Tras una noche signada por la angustia y un rastrillaje incansable, cinco efectivos lograron dar con la niña de dos años en un sector apartado de Cosquín. El relato del jefe del grupo describe una maniobra contra reloj basada en la intuición y el conocimiento del terreno.
En medio de la espesura y el silencio quebrado solo por el murmullo de la vegetación serrana, un puñado de uniformados selló el desenlace que una comunidad entera aguardaba con el corazón en un puño. Tras una jornada signada por la zozobra y la búsqueda incesante, cinco agentes de la policía cordobesa localizaron a E. P. L., la pequeña de apenas dos años cuyo paradero había permanecido como un enigma desde horas antes en la zona de Cosquín, Córdoba.
El momento del reencuentro, que ya forma parte del expediente vital de la provincia, fue reconstruido por uno de sus protagonistas. El comisario Lucas Brizuela, al frente del Comando de Acción Preventiva (CAP) de La Falda y pieza clave en el dispositivo desplegado, brindó en detalle los instantes previos a un hallazgo que definió como la concreción de una corazonada apoyada en la estrategia. Según relató en diálogo con un medio nacional, todo se precipitó cuando, tras analizar la cartografía del operativo de barrido, solicitó la venia para apartarse con un reducido grupo y abocarse a una zona específica. “Vi el mapa del rastrillaje y pedí autorización para salir con cuatro motos a recorrer un sector”, manifestó.
Junto al comisario, la maniobra fue ejecutada por un equipo de élite motorizada: el sargento ayudante Germán Luján, el sargento Claudio Siani, el sargento Franco Cabrera y el agente Lucas Badra, todos pertenecientes al Escuadrón Motorizado Enduro de Punilla Norte. La elección de ese escuadrón no fue fortuita, dado que su perfil está diseñado para sortear la geografía accidentada de las sierras, un factor determinante para acceder a los pliegues del terreno donde finalmente la infante fue encontrada.
Mientras la noticia conmocionaba a la opinión pública, el foco de atención se trasladaba al ámbito sanitario. En las horas posteriores al rescate, Esmeralda permaneció bajo estricta observación en un centro asistencial de Cosquín, donde un equipo de profesionales continuaba practicándole estudios médicos protocolares. De acuerdo a la información recabada, el estado general de la menor se presenta dentro de parámetros favorables. Si bien presenta excoriaciones en el rostro y las extremidades inferiores —marcas visibles de su periplo en la espesura—, ninguna de ellas reviste gravedad ni compromete su integridad. Las perspectivas son alentadoras: se estima que en las próximas horas podría recibir el alta clínica y retornar al calor de su hogar junto a sus seres queridos, cerrando así un capítulo que mantuvo en vilo a toda la región.
