El candidato de la Lista Celeste advierte que la ciudad perdió 2.300 puestos metalúrgicos en el último año y cuestiona la gestión del sanatorio FOINO. Los comicios en la seccional Río Grande serán el próximo 2 y 3 de marzo.
En un clima de incertidumbre laboral y con la industria local atravesando uno de sus momentos más críticos, la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) de Río Grande se encamina hacia un proceso electoral que promete definir el rumbo del sindicato. En la antesala de los comicios, Pablo Ibáñez, quien lidera la lista opositora Celeste, mantuvo un diálogo en el que delineó un diagnóstico crudo de la realidad fabril y lanzó sus principales ejes de campaña, marcando distancia de la gestión actual encabezada por Óscar Martínez.
Ibáñez, que cuatro años después vuelve a postularse para conducir los destinos del gremio, subrayó que en esta contienda se enfrentarán dos modelos de conducción: el de su espacio y el de la lista Blanco y Negra, oficialista. «Concurrimos a estos comicios respaldados por un amplio arco de fábricas. Aspiramos a restablecer el vínculo de confianza con los asociados, colocando sus necesidades y reclamos en el núcleo mismo de la acción sindical», expresó el dirigente, quien intentará capitalizar el descontento de un sector de los trabajadores ante la crítica coyuntura.
Uno de los puntos más álgidos de la entrevista giró en torno al dramático cuadro ocupacional que exhibe el sector. En este sentido, el referente de la Celeste encendió las alarmas al cuantificar una notable merma en las fuentes de trabajo. Según los datos que manejó, la industria metalúrgica riograndense ha sufrido una reducción cercana a los 2.300 puestos laborales en comparación con el año precedente. Ante este panorama, Ibáñez enfatizó la urgencia de establecer una dinámica comunicacional más fluida y certera para contrarrestar la crisis y las permanentes críticas que, a su juicio, golpean a la dirigencia. «Resulta imperativo contar con una estrategia que permita transmitir con claridad lo que sucede y cómo pensamos enfrentarlo», justificó.
El diálogo también derivó hacia un tema sensible para la estructura gremial: el funcionamiento del sanatorio FOINO, la clínica que pertenece al sindicato. Ibáñez reconoció abiertamente las dificultades que atraviesa la institución sanitaria, mencionando la escasez de especialistas y el sostenido incremento de los gastos operativos. Frente a ello, planteó la necesidad de realizar un examen económico profundo para proyectar el devenir de la clínica. «Nuestra premisa es garantizar la continuidad del FOINO y, al mismo tiempo, optimizar la calidad asistencial que reciben nuestros compañeros y sus familias», aseveró, deslizando una crítica velada a la administración que deberá evaluar el futuro del centro médico.
Finalmente, el candidato apeló a la cohesión de los trabajadores como única vía para sortear los escollos impuestos por el contexto macroeconómico. Instó a alcanzar la «mayor unidad en acción» y se comprometió, en caso de resultar vencedor, a mantener una relación directa y sin intermediarios con la base. «Que nos exijan, que nos controlen. Estaremos en la calle y en la fábrica, cara a cara con los afiliados», prometió.
La cita electoral está fijada para los días 2 y 3 de marzo, jornadas en las que más de 3.300 afiliados se encuentran habilitados para sufragar y definir si la conducción sindical cambia de manos o ratifica su rumbo. Ibáñez concluyó su alocución convocando a la masa de trabajadores a participar masivamente, subrayando la relevancia de ejercer el voto como herramienta fundamental en la vida democrática del gremio.
