El astro argentino encabezó la delegación del Inter Miami en la tradicional visita del campeón de la MLS al mandatario estadounidense. El encuentro, orquestado por el poderoso empresario Jorge Mas, se dio en un contexto de máximas tensiones internacionales y mientras la figura del ’10’ vuelve a ser moneda de cambio en el viejo debate sobre el trono del fútbol mundial.
Washington D.C. fue testigo este jueves de una postal que trasciende lo meramente deportivo para adentrarse de lleno en el tablero político y mediático. El capitán de la Selección Argentina, Lionel Messi, lideró la comitiva del Inter Miami en una reunión con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, celebrada en el histórico edificio de la Casa Blanca. La imagen del rosarino, flanqueado por sus compañeros y el mandatario republicano, dio la vuelta al mundo en cuestión de segundos, aunque el contexto que rodeó la audiencia distó de ser una simple ceremonia protocolar.
La visita se enmarca en una arraigada tradición norteamericana que consiste en recibir en la residencia presidencial a los conjuntos consagrados en las principales ligas del país. Tras conquistar la última temporada de la Major League Soccer (MLS), el conjunto de Florida cumplió con el rito, aunque en esta ocasión la ceremonia se vio atravesada por declaraciones de alto voltaje por parte del inquilino de la Casa Blanca. En un tono descontracturado, Trump se permitió hacer un paréntesis en la agenda deportiva para referirse a la geopolítica: «Nuestras fuerzas armadas han desmantelado por completo la capacidad de misiles de Irán. Su flota naval desapareció en tan solo tres días», aseguró entre risas, para luego justificar la ofensiva: «No nos quedó alternativa. Si no atacábamos nosotros, ellos lo habrían hecho». Sin abandonar la retórica beligerante, el mandatario agregó: «Estoy recurriendo a las Fuerzas Armadas más de lo que desearía, pero cuando lo hacemos, los resultados son contundentes. Miren lo que ocurrió en Venezuela».
La incertidumbre sobre la participación del astro había mantenido en vilo a la prensa internacional hasta última hora del miércoles. La agenda oficial divulgada por la Casa Blanca confirmaba el encuentro con una escueta mención: «Inter Miami», a las 16:00 hora local (18:00 en Argentina). Sin embargo, los rumores sobre si el ’10’ se haría presente o si la reunión se limitaría a los directivos, con David Beckham como estandarte, corrieron como pólvora. Finalmente, la presencia de Messi despejó todas las dudas, permitiéndole además cumplir un pendiente personal. El capitán albiceleste había sido convocado en enero por el expresidente Joe Biden para recibir la Medalla Presidencial de la Libertad, la máxima condecoración civil del país, pero un conflicto de fechas le impidió asistir.
La logística del viaje, sin embargo, responde también a una necesidad deportiva. El Inter Miami disputará este sábado la tercera jornada de la MLS frente al DC United, un encuentro que por cuestiones de agenda se llevará a cabo en Baltimore, urbe muy próxima a Washington. Esta cercanía geográfica facilitó la cumbre y permitió que el plantel llegara completo a la cita.
El poder tras bambalinas: Jorge Mas, el artífice de la cumbre
Detrás de esta inusual fotografía se encuentra una figura cuyo poder va mucho más allá de los contratos y los goles. Jorge Mas Santos, propietario y máximo accionista del Inter Miami, no solo es el hombre que logró traer a Messi a la MLS, sino también el principal operador político que hizo posible este acercamiento. Su influencia, profundamente enraizada en la comunidad cubana del exilio en Florida, lo sitúa como un actor clave en el entramado de relaciones entre el deporte y la política dura. Durante la recepción, Mas fue reconocido por Trump, quien no dudó en halagar al empresario antes de lanzar una pregunta al ruedo que reavivó la eterna disputa: «Jorge, dinos la verdad: ¿quién es más grande, Messi o Pelé?».
La visita transcurrió en un clima de marcado contraste. Mientras las cámaras captaban la sonrisa del astro argentino junto al mandatario, afuera resonaban las recientes protestas por las políticas migratorias y el eco de un ataque coordinado con Israel sobre territorio iraní. La imagen de Messi en la Casa Blanca contrastó también con la postura de otros equipos campeones, como los Seattle Seahawks de la NFL, que semanas atrás rechazaron la invitación presidencial en señal de disconformidad.
De esta manera, Lionel Messi, quien ha construido su carrera esquivando polémicas, se encontró sin buscarlo en el ojo del huracán político y mediático, acompañado por un grupo de jugadores que, liderados por su capitán, se convirtieron en protagonistas de una jornada que quedará grabada tanto en los anales del fútbol como en los de la compleja realidad estadounidense.
