El regreso del súbdito: Milei aplaude en Miami la nueva cruzada militar de Trump y se pliega a la doctrina del «América para los americanos»

El regreso del súbdito: Milei aplaude en Miami la nueva cruzada militar de Trump y se pliega a la doctrina del «América para los americanos»

En su decimosexta visita a Estados Unidos, el mandatario argentino participó de la cumbre «Escudo de las Américas» donde avaló sin reparos la propuesta republicana de militarizar la lucha contra el narcotráfico, desoyendo la legislación nacional. Mientras festejaba la escalada belicista contra Irán y las amenazas a Cuba, el presidente argentino recibió una nueva dosis de recordatorio por parte del magnate neoyorquino sobre a quién le debe su triunfo electoral. La ausencia de los líderes de Brasil, México, Colombia y Uruguay marcó la fractura regional.

El escenario no pudo ser más simbólico: el lujoso club de golf de Donald Trump en El Doral, Florida, fue el templo donde Javier Milei volvió a rendir pleitesía al líder del partido republicano. En lo que constituye su decimosexto periplo al norte del continente, el presidente argentino participó con un entusiasmo desbordante de la cumbre denominada «Shield of the Americas Summit» (Escudo de las Américas), un cónclave que reunió a una docena de mandatarios latinoamericanos de derecha y centro-derecha, todos alineados con la nueva estrategia geopolítica de la Casa Blanca.

Lejos de cualquier atisbo de autonomía, la figura del libertario se vio una vez más opacada por la sombra del magnate, a quien acompañó en calidad de fiel escudero. El evento sirvió de plataforma para que Trump lanzara su propuesta de forjar «una nueva coalición militar» en la región, un plan que busca involucrar a las fuerzas armadas de cada país en tareas de combate al narcotráfico, el crimen organizado y la inmigración irregular. «La única forma de derrotar a estos enemigos es desatando el poder de nuestros ejércitos», sentenció el anfitrión desde el podio, mientras Milei y sus pares lo ovacionaban. «Nosotros tenemos que usar nuestro ejército. Ustedes tienen que usar el suyo», arengó.

La adhesión argentina a esta proclama abre un profundo interrogante jurídico e institucional. La legislación vernácula es tajante al respecto: la Ley 23.554 delega en las Fuerzas Armadas la misión de «enfrentar las agresiones de origen externo», mientras que la Ley 24.059 de Seguridad Interior reserva el combate contra el narcotráfico a las fuerzas policiales y de seguridad, bajo la órbita del Ministerio de Seguridad. Sin embargo, la diplomacia ejecutiva encabezada por Milei parece pasar por alto estas restricciones, sumergiendo al país en una estrategia que desdibuja el rol de las fuerzas castrenses y se interna en un peligroso terreno de militarización del orden interno. La misma lógica se replicó apenas 48 horas antes, cuando el ministro de Defensa argentino, Carlos Presti, firmó en otra cumbre militar en Miami una declaración conjunta sobre seguridad, a pesar de que la materia no es de su competencia legal.

La cumbre, sin embargo, no fue solo un foro de políticas públicas. Fue, ante todo, una ceremonia de vasallaje donde Trump no perdió ocasión de recordarle a su par argentino la naturaleza de su vínculo. Al iniciar la presentación de los líderes presentes, el republicano miró directamente a Milei y evocó el apoyo brindado en las elecciones legislativas de medio término. «A muchos de ellos los apoyo, y aceptaron ese apoyo y finalmente obtuvieron una gran victoria», declaró, para luego añadir con sorna que Milei «perdía un par de puntos y subió como un cohete». La anécdota, que el presidente argentino recibió con una sonrisa complaciente, rememora el oscuro swap financiero que, según se interpreta en el entorno libertario, salvó al oficialismo de una derrota segura. Una mención que funciona como recordatorio de una supuesta deuda impaga y que se repite en cada encuentro bilateral, cimentando una relación de subordinación. Como corolario de esta dinámica, Milei volvió a reunirse con el secretario del Tesoro, Scott Bessent, el ejecutor de aquel salvataje.

La escena estuvo teñida además por el desprecio apenas velado del magnate. En un supuesto tono de broma, Trump se dirigió a sus aliados hispanos para confesarles que nunca aprenderá su «maldito idioma» (el español) porque no tiene tiempo para eso. «Me va bien con los idiomas, pero no voy a gastar tiempo aprendiendo su idioma», espetó con arrogancia desde el estrado.

La nueva coalición, que quedó formalizada en una proclamación firmada por los mandatarios presentes, implica un giro copernicano en la política de seguridad hemisférica. La portavoz del Departamento de Estado, Natalia Molano, lo resumió con crudeza: «Esta administración ha reestablecido la preeminencia de Estados Unidos en la región». En otras palabras, se trata de una reedición moderna de la Doctrina Monroe bajo el lema «América para los americanos», pero con un talante más intervencionista. Un esquema que desplaza los ámbitos multilaterales tradicionales, como la OEA, y avanza con un selecto grupo de países afines, dejando deliberadamente fuera a las potencias regionales que no comulgan con la visión republicana. La nómina de ausentes resultó tan elocuente como la de los presentes: no participaron Luiz Inácio Lula da Silva de Brasil, Claudia Sheinbaum de México, Gustavo Petro de Colombia ni el mandatario de Uruguay, consolidando una fractura ideológica en la región.

El contexto en el que se desarrolla esta cumbre es, cuanto menos, alarmante. El encuentro de Miami ocurre en plena escalada bélica de la administración Trump contra Irán, con una feroz presión sobre Cuba y tras el jactancioso relato del magnate sobre la captura de Nicolás Maduro, un operativo que, según presumió, se resolvió en «18 minutos de pura violencia». En su alocución, Trump apuntó directamente contra Irán, Venezuela, Cuba y México. Sobre el país insular sentenció que «están al final del camino. No tienen dinero, no tienen petróleo». Y cargó contra el gobierno mexicano al asegurar que «el epicentro de los cárteles es México» y que su administración hará «lo que haga falta» para combatirlos, ante la supuesta falta de «dureza» de la presidenta Sheinbaum.

La reacción desde México no se hizo esperar. El Consejo Nacional de Morena, a través del diputado Arturo Vila, rechazó enfáticamente las acusaciones. «Nos parece que es muy claro que, si hay un gobierno que ha luchado de forma directa, de forma contundente contra el crimen organizado y contra los cárteles, es el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo», expresó Vila, defendiendo la soberanía de su país frente a las injerencias foráneas.

En este tablero geopolítico de fuego cruzado, amenazas y nuevas alianzas militares, la figura de Javier Milei emerge como la de un aliado incondicional que, una vez más, arrodilló la política exterior argentina ante los designios del poderoso de turno. El aplauso a la Doctrina Donroe -como algunos bautizan a la nueva versión de la histórica doctrina- no solo implica un alineamiento automático, sino el abandono de cualquier pretensión de política de Estado autónoma en favor de una sumisión que, a juzgar por el tono de Trump, ni siquiera es valorada como un gesto entre iguales, sino como la obediencia debida de un súbdito.

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