La cronología de las visitas de un empresario a la Casa de Gobierno coincide con anotaciones clave y mensajes reveladores de un grupo vinculado a un banco extranjero. Los diálogos apuntan a una negociación que incluyó desde una criptomoneda libertaria hasta un negocio de merchandising con guaridas fiscales en Uruguay.
Las paredes de la Casa Rosada guardan secretos que, a veces, se filtran en la agenda de un celular. Una investigación periodística logró establecer una correlación casi perfecta entre los ingresos a la sede gubernamental de un conocido empresario y las conversaciones que este mantenía de manera paralela con un grupo de financistas extranjeros. Se trata de citas que tuvieron lugar en fechas clave y que, según los registros, estuvieron directamente vinculadas a proyectos destinados a capitalizar políticamente la figura del presidente Javier Milei y su hermana, la secretaria General de la Presidencia, Karina Milei.
El primer hito de esta historia tuvo lugar el 5 de abril. Esa jornada, el empresario en cuestión logró acceder a la sede del Ejecutivo. El dato cobra relevancia al contrastarlo con sus propias anotaciones personales. Tan solo tres días antes, le había encomendado a su secretaria que preparara «los 4000 de lo que hay que darle, viste, a Karina». Una frase ambigua pero que, en el contexto de los hechos posteriores, resuena con una potencia inusitada. La segunda visita, fechada el 1 de noviembre, resulta aún más reveladora: se produjo el mismo día en que el empresario asentó en la memoria de su teléfono un críptico pero elocuente recordatorio: «Pago Javier kari».
Todo indica que las propuestas presentadas en esos cónclaves tuvieron una acogida favorable por parte de la hermana del mandatario. La prueba más fehaciente es la dinámica que adoptaron los interlocutores en los días subsiguientes a la última reunión. Los compases siguientes estuvieron marcados por una frenética actividad y un avance concreto en los planes. El análisis de la cronología y de los documentos internos del grupo sugiere que el primer encuentro sirvió para poner en marcha la maquinaria y comenzar a trabajar de la mano del entorno presidencial. En la segunda cita, ya con la presencia de Karina Milei, se habrían presentado formalmente las iniciativas, obteniendo el visto bueno para seguir adelante.
La trama se espesa al analizar el contenido de un grupo de WhatsApp que el empresario mantenía con sus socios de una entidad bancaria helvética. Bautizado «Proj. Argentina», el chat se convirtió en el cuartel general de la operación. El 10 de noviembre, apenas nueve días después del último cara a cara en la Rosada, uno de los miembros clave del grupo, identificado como Gregor Beck, enviaba un mensaje que no dejaba lugar a dudas sobre la hoja de ruta: «Estimados, les mando dos documentos para ordenarnos un poco… Para mi el tema más importante es avanzar con la moneda. Se nos corre el tiempo!!!».
En su afán por dar celeridad al proyecto, Beck adjuntaba un memorando, uno de los tantos documentos que luego serían hallados. En él, planteaba la necesidad de que el propio Javier Milei estampara su firma en un memorándum de entendimiento, conocido en la jerga financiera por sus siglas en inglés, MOU. «Para ser eficientes, deberíamos firmar el MOU como próximo paso y después entrar con más detalle al diseño», insistía el financista, marcando la urgencia de formalizar el compromiso político.
Ese mismo 10 de noviembre, el empresario dueño del celular peritado envió un audio a sus socios en el que reconocía la existencia de resistencias dentro del círculo íntimo del presidente, aunque aseguraba que «J» (en clara alusión a Javier Milei) estaba de acuerdo con el plan. «Él quiere pero se lo tienen que habilitar», explicaba Novelli, dando a entender que la decisión final no dependía únicamente del mandatario. Lejos de ser una bravuconada, el empresario no mentía. Esa misma noche, el 10 de noviembre, se lo pudo ver participando de los tradicionales domingos en la quinta de Olivos, compartiendo una velada con amigos del presidente, entre los que se contaban figuras como Diego Spagnuolo, Claudio Zuchovichi, Demian Reidel, Miguel Boggiano y el asesor económico Juan Carlos De Pablo.
En medio de la pulseada por el lanzamiento de una moneda digital, surgió una voz que proponía un plan alternativo. Un contacto agendado como «Ivan Fondo Suizo», que las fuentes identifican como Iván Canales Vandewijngaerden, planteaba: «Empujemos moneda y si no tenemos Merchandising». Su estrategia era clara: «Empujemos MOU y vamos por lo que tenga menos obstáculos. Merchandising va a tener buenos márgenes y volumen». La propuesta comercial era ambiciosa e incluía una amplia gama de productos de marketing político, desde remeras y gorras hasta artículos más simbólicos como motosierras, pasando por mochilas, pilotos, anteojos, valijas, billeteras y lapiceras, e incluso se mencionaba la posibilidad de incursionar en bebidas.
La pregunta sobre la estructura legal para semejante negocio no se hizo esperar. «Y bajo qué empresa iría», consultó Novelli. La respuesta de Iván fue un compendio de ingeniería fiscal: «Tenemos estructuras. El contrato entre JM y nosotros será con Multimel. Es Jurisdicción URU. Bajo en tax». La mención a una empresa radicada en Uruguay («URU») para operar con una baja carga impositiva («bajo en tax») dibujaba un esquema de triangulación internacional que alejaba el negocio de la órbita local.
Sin embargo, los vientos cambiaron. La iniciativa quedó repentinamente en suspenso. «Como sabemos el proyecto queda stand by x ahora», comunicó Gregor Beck el 16 de noviembre, añadiendo con una promesa de futuro: «En Febrero retomamos». La fecha no es menor, ya que febrero fue el mes en que estalló el escándalo en torno a la criptomoneda $LIBRA, un antecedente que siembra interrogantes sobre el destino de este otro proyecto.
La frustración por la oportunidad perdida se hizo evidente en las palabras de Iván días después. «Ahora bien con la revolución que generó Javier en EEUU con Trump y Musk hubiéramos vendido cientos de monedas», se lamentaba, soñando con lo que pudo haber sido. Incluso llegó a barajar una nueva alternativa: «Hay que ver qué hacer !! Capaz una moneda Libertaria con imágenes de JM, DT y EM». Las iniciales no dejaban margen para la duda: Javier Milei, Donald Trump y Elon Musk. El rastro digital de esta ambiciosa operación se pierde en febrero de 2025, fecha hasta la que llega el peritaje del teléfono de Novelli. Sin embargo, la evidencia ya está sembrada: una pista que comienza en un banco suizo, pasa por reuniones en la Casa Rosada y encuentra un posible destino fiscal en Uruguay, dejando al descubierto los planes que se tejían en la primera línea del poder.
