La cumbre secreta en San José 1111 duró casi dos horas y marca el fin de una década de enemistad. El exrival de Macri y la expresidenta sellan una tregua con la mira puesta en la crisis y la recesión que deja el modelo libertario.
No hubo flashes, ni selfies, ni el habitual parte de prensa con fotografía de apretón de manos. La cita transcurrió en la más absoluta reserva, puertas adentro de un departamento de San José 1111, pero sus ondas expansivas recorrieron de inmediato los laberintos del peronismo. Cuando Miguel Ángel Pichetto traspasó el umbral de la vivienda de Cristina Fernández de Kirchner, no se trató únicamente del reencuentro entre dos veteranos de guerra que durante más de diez años militaron en trincheras opuestas. Fue mucho más que eso: una señal con olor a real politik, un mensaje cifrado lanzado directo al ADN del movimiento justicialista que reza, una vez más, que la supervivencia se escribe con la palabra unidad.
La conversación, que se extendió durante aproximadamente una hora y media, transcurrió lejos de los reflectores, pero con una agenda cargada de gravedad institucional. Fuentes con acceso al diálogo revelaron que los interlocutores pasaron revista a los efectos devastadores que, según su mirada, está generando la motosierra del Estado nacional sobre el entramado fabril. La defensa de la industria patria frente a la apertura importadora sin precedentes, la urgencia por recolocar la creación de empleo genuino en el centro del debate público y la necesidad de tejer un puente sólido que vincule al populoso conurbano con las provincias del interior fueron los ejes de una charla que busca cicatrizar heridas.
El gesto de la exmandataria al recibir a quien fuera compañero de fórmula de Mauricio Macri en 2019 implica dejar en suspenso viejos rencores. «Hay que construir desde el perdón mutuo y mirar hacia adelante», fue la síntesis que el propio Pichetto esbozó ante su entorno al referirse a las disputas pretéritas y a un horizonte que se vislumbra compartido. La frase, cargada de intencionalidad, marca el tono de lo que podría ser una nueva etapa de confluencias.
Este acercamiento no cayó del cielo. Tuvo su semilla en diciembre pasado, cuando los teléfonos volvieron a conectarse tras años de silencio. El martes pasado, puntualmente a las 17, se produjo el segundo capítulo, esta vez en la intimidad del domicilio de la ex jefa de Estado. La noticia recién tomó estado público horas después, en un contexto militante que pareció diseñado a medida para validar el gesto. Ocurrió durante una jornada organizada por el Movimiento Nacional Justicialista en el Abasto Hotel, bautizada “Doctrina, Industria y Trabajo”. Allí, el legislador de Encuentro Federal compartió estrado con Guillermo Moreno, el exsecretario de Comercio Interior, en una postal que hasta hace unos meses hubiera resultado inverosímil.
Fue en ese ámbito donde Marita Velázquez, diputada nacional por “Principios y Valores”, soltó la primicia que electrizó la militancia: “Pichetto se reunió con Cristina. Necesitamos la unidad nacional de todos nuestros dirigentes. En la base, los militantes peronistas quieren estos gestos”. La revelación no hizo más que confirmar lo que muchos sospechaban: que la cumbre en San José 1111 ya era un hecho consumado.
En el cónclave del Abasto Hotel, las paredes resonaron con los principios elementales del ideario peronista, los mismos que, según se supo, flotaron en la charla con Cristina. “Gobernar es crear puestos de trabajo”, repitió Pichetto, evocando la célebre máxima de Juan Domingo Perón. Lo acompañaron en el panel el dirigente social Esteban “Gringo” Castro, el jefe comunal Gustavo Menéndez, el sindicalista Leonardo Fabré y el empresario Pablo Challú. “Propongo tener misericordia con los compañeros que estuvimos distanciados, que nos peleamos, que tenemos diferencias”, arengó Castro, en sintonía fina con el nuevo clima de acercamiento. Pichetto redobló la apuesta: “El peronismo tiene que perdonarse, mirar el pasado y reflexionar. Cualquier gobierno peronista es mucho mejor que este gobierno, que nos está mandando a la miseria”. Y puso como espejo la ingeniería política que Lula da Silva supo tejer en Brasil para vencer electoralmente a Jair Bolsonaro.
La defensa de Cristina como punto de partida
El camino hacia este reencuentro comenzó a allanarse mucho antes, en junio del año pasado. En ese entonces, el diputado Pichetto dio un primer golpe en la mesa al cuestionar con dureza la condena a la exmandataria en el marco de la causa Vialidad. En aquella oportunidad, calificó el fallo como “proscriptivo” y señaló una anomalía jurídica que, según su lectura, resulta insostenible: la falta de proporcionalidad entre los seis años de prisión y la inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos. “Es una pena complementaria y no puede ser más alta que la pena privativa de la libertad”, argumentó, metiéndose de lleno en un debate técnico que, admitió, pocos abordan en el mundo del derecho.
Para Pichetto, más allá de que la instancia judicial local esté “agotada” tras la ratificación de la Corte Suprema, el fallo del Tribunal Oral Federal Nº 2 encierra una contradicción que debe exponerse. “Estos son los debates que el mundo jurídico no analiza y nadie menciona”, sostuvo, aunque sin rodeos reconoció la naturaleza política del asunto. A su juicio, “el tema es político”, y en ese marco no descartó que el camino hacia la Comisión Interamericana de Derechos Humanos sea una vía posible para dirimir la cuestión. Incluso se animó a vaticinar: “No visualizo una prisión de largo plazo para Cristina porque es tan conflictiva la prisión domiciliaria, entonces llega un momento que no la pueden mantener”.
Con esa defensa como antecedente, la reunión en San José 1111 adquiere una dimensión superlativa. El peronismo, golpeado y fragmentado, observa con atención. La visita de Pichetto no fue una simple cortesía entre conocidos; fue la confirmación de que, frente a la adversidad del ajuste, el viejo arte de la política exige dejar los rencores en la puerta y construir una nueva mayoría. El interrogante que sobrevuela es si esta tregua de alto voltaje logrará soldar las grietas internas o si quedará en apenas un gesto testimonial en medio de la tormenta.
