Israel intensifica su ofensiva regional mientras Irán golpea instalaciones petroleras en el Golfo

Israel intensifica su ofensiva regional mientras Irán golpea instalaciones petroleras en el Golfo

Las fuerzas israelíes profundizan sus operaciones en territorio libanés y persa en una nueva etapa del conflicto, en simultáneo con ataques iraníes contra objetivos estratégicos en Azerbaiyán, Baréin y Kuwait que encienden la mecha de una conflagración de impredecibles consecuencias

En una jornada signada por la multiplicación de frentes de combate, el ejército israelí ha decidido llevar su ofensiva contra Irán y la milicia chiíta Hezbolá a un nivel de intensidad sin precedentes, anunciando el inicio de una nueva fase operativa que promete redoblar la presión sobre sus adversarios regionales. La decisión fue comunicada por el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas israelíes, Eyal Zamir, quien en un mensaje audiovisual dirigido a la ciudadanía advirtió que las acciones militares se concentrarán ahora en el desmantelamiento sistemático de las estructuras bélicas enemigas. «Tras completar la fase de ataque sorpresa, en la que establecimos la superioridad aérea y suprimimos el arsenal de misiles balísticos, pasamos a la siguiente etapa de la operación. En esta fase, continuaremos desarticulando el régimen y sus capacidades militares», declaró el alto mando, sugiriendo además que existen «sorpresas adicionales» cuya naturaleza prefirió mantener en reserva.

El despliegue castrense hebreo ha alcanzado en las últimas horas alrededor de dos centenares de blancos en territorio persa, según confirmaron fuentes oficiales, incluyendo instalaciones vinculadas al aparato de poder iraní y plataformas de lanzamiento de proyectiles, con particular concentración en el sector occidental del país. Paralelamente, la capital libanesa y sus alrededores experimentaron una jornada de caos vehicular sin precedentes, con columnas de automóviles que se extendieron por varios kilómetros tras la emisión de una orden de evacuación masiva que afecta a barrios enteros de los suburbios beirutíes. La aviación israelí habría golpeado más de trescientos objetivos presuntamente pertenecientes a la organización chiíta, ochenta de ellos concretados en el transcurso de un solo día, según detalló el portavoz militar Effie Defrin ante los medios.

Entre las bajas confirmadas por el bando israelí se encuentra un comandante de Hezbolá identificado como Zaid Ali Jumaa, a quien señalan como responsable de coordinar la artillería en la región sur del Líbano. «Ayer miércoles, la Fuerza Aérea Israelí, con la guía de la inteligencia de las Fuerzas de Defensa de Israel, atacó y eliminó en la zona de Beirut a Zaid Ali Jumaa, responsable de la gestión de fuego de Hezbolá y jefe de artillería en el sur del Líbano», indica un comunicado castrense difundido para justificar la operación selectiva.

El costo humano de esta escalada en territorio cedro comienza a dimensionarse con crudeza. Los reportes del Centro de Operaciones de Emergencia libanés dan cuenta de más de un centenar de víctimas fatales y cerca de seiscientos cuarenta heridos, mientras que las cifras gubernamentales estiman que alrededor de ochenta y cuatro mil personas han debido abandonar sus hogares para buscar refugio en zonas más seguras. La espiral de violencia tuvo su detonante inmediato en la respuesta del grupo chiíta a los bombardeos del sábado contra Irán, materializada en un ataque contra el norte del territorio adversario durante la madrugada del domingo al lunes. Esta sucesión de acontecimientos no solo profundiza la grieta en una región ya fracturada, sino que representa la ruptura más significativa del armisticio negociado quince meses atrás, un acuerdo que durante todo ese tiempo había sido sistemáticamente vulnerado por incursiones israelíes de baja intensidad contra supuestos objetivos de Hezbolá.

Mientras el frente libanés arde, la República Islámica de Irán ha desplegado su propio poder de fuego en múltiples direcciones, generando alarma en los países del Golfo y el Cáucaso. Azerbaiyán fue el primero en reaccionar ante lo que su liderazgo calificó como un acto de agresión terrorista perpetrado mediante aeronaves no tripuladas. El presidente Ilham Aliyev convocó de urgencia al Consejo de Seguridad nacional y ordenó poner en máxima alerta a todas las estructuras defensivas del país, incluyendo el Ministerio de Defensa, el Servicio Estatal de Fronteras y las unidades de fuerzas especiales. La decisión respondió a un incidente que dejó cuatro personas lesionadas y cuya autoría Teherán se apresuró a desmentir, aunque sin lograr aplacar la indignación del mandatario azerbaiyano, quien exigió responsabilidades penales y una disculpa formal por parte de las autoridades iraníes. «Las personas deshonestas que cometieron ese acto terrorista lo lamentarán. Que no pongan a prueba nuestra fuerza», advirtió Aliyev en tono desafiante.

La respuesta desde Teherán no se hizo esperar, aunque orientada en una dirección diferente. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Iraní reivindicó la autoría de un ataque contra un buque tanque estadounidense en aguas septentrionales del Golfo Pérsico, asegurando que la embarcación fue alcanzada durante la madrugada por efectivos navales de la fuerza de élite y envuelta en llamas. Esta acción se suma a la interceptación de otra nave, identificada como «Athens Nova», a la que calificaron de aliada de Washington y que también ardió tras ser impactada por dos drones.

Las aguas del Golfo fueron testigos además de una potente detonación frente a las costas meridionales de Kuwait, según reportó la agencia británica de Operaciones Comerciales Marítimas, en lo que constituye el episodio más reciente de una cadena de incidentes que mantiene en vilo a la comunidad naviera internacional. Las instalaciones petroleras de la región tampoco escaparon a la furia de los proyectiles iraníes. Un misil impactó directamente en la refinería operada por BAPCO Energies, la compañía estatal de Baréin, provocando un incendio de considerables proporciones que afortunadamente pudo ser controlado antes de extenderse a otras áreas del complejo, considerado uno de los más antiguos y extensos de todo el Golfo Pérsico. Imágenes difundidas a través de redes sociales captaron el momento exacto de la explosión, mostrando una gigantesca esfera de fuego seguida de una columna de humo que se elevó sobre las instalaciones.

Este ataque contra infraestructura energética bareiní no constituye un hecho aislado, sino que se inscribe en una estrategia más amplia que ya había afectado previamente a instalaciones similares en Qatar y Arabia Saudita, naciones que comparten proximidad geográfica con el pequeño estado insular. La reiteración de estos bombardeos sobre objetivos petroleros sugiere una deliberada intención de desestabilizar la producción y el comercio de hidrocarburos en una de las zonas más estratégicas del planeta, tensando aún más las cuerdas de un conflicto que amenaza con desbordar todos los límites conocidos.

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