River, ante un cruce de alto voltaje: poco para ganar, un abismo para perder

River, ante un cruce de alto voltaje: poco para ganar, un abismo para perder

El equipo de Gallardo enfrenta esta noche a Ciudad de Bolívar en San Luis por los 32avos de final de la Copa Argentina, en un contexto de máxima tensión tras las dolorosas caídas ante Tigre y Argentinos Juniors; el Muñeco pondría lo mejor que tiene para esquivar un papelón de consecuencias impredecibles

Los ecos de los silbidos en el Monumental aún resuenan. Las miradas acusadoras sobre un plantel que prometía mucho y entrega migajas. Y la sombra alargada de una crisis que, como un pozo sin fondo, amenaza con tragarse todo a su paso. En ese escenario de tormenta perfecta, River Plate asoma esta noche en la provincia de San Luis para cumplir con un compromiso que, en apariencia, debiera ser de mero trámite, pero que las circunstancias han convertido en una verdadera prueba de fuego. Enfrente estará Ciudad de Bolívar, un humilde representante del ascenso que sueña con gestar la hazaña más rutilante de su breve historia institucional.

La Copa Argentina, ese torneo que suele deparar sorpresas mayúsculas y consagraciones épicas, presenta en sus fases inaugurales una ecuación perversa para los equipos de Primera División, especialmente para aquellos que cargan con el peso de ser considerados gigantes. Enfrentar a conjuntos de jerarquía inferior debiera constituir apenas un requisito formal, una obligación impostergable en el camino hacia la gloria. Sin embargo, el fútbol, tan dueño de sus propias paradojas, dictamina que una eliminación temprana ante un rival de menor estatura se transforma automáticamente en un título de carácter catastrófico. Escaso margen para la ganancia, enormes riesgos de naufragio: una combinatoria letal que se invierte por completo en los contrincantes, esos que saltan al campo liberados de presiones y alimentando la utopía de escribir una página dorada en los anales del balompié criollo.

En el caso particular del conjunto de Núñez, esta premisa tradicionalmente ingrata adquiere una dimensión superlativa en la jornada de hoy. Y es que el Millonario retomó el pulso de la aguda crisis que arrastra desde el 2025 con dos presentaciones sencillamente bochornosas ante Tigre y Argentinos Juniors. El horno, lejos de estar para facturas delicadas, cruje amenazante con cada chispa de incertidumbre. No doblegar a un oponente sin pergaminos en este escenario específico podría interpretarse como el beso del ataúd para este segundo ciclo tortuoso de Marcelo Gallardo, un papelón de esos que no tienen retorno para una escuadra que ya ha coleccionado demasiadas páginas negras en los últimos tiempos. En la vereda opuesta, superar a esta institución nacida en 2002 con el objetivo primordial de competir en el vóleibol profesional, y que recién desde 2019 adoptó el fútbol como actividad principal, de ningún modo constituirá una demostración de carácter ni un indicio fehaciente de recuperación anímica o futbolística.

Las cartas están repartidas sobre el tapete y River las conoce de memoria: el compromiso de esta noche se presenta como un duelo incómodo, un compromiso que, en todo caso, debería servir para que ciertos futbolistas sumergidos en niveles ínfimos puedan escalar algunos peldaños de confianza. Sería el momento propicio para que los delanteros rompan de una vez por todas su inadmisible racha de sequía goleadora. También para que los defensores centrales recuperen solidez en los mano a mano, después de exhibir versiones tan frágiles en sus últimas dos presentaciones. Pero así está diseñado el guión: el verdadero desafío para emerger del pozo o hundirse definitivamente tendrá lugar el próximo fin de semana frente a Vélez en el José Amalfitani. No obstante, el conjunto del Muñeco no puede permitirse el lujo de subestimar ni confiarse ante un adversario que viene de debutar en la Segunda División y que estuvo a escasos minutos de eliminar a Godoy Cruz, un equipo que acaba de descender de la máxima categoría del fútbol argentino.

Un contrincante al que, por caprichos del destino, River ya enfrentó el año pasado en esta misma instancia de treintaidosavos de final. En aquella ocasión, Gallardo dispuso un once completamente alternativo y se impuso sin mayores sobresaltos por dos tantos contra cero. Aquel fue el tercer envite copero para Ciudad de Bolívar, que en todas sus participaciones anteriores cayó en su presentación inaugural sin siquiera haber podido convertir un gol: cero a tres con Independiente en 2023 y cero a seis con Banfield en 2024. Hoy, después de los dos mazazos que reabrieron la herida de la peor temporada en década y media, el entrenador difícilmente pueda darse el lujo de preservar efectivos, comprendiendo el peligro latente que representa esta eliminatoria en el contexto actual.

De esta manera, con el retorno de Fausto Vera reemplazando a un deslucido Castaño, con Franco Armani todavía marginado por su ya excesivamente prolongada lesión en el tendón de Aquiles derecho que sobrevino a su desgarro en el gemelo, y sin la presencia de Marcos Acuña, quien no abordó el vuelo chárter con destino a San Luis por un cuadro febril, el Muñeco dispondría sobre el césped del estadio La Pedrera lo mejor de su repertorio para intentar reconectar con ese River que asomaba diferente en las tres primeras fechas del torneo Apertura y que se desinfló con alarmante rapidez. O quizás, en un análisis más pesimista, para confirmar que siempre estuvo pinchado y apenas ofreció un espejismo ante Barracas Central, Gimnasia y aquel primer tiempo frente a Rosario Central. Eso sí, «lo mejor que tiene a su alcance» tampoco constituye una noción demasiado evidente en estos tiempos: con individualidades por el suelo, el estratega deberá resolver si sostiene a Agustín Ruberto en la vanguardia o restituye a Maximiliano Salas y/o Facundo Colidio en el once inicial. Si opta por regresar a la dupla ofensiva, también saldría del equipo Santiago Galoppo. Habrá que determinar si ha llegado la hora de incluir a Kendry Páez desde el arranque, y si las dos pésimas presentaciones de Lautaro Rivero ameritan volver a recurrir a Paulo Díaz en la última línea. Cualquiera sea la decisión, está ante un cruce que se asemeja peligrosamente a un arma de doble filo.

El cotejo comenzará a las veintidós horas en el escenario deportivo de Villa Mercedes, con transmisión en directo de TyC Sports. La responsabilidad de impartir justicia recaerá en Nicolás Ramírez, secundado por los asistentes Marcelo Bistocco y Juan del Fueyo. En la antesala, las formaciones más probables tendrían a Santiago Beltrán custodiando los tres palos; una línea defensiva integrada por Gonzalo Montiel, Lucas Martínez Quarta, Lautaro Rivero o Paulo Díaz y Matías Viña; un mediocampo compuesto por Fausto Vera, Aníbal Moreno y Tomás Galván; la cuota de ingenio de Juan Fernando Quintero; y la dupla ofensiva conformada por Maximiliano Salas y Agustín Ruberto o Facundo Colidio. Del otro lado, Agustín Rufinetti protegerá el arco de Ciudad de Bolívar, con Agustín Paredes, Ezequiel Navarro, Elías Martínez y Emanuel Cuello en el fondo; Nahuel Yeri, Brian Quintana, Tomás Rambert y Arnaldo González en la zona de gestación; y Guillermo Sánchez junto a Khalil Caraballo como referentes de ataque, bajo la batuta de Diego Funes.

El fútbol, dueño de ironías implacables, ha colocado a River frente al espejo de sus propias miserias. Esta noche, más que un rival de carne y hueso, enfrentará sus fantasmas. Y la respuesta, sea cual fuere, resonará con fuerza en un universo riverplatense que ya no tolera más excusas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *