Trump quiere imponer su sello en la sucesión iraní y desata controversia internacional

Trump quiere imponer su sello en la sucesión iraní y desata controversia internacional

El mandatario estadounidense asegura que el heredero natural del ayatolá Jamenei es «inaceptable» y reclama participar en la designación del nuevo líder supremo, en una jugada que replica la estrategia aplicada en Venezuela tras la captura de Maduro. Especialistas advierten sobre las profundas diferencias entre ambos países y el creciente costo de una guerra sin objetivos claros.

Envalentonado por lo que considera un éxito de su intervención en el tablero venezolano, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ahora dirige su mirada hacia Teherán con una pretensión sin precedentes: influir directamente en la elección del próximo líder supremo de Irán. En declaraciones formuladas al medio digital Axios, el mandatario republicano calificó como «inaceptable» la posible designación de Mojtaba Jamenei, vástago del recientemente fallecido ayatolá Alí Jamenei, para ocupar el máximo cargo de la nación persa.

La postura presidencial introduce una tensión evidente con el discurso oficial que la Casa Blanca había sostenido en las últimas jornadas, donde funcionarios de la administración negaban que la ofensiva militar desatada contra el país persa tuviera como motivación medular un recambio en la cúpula de poder, enfatizando en cambio el objetivo de neutralizar las ambiciones nucleares de la república islámica. Ahora, las palabras del jefe de Estado exponen una agenda que trasciende ampliamente la cuestión bélica para adentrarse en la ingeniería política interna de una nación con la que Washington mantiene décadas de hostilidades.

El sociólogo y especialista en relaciones internacionales Gabriel Puricelli analizó para este medio que las expresiones de Trump constituyen más una manifestación de anhelos que una posibilidad concreta, subrayando que las realidades de Irán y Venezuela resultan inconmensurables. «No existen reportes serios que indiquen que Estados Unidos haya logrado tejer vínculos entre los clérigos que integran la Asamblea de Expertos, el único cuerpo habilitado para designar al líder supremo, como para ejercer algún tipo de incidencia», explicó Puricelli. «El valor de esta declaración reside únicamente en sugerir qué pudo haber ocurrido entre bambalinas antes de que los hermanos Rodríguez fueran encumbrados en Caracas», agregó el analista.

Trump sostiene que la orden de atacar Irán respondió a la necesidad de eliminar una amenaza para la seguridad estadounidense, aunque los contornos de su estrategia para concluir el conflicto permanecen difusos. Inicialmente, argumentó que buscaba poner coto a un programa atómico que, paradójicamente, su propia administración había declarado «destruido por completo» en junio de 2025. Tras anunciar la muerte del ayatolá Jamenei durante los primeros bombardeos del sábado, instó al pueblo iraní a levantarse contra sus gobernantes. Sin embargo, posteriormente matizó su posición al afirmar que la guerra declarada junto a Israel no perseguía un cambio de régimen, generando una confusión que sus críticos señalan como muestra de una política exterior errática.

«El hijo de Jamenei es insignificante»

En la entrevista concedida a Axios, Trump reconoció que Mojtaba Jamenei aparece como el sucesor con mayores probabilidades, aunque descalificó esa posibilidad con dureza. «Están perdiendo el tiempo. El hijo de Jamenei es insignificante. Debo participar en el nombramiento, como sucedió con Delcy en Venezuela», afirmó el mandatario, estableciendo un paralelo directo con la situación vivida en el país sudamericano. Tras la operación militar que en enero culminó con la captura de Nicolás Maduro, Trump apostó por la entonces vicepresidenta Delcy Rodríguez para pilotar la transición en la nación caribeña, elogiando en múltiples ocasiones su desempeño al frente del gobierno interino.

«El hijo de Jamenei me parece inaceptable. Queremos a alguien que traiga armonía y paz a Irán», prosiguió el magnate republicano, quien aseguró contar con «tres muy buenas opciones» para liderar el país persa, aunque prefirió mantener sus nombres en reserva. «No los revelaré ahora. Primero terminemos el trabajo», expresó Trump, quien además confió en que las fuerzas de élite iraníes, incluida la Guardia Revolucionaria, entreguen las armas a la población para facilitar un derrocamiento del gobierno que, según su visión, seguiría una dinámica diferente a la experimentada en Venezuela.

La Constitución iraní establece un mecanismo muy distinto al que parece imaginar el mandatario estadounidense. El líder supremo debe ser designado por mayoría simple en el seno de la Asamblea de Expertos, un cuerpo conformado por 88 clérigos que son elegidos en las urnas cada cuatro años y que, en su inmensa mayoría, profesan una férrea oposición a Estados Unidos. Esta estructura teocrática presenta un desafío mayúsculo para cualquier intento de injerencia externa, algo que los asesores de Trump ya le habrían advertido según reveló el diario The New York Times.

Advertencias ignoradas y costos crecientes

La publicación estadounidense detalló que los colaboradores del presidente le habrían alertado sobre las profundas diferencias culturales, históricas y políticas entre Venezuela e Irán, lo que tornaría inviable replicar la estrategia utilizada en Caracas. Pese a estas advertencias, el republicano insistió en su idea de aplicar el modelo que solo tras la captura de Maduro permitió restablecer vínculos entre ambas naciones. La vocera de la Casa Blanca informó el miércoles que el mandatario también está «considerando» que Estados Unidos mantenga un rol en Irán una vez que concluya el conflicto en Medio Oriente.

El congresista demócrata Jason Crow, veterano de las guerras de Irak y Afganistán, expresó su profunda preocupación por el rumbo que está tomando la administración. «Después de billones de dólares, miles de vidas estadounidenses, décadas de conflicto interminable, toda mi vida adulta, un cuarto de siglo de guerra estadounidense, aquí vamos de nuevo», declaró Crow al diario neoyorquino, trazando un sombrío paralelo con los conflictos que él mismo vivió en primera línea.

Jon Hoffman, investigador en defensa y política exterior del Cato Institute, ofreció una clave para interpretar la conducta presidencial. «Trump es una persona que prefiere los bajos costos y las victorias ostentosas», señaló. «Todo lo que escucho de la gente de la administración y de su entorno es que, después de Maduro, estaba en plena ebullición. Se sentía intocable. Pero esto es fundamentalmente diferente. Los costos ya se están acumulando», advirtió Hoffman, mencionando los seis militares estadounidenses caídos en la guerra contra Irán y el impacto económico del aumento en los precios de los hidrocarburos.

Una «furia épica» sin horizonte definido

La denominada «Operación Furia Épica» fue presentada por Trump y sus principales asesores con cuatro objetivos declarados, todos ellos de naturaleza castrense: destruir la marina y las capacidades militares de Irán, poner fin al respaldo del régimen clerical a los grupos militantes regionales e impedir que el país desarrolle un artefacto nuclear. Sin embargo, la claridad de estos propósitos contrasta con la ambigüedad que rodea al plan para concluir las hostilidades.

Puricelli destacó que los objetivos estadounidenses aparecen subordinados a los intereses israelíes, algo que el propio secretario de Estado Marco Rubio habría admitido sin ambages. «Es difícil discernir los objetivos específicos de Estados Unidos», reflexionó el internacionalista. «Israel no cree que el programa nuclear iraní haya sido destruido y quiere asegurarse en terreno de su eliminación. Es también Netanyahu quien aboga por el derrocamiento de los ayatolás, sin mayor preocupación por la viabilidad y estabilidad del gobierno que pudiera reemplazarlos», completó.

La posibilidad de desplegar tropas terrestres en Irán representa un escenario que implicaría un marcado distanciamiento de la retórica presidencial favorable a campañas militares expeditivas. Una encuesta reciente de la agencia Reuters reveló que apenas una cuarta parte de la población estadounidense respalda la guerra, datos que Puricelli interpreta como un factor de peso en el tablero político interno. «La amenaza de enviar soldados es solo una forma de ejercer presión. La guerra ya era impopular cuando era solo una idea. Fotos de aviones militares descargando bolsas para cadáveres en la Base Andrews es lo último que necesitan los republicanos en plena campaña para las elecciones de medio término», advirtió el sociólogo.

Mientras el Congreso rechazaba este jueves una resolución para frenar la intervención militar, los bombardeos israelíes continuaban sobre Teherán, las represalias iraníes se multiplicaban en diversos países y el pánico se apoderaba del Líbano ante una orden de evacuación sin precedentes en un bastión de Hezbolá al sur de Beirut. Con las declaraciones de Trump y la creciente implicación de otros actores regionales, el horizonte de paz parece alejarse inexorablemente, mientras la «furia épica» desatada en Medio Oriente amenaza con consumir cualquier cálculo estratégico inicial.

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