En un contexto de desafíos climáticos y económicos, el ministro Carlos Banacloy encabezó el acto oficial de la Expo Rural, donde llamó a superar la mirada asistencialista sobre el productor y a consolidar una alianza estratégica con el turismo y la gastronomía para proyectar la identidad patagónica.
En el corazón de la Patagonia andina, donde la majestuosidad de la cordillera se encuentra con la estepa, la edición de la Expo Rural Bariloche que se desarrolla este fin de semana no es una muestra más. Lejos de limitarse a una exhibición de ejemplares, el predio ferial se transformó en un vibrante foro de debate sobre el futuro de una actividad que, históricamente forjada en el aislamiento y la adversidad, busca hoy abrirse a la comunidad y diversificar su horizonte.
La jornada dominical tuvo su momento culminante con el acto institucional, una convocatoria que reunió bajo un mismo techo a funcionarios provinciales y municipales, a los tradicionales dirigentes rurales y a las nuevas voces del sector productivo. En ese escenario, la figura del Ministro de Desarrollo Económico y Productivo de Río Negro, Carlos Banacloy, se erigió como la voz de un Estado que propone una actualización del viejo vínculo con el campo: ya no como mero espectador o asistente, sino como facilitador de una trama más compleja y prometedora.
El leitmotiv del discurso oficial fue la integración. Banacloy subrayó que la decisión de otorgarle a esta exposición un perfil «más abierto e inclusivo» responde a una convicción política profunda: la necesidad de resignificar el rol del productor primario. «Es tiempo de trascender la imagen del hombre de campo únicamente golpeado por las contingencias climáticas o económicas. Debemos comprenderlo como el pilar fundamental de una gran cadena de valor que da sustento a innumerables familias y dinamiza los pueblos», enfatizó el ministro ante un auditorio atento.
Esta visión implica derribar barreras conceptuales. La presencia de stands gastronómicos, la vinculación con emprendedores turísticos y la promoción del «agregado de valor» en origen no son meros adornos en esta edición, sino la evidencia de una hoja de ruta gubernamental. La premisa es clara y disruptiva para ciertas lógicas sectoriales: la producción agropecuaria y el turismo, lejos de ser actividades antagónicas que compiten por el territorio o la atención, constituyen motores que, sincronizados, pueden acelerar el desarrollo regional. Bariloche, con su potentísima marca turística global, se presenta así como el laboratorio ideal para demostrar que la estancia productiva puede ser un atractivo en sí mismo y que el visitante global es un consumidor potencial de los sabores y texturas de la tierra patagónica.
Desafíos de una Patagonia que arde y se seca
Sin embargo, el mensaje oficial no eludió las sombras que se ciernen sobre el horizonte productivo. El ministro Banacloy dedicó una parte central de su alocución a los crecientes desafíos estructurales que impone el cambio climático en la región. Con una franqueza inusual, hizo referencia a las recientes y devastadoras temporadas de incendios forestales que han castigado a la Cordillera, señalando que esos siniestros actuaron como un parteaguas para la gestión pública.
«Las tragedias nos obligaron a tomar decisiones de fondo, a reformular herramientas y a modificar enfoques para aspirar a resultados distintos», explicó. Ese aprendizaje duro, forjado en el dolor de las pérdidas, debe permear toda la agenda productiva. La gestión de la fauna, el manejo sustentable del suelo y la preparación para eventos climáticos extremos (sequías prolongadas, erupciones volcánicas) ya no son variables marginales, sino el eje central sobre el que debe pivotar cualquier planificación a futuro.
En este punto, el ministro delineó lo que considera una «oportunidad histórica» para la provincia: la capacidad de ensamblar en una misma estrategia coherente la actividad primaria tradicional, la innovación en el agregado de valor, la gestión responsable de los recursos naturales y el turismo de naturaleza. Un rompecabezas complejo donde el sector privado debe asumir el protagonismo en la inversión y la producción, mientras el Estado provincial se posiciona como el gran articulador, el generador de consensos y el facilitador de las herramientas necesarias para que esa sinergia sea posible.
Semillas de futuro: el relevo generacional toma la posta
Un aire de renovación y esperanza impregnó también la jornada. La organización de la Expo ha visto en los últimos años una inyección de savia nueva, con la incorporación de jóvenes productores y profesionales del campo a sus comisiones directivas. El ministro celebró este recambio generacional como un signo inequívoco de vitalidad. «Ver a los más jóvenes involucrados, con ideas frescas y energía, es la garantía de que esta actividad, que ha soportato embates de todo tipo, no solo tiene historia, sino que se proyecta con fuerza hacia el mañana», manifestó.
La mirada puesta en el futuro encuentra en Bariloche un escenario estratégico inmejorable. La apuesta del gobierno rionegrino es clara: trabajar para que esta exposición rural, que hoy integra la identidad más auténtica de la producción con la vidriera turística más importante de la Patagonia, se consolide como uno de los grandes eventos del calendario agroindustrial del país. Una muestra que, en definitiva, busca reflejar un nuevo pacto social: el de una comunidad que reconoce en su campo el primer eslabón de su soberanía alimentaria y el custodio de un paisaje que, bien gestionado, es sinónimo de futuro.
