quedó muy lejos de lo esperado. El carril derecho fue un problema: ni Barinaga ni luego Weigandt lograron darle profundidad al equipo, encadenando errores no forzados que cortaron cualquier atisbo de peligro. Alarcón arrancó con alguna idea, pero se diluyó con el correr de los minutos, mientras que Romero fue una figura decorativa en ofensiva. Arriba, Merentiel estuvo muy por debajo de su bestial nivel habitual, y Cavani, cuando ingresó, no pudo gravitar. En un dato curioso que refleja el pobre nivel colectivo, Lucas Janson, uno de los futbolistas más resistidos por la hinchada, terminó siendo lo más rescatable de la primera mitad.

Un ataque de manual de las pocas ocasiones

El partido transcurrió sin emociones y con una alarmante falta de urgencia por parte del anfitrión. Boca apenas forzó un tiro de esquina en todo el encuentro, una estadística que pinta de cuerpo entero su pobre producción ofensiva. La más clara del local llegó tras un error grosero de Amarfil en la salida, pero Janson tardó demasiado en definir y la oportunidad se esfumó. Merentiel dispuso de otra tras un centro de Blanco, pero la pelota le quedó larga y no pudo dominarla. Ya en tiempo de descuento, el juvenil Gelini falló increíblemente un cabezazo con el arco a su merced, también tras un envío del «Colo» Blanco, quien se erigió como el mejor de su equipo.

Platense, aunque sin un aluvión ofensivo, siempre generó la sensación de lastimar. Su ocasión más clara fue un remate de Saborido que, tras desviarse en Barinaga, se estrelló en el palo derecho de un Marchesín que, de rodillas, pareció suplicar un milagro que esta vez no hizo falta.

El parte médico, un problema más en el banco

La preocupación en el cuerpo técnico no se limita solo al funcionamiento. El parte médico sigue engrosándose de manera preocupante. Paredes pidió el cambio antes del final por una molestia en un tobillo que ya lo había incomodado durante el partido —y que podría explicar, en parte, su floja labor—. Ascacibar también terminó con gestos de dolor en la zona posterior del muslo. A esto se suma la evidente falta de ritmo de aquellos que regresan de lesiones, como el propio Merentiel, lejos de su puesta a punto física.

Silbidos y respaldo, la contradicción de un final de tarde gris

Con el pitazo final, el estadio se convirtió en un hervidero de reproches. La mayoría de los silbidos tuvieron un destinatario claro: Claudio Ubeda. Sin embargo, la postal que ofrecieron los jugadores fue otra. Con Leandro Paredes a la cabeza, el plantel se acercó al banco para respaldar a su entrenador en medio de las críticas. Un gesto de vestuario que, por ahora, choca de lleno contra la evidencia de un equipo que no logra encontrar un funcionamiento colectivo y navega a la deriva, dependiendo más de destellos individuales que de una idea de juego sólida. El tiempo, ese que siempre escasea en Boca, ya se está agotando.

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