Mientras la oposición judicializa los polémicos traslados del vocero y su cónyuge en aeronaves del Estado, Javier Milei y su hermana Karina encabezaron una movilización digital para contener la crisis. Sin embargo, detrás de la fachada de unidad, las grietas internas entre Santiago Caputo y Patricia Bullrich amenazan con dinamitar la frágil cohesión del oficialismo.
En una demostración de fuerza que buscó sepultar las crecientes acusaciones bajo un alud de mensajes de respaldo, el Presidente Javier Milei rompió el silencio para defender a uno de sus hombres más visibles. «Ánimo Manuel», posteó el mandatario en su cuenta de X, argumentando que el traslado de Bettina Angeletti, esposa del jefe de Gabinete, en el avión presidencial representó apenas un «costo marginal» para las arcas del Estado. Lo que siguió fue una coreografía digital perfectamente orquestada: la mayoría del gabinete replicó el gesto, convirtiendo al vocero en una supuesta víctima de la prensa y la oposición.
Sin embargo, en el interior de la Casa Rosada, el silencio sobre el fondo del asunto retumbó con la fuerza de un trueno. Ninguna de las adhesiones mencionó los contratos polémicos firmados por Adorni, ni los lujos privados disfrutados con recursos públicos que ahora salpican su gestión. La estrategia oficial pareció regirse por un axioma inquietante: si no se nombra lo que ocurre, quizás la realidad termine por esfumarse.
Mientras el jefe de ministros utilizaba sus redes para agradecer «el apoyo incondicional del gabinete nacional y del Presidente», optó por enfocarse en una nimiedad semántica —su error al pronunciar la palabra «deslomando» durante una visita a Nueva York—, eludiendo por completo cualquier referencia a los documentos, los desembolsos en moneda extranjera y los pagos que comienzan a salir a la luz. Su relato contrastó con la crudeza de los hechos: el uso de una aeronave oficial para fines personales y un viaje a Punta del Este en avión privado durante el último feriado de Carnaval, maniobras que ya motivaron una denuncia penal por parte de diputados opositores, un pedido de interpelación y múltiples solicitudes de acceso a la información pública.
El primer mandatario, quien construyó su discurso sobre la promesa de exterminar a la «casta» —definida por él mismo como aquellos que «empobrecen a Argentina para mantener sus privilegios»—, intentó justificar lo injustificable con un tecnicismo económico. «Si supieran el concepto de costo marginal tendrían claro que muchas cosas que se dicen no tienen ni el más mínimo sentido», escribió, desestimando las críticas como producto de la ignorancia o la mala fe.
Pero la postal de unidad que el oficialismo intentó vender en el plano virtual no logró ocultar las convulsiones internas que sacuden al gobierno libertario. En las últimas horas, el runrún en los pasillos se intensificó y comenzó a tejerse una teoría incómoda: la filtración que dejó expuesto a Adorni podría no haber sido un accidente, sino un misil disparado desde el propio campo amigo.
La interna que no cesa
Dentro del ecosistema oficial, varios actores observarían con satisfacción el traspié del vocero presidencial. Las sospechas apuntan, en primer lugar, al asesor Santiago Caputo, cuyo pulso con Karina Milei por el control de espacios de poder se ha vuelto cada vez más explícito. La pulseada reciente dejó heridas abiertas: la secretaria general le ganó la partida al estratega al imponer a Juan Bautista Mahiques al frente del Ministerio de Justicia, desplazando al mismo tiempo a Sebastián Amerio, un colaborador de confianza del círculo caputista. En este tablero de disputas, cualquier movimiento que debilite al ala commandada por Karina —de la cual Adorni responde directamente— resulta funcional a los intereses del otro bando.
En el otro extremo del ring asoma la figura de Patricia Bullrich. La ministra de Seguridad, que al igual que Adorni coquetea con la idea de liderar el gobierno porteño en 2027, fue una de las pocas voces del gabinete que se limitó a replicar los mensajes de los hermanos Milei sin agregar una palabra de apoyo propia. Su silencio relativo no pasó inadvertido, máxime cuando desde el entorno de Karina crece la desconfianza hacia la ex candidata presidencial, a quien ven como una competidora directa en la carrera por la Ciudad. De hecho, esa misma desconfianza habría motivado recientemente el bloqueo de la designación de Diego Valenzuela al frente de la Agencia Nacional de Migraciones, un gesto que evidencia la puja latente.
Las miradas también se posan sobre la propia estructura de la cartera de Seguridad. Algunas voces en Balcarce 50 sugieren que el video que muestra a Adorni en la pista del Aeropuerto de San Fernando pudo haber sido filtrado desde el interior de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA), un organismo que responde a la viceministra Alejandra Monteoliva, segunda de Bullrich. Si la hipótesis fuera cierta, el daño al vocero no sería más que un efecto colateral de una guerra intestina mucho más profunda.
Respaldo con matices y el regreso del «fuego aliado»
Conscientes de que la versión de una operación interna comenzaba a ganar terreno, los leales a Caputo salieron rápidamente a cerrar filas. El diputado bonaerense Agustín Romo fue tajante: «El que diga que Santiago Caputo opera contra el gobierno, ese es el traidor», sentenció en la red social, en un mensaje que fue replicado por la tropa de trolls asociados al asesor. El propio Caputo, en un intento por despejar dudas, también dedicó unas líneas a Adorni, aunque su respaldo sonó más a un manual de instrucciones que a un gesto espontáneo: «No es gratis ser el gobierno que está terminando con cien años de un modelo empobrecedor que destruyó nuestro país para beneficio de los políticos, los empresaurios y sus amigos de los medios», declaró.
Mientras tanto, la primera línea del gobierno se volcó a las redes en una procesión de solidaridades calculadas. Sandra Pettovello, ministra de Capital Humano y con causas judiciales en curso, optó por una selfi junto al afectado con un escueto «siempre juntos». El ministro de Economía, Luis Caputo, replicó el mensaje de su colega, mientras que Martín Menem y Diego Santilli prefirieron desviar la artillería hacia la oposición, acusándola de orquestar «burdos ataques mediáticos». El ministro del Interior, por su parte, vio la mano del kirchnerismo detrás del escándalo, en un intento por politizar la crisis.
En el entorno del jefe de Gabinete aseguran que «obvio que sigue firme», blindado por la confianza de la cúpula. Mientras parte de la comitiva que acompañó a Milei a Nueva York continúa su periplo en la gran manzana —y se espera que muchos regresen el sábado, incluido Adorni—, el Presidente y su hermana ya pisaron suelo europeo, dejando atrás, al menos por unas horas, el polvorín encendido. Pero en Buenos Aires, el olor a pólvora persiste: la pregunta que sobrevuela los despachos oficiales ya no es si Adorni caerá, sino quién empuñó realmente el arma.
