Conflicto en Medio Oriente profundiza crisis energética y genera ondas expansivas en los mercados globales

Conflicto en Medio Oriente profundiza crisis energética y genera ondas expansivas en los mercados globales

Mientras la guerra entre Estados Unidos e Irán escala con ataques a infraestructuras petroleras clave, los mercados financieros mundiales tambalean y Argentina enfrenta un cóctel de riesgos locales e internacionales que tensionan su economía

A una semana del anuncio presidencial que prometía un rápido cese de las hostilidades con Teherán, el escenario bélico no solo se mantiene vigente sino que ha escalado hacia dimensiones más preocupantes. La promesa de paz quedó sepultada bajo los escombros de instalaciones estratégicas y el cierre de una de las vías marítimas más transitadas del planeta. El objetivo militar se desplazó ahora hacia los sistemas eléctricos en territorio iraní, mientras que el estrecho de Ormuz, arteria fundamental para la circulación de hidrocarburos, permanece bloqueado. Los proyectiles lanzados desde la República Islámica lograron inutilizar complejos de licuefacción de gas natural, entre ellos la emblemática planta de Ras Laffan en Catar, reconocida como la más extensa del orbe en su tipo.

Esta coyuntura pone en jaque el suministro energético hacia el continente europeo, cuyas reservas actuales se encuentran en niveles críticos y cuya dependencia de las importaciones constituye un factor de vulnerabilidad estructural. El viejo continente observa con creciente inquietud cómo su seguridad energética se desvanece ante la prolongación del conflicto.

El impacto sobre los mercados financieros no se hizo esperar. El parqué neoyorquino acumula cuatro semanas consecutivas en terreno negativo, mientras que las operaciones previas a la apertura de hoy mostraban ligeros retrocesos que no alcanzaban a definir una dirección clara. Las plazas europeas operaban en números rojos antes del inicio de la jornada, con el Euro Stoxx 50 —que aglutina a las cincuenta corporaciones más relevantes de la Unión Europea— cediendo un 0,30 por ciento. El indicador de volatilidad, conocido en el argot financiero como el “termómetro del temor”, se ubicó en 26 unidades, marcando su nivel más elevado desde noviembre pasado. Los especialistas advierten que cuando este parámetro alcanza los 30 puntos se activan todas las señales de alerta en el sistema financiero global.

El crudo Brent inauguró la jornada cotizándose cerca de los 107 dólares por barril, en un contexto donde el oro experimentó un desplome del 2,47 por ciento y la criptomoneda Bitcoin perforó el soporte de los 68 mil dólares. La divisa estadounidense, por su parte, registró pérdidas frente a las principales monedas de referencia mundial.

En este escenario de incertidumbre generalizada, las firmas consultoras volcaron su atención hacia la realidad argentina, elaborando informes que diseccionan los efectos de esta tormenta perfecta sobre la economía local.

Un giro inesperado en la política monetaria local

La consultora EconViews, bajo la dirección de Miguel Kiguel, sostiene que aún resulta prematuro realizar diagnósticos concluyentes, aunque advierte la existencia de indicios que sugieren una modificación en el rumbo de la política monetaria doméstica. A pesar de los reiterados intentos de diversos funcionarios gubernamentales por argumentar que la economía exhibe signos de expansión y que el empleo no muestra deterioro, los datos difundidos en los últimos días, sumados a las propias medidas adoptadas en materia monetaria, contradicen esa narrativa oficial.

De acuerdo con el análisis, existe una percepción creciente de que, aun cuando la inflación mantiene su presión ascendente, la prioridad actual se orienta hacia la reactivación económica. Técnicamente no puede hablarse de estanflación dado que el producto bruto interno crece en términos agregados, pero el problema radica en que esa expansión no se distribuye de manera homogénea. El crecimiento avanza a ritmos diferenciados, configurando lo que en el debate reciente se ha denominado “recuperación en forma de K”, donde coexisten sectores dinámicos junto a otros estancados o en retroceso.

Los rubros vinculados al agro, la energía y la minería transitan por sendas favorables, mientras que actividades como la construcción, la industria manufacturera, el consumo masivo y el empleo registrado permanecen estancadas o experimentan caídas. Los indicadores adelantados de actividad correspondientes a enero y febrero reflejan debilidad en los niveles de producción.

El aspecto que genera mayor preocupación entre los analistas es la evolución del mercado laboral y el consumo. Durante la semana se conoció que a lo largo de 2025 se destruyeron 85 mil puestos de trabajo formales en el sector privado, mientras que la tasa de desempleo escaló al 7,5 por ciento en el último trimestre del año pasado, lo que representa un incremento de un punto porcentual respecto al cierre de 2024. El consumo continúa mostrando signos de debilidad, afectado por salarios que no logran recuperar terreno perdido y un mercado crediticio golpeado por el incremento de la morosidad y la persistencia de tasas de interés elevadas.

La confianza del consumidor continúa su deterioro

En sintonía con este panorama, el informe de EconViews destaca que el índice de confianza del consumidor volvió a contraerse durante marzo, acumulando una retracción del 10 por ciento en los últimos dos meses. Las importaciones, consideradas un termómetro confiable de la intensidad de la actividad económica, se mantienen en niveles reducidos. Actualmente, el principal motivo de desvelo para los empresarios es la ausencia de demanda, más que la competencia proveniente de productos importados.

La firma consultora agrega que, para contrarrestar este escenario, el equipo económico parece haber instrumentado un viraje en su estrategia monetaria. Aprovechando la tranquilidad cambiaria y la proximidad de la liquidación de divisas provenientes de la cosecha gruesa, las autoridades comenzaron a flexibilizar las condiciones monetarias. Desde finales de febrero, permitieron que se acumulara liquidez en pesos y que las tasas de interés de corto plazo descendieran hacia la zona del 20 por ciento anual, nivel en el cual el Banco Central establece su piso de referencia.

En momentos previos, la reacción había sido diametralmente opuesta: se retiraban pesos del mercado y se endurecían las condiciones de tasas. En esta oportunidad, la apuesta consiste en confiar en que el tipo de cambio se mantendrá estable gracias al ingreso de dólares provenientes de la cosecha y los flujos financieros, permitiendo sostener esta postura expansiva durante algunos meses adicionales.

Con expectativas inflacionarias que vienen en ascenso, las tasas de interés ofrecidas por los plazos fijos y las LECAP comienzan a transitar en terreno negativo en términos reales. La licitación de deuda programada para el viernes 27 funcionará como una prueba de fuego para evaluar el grado de comodidad del gobierno con esta orientación. En cuanto a las tasas de préstamos al sector privado, la situación presenta matices diferenciados. Si bien los adelantos en cuenta corriente reaccionaron con celeridad, el resto de las líneas crediticias continúa exhibiendo costos elevados. La volatilidad experimentada en los últimos meses fue tal que las entidades bancarias no podían anticipar si su costo de fondeo sería del 20 o del 50 por ciento a la semana siguiente. Esa incertidumbre, combinada con los altos encajes regulatorios, continúa obstruyendo el canal de transmisión de la política monetaria hacia la economía real.

La consultora considera que, de mantenerse la estabilidad observada en las últimas semanas, esta situación podría comenzar a modificarse. El crédito constituyó el principal motor de la recuperación experimentada hacia finales de 2024 y comienzos de 2025, y esta política monetaria más expansiva podría impulsar un nuevo despegue. La reducción de tasas también podría contribuir a contener el problema de la morosidad, que en enero alcanzó al 6,4 por ciento de los préstamos otorgados al sector privado. La preocupación por esta trayectoria es creciente y los bancos están actuando con extrema cautela al momento de aprobar nuevas líneas crediticias.

El riesgo de este período de calma relativa reside en la posibilidad de que se desate alguna turbulencia cambiaria o que la inflación no ceda, forzando un nuevo endurecimiento de las tasas. Por ahora, el dólar concede algunas semanas de respiro. La interrogante que se plantean los analistas es si ese margen de tiempo será suficiente.

Los bonos argentinos bajo presión externa

La consultora 1816 concentró su análisis en los problemas que la crisis internacional genera sobre la deuda externa argentina. El país ha logrado mantener superávit primario en 24 de los últimos 26 meses, un desempeño que resultaba difícil de anticipar en diciembre de 2023. El oficialismo obtuvo un triunfo electoral contundente en octubre de 2025, el gobierno cuenta con un respaldo inédito por parte de Estados Unidos y el Banco Central acumuló compras por 3.500 millones de dólares en lo que va del año.

A pesar de estos factores favorables, el riesgo país alcanzó durante esta semana su valor más elevado de 2026, superando los 600 puntos básicos, un nivel que, al menos por el momento, mantiene cerrado el acceso del país a los mercados internacionales de capital. La interrogante que surge es por qué los bonos argentinos volvieron a rendir un 10 por ciento. El informe plantea múltiples hipótesis que se complementan entre sí.

En primer lugar, el contexto global se ha tornado más adverso. Argentina llegó a exhibir un riesgo país cercano a los 500 puntos a fines de enero, pero con la escalada del conflicto en Medio Oriente aumentaron los spreads de crédito de los mercados emergentes —que se encontraban en mínimos históricos— y las tasas de los bonos del Tesoro estadounidense a 10 años volaron 30 puntos básicos en pocos días.

En segundo término aparece el factor Trump: si el respaldo sin precedentes de Estados Unidos constituye la “red de seguridad” con la que cuenta Argentina de cara a la campaña electoral de 2027, resulta fundamental que el oficialismo estadounidense salga fortalecido de las elecciones legislativas de noviembre. Una guerra prolongada puede resultar perjudicial para la administración republicana.

En tercer lugar, con las actuales tasas de interés, el riesgo de los bonos argentinos puede exhibir cierto perfil asimétrico. En la zona del 9 por ciento, la oferta de títulos públicos debería ser muy amplia, considerando los vencimientos netos con privados y el Fondo Monetario Internacional por aproximadamente 30.000 millones de dólares en lo que resta del mandato de Milei.

Desde una perspectiva técnica, si bien el valor nominal de los títulos públicos y las obligaciones negociables argentinas en manos de inversores extranjeros es similar al que existía al final del gobierno de Alberto Fernández, el valor de mercado de todos esos activos aumentó más de un 60 por ciento desde fines de 2023, lo que incrementó considerablemente la proporción de activos argentinos en las carteras de inversión. Para continuar comprimiendo el riesgo país se requiere un cambio en la base inversora, con mayor participación de dinero real.

A ello se suma que desde mayo la inflación mensual viene en ascenso, y aunque el producto bruto interno crece, resulta cada vez más difícil que ese crecimiento se derrame hacia los sectores generadores de empleo, que se encuentran muy dañados. El desempleo aumentó y la morosidad en el crédito a hogares se disparó.

La consultora recuerda que la agenda política doméstica giró en torno a dos temas que afectan al oficialismo: las polémicas vinculadas a Adorni y al caso LIBRA. Los analistas reconocen que no resultan evidentes los factores que provocaron un aumento de 130 puntos en el riesgo país en menos de dos meses, y tampoco está claro qué condiciones se requieren para revertir esa tendencia.

Miradas divergentes sobre el escenario cambiario

Fernando Marull, al frente de la consultora FMyA, señala que los mercados ya comenzaron a descontar que el conflicto con Irán se extenderá por un período más prolongado que el inicialmente previsto. En consecuencia, al petróleo le costará retornar a los niveles previos a la crisis. A esta situación se sumó la Reserva Federal, que decidió mantener su tasa de política sin modificaciones en 3,75 por ciento. Si bien esta decisión era esperada por los analistas, algunos comentarios realizados por Jerome Powell sugieren una preocupación mayor por el impacto inflacionario que por el empleo. La FED descuenta una reducción adicional durante 2026 hasta ubicar la tasa en 3,5 por ciento, pero también proyecta una inflación más elevada para este año, alcanzando el 2,7 por ciento, y los agentes económicos ahora anticipan que no habrá recortes de tasas en 2026.

Los mercados experimentaron caídas generalizadas, al igual que los metales ante el aumento de las tasas de interés. Únicamente las acciones petroleras lograron sortear la tendencia negativa. Brasil continúa defendiéndose adecuadamente en este contexto, con Petrobras como principal destacada. Cualquier avance hacia la resolución del conflicto traerá calma y provocará rebotes en los mercados acompañados de una caída en el precio del petróleo.

En la Argentina, las noticias continúan siendo mixtas. Del lado positivo se anota el contexto global, que no está teniendo un impacto significativo en el mercado cambiario local. La mayor oferta de dólares permite que el tipo de cambio se mantenga estable en 1.400 pesos, mientras el Banco Central continúa comprando reservas. Aún resta incorporar la oferta proveniente de la cosecha. Por ahora, no lograron despertar al dólar ni la guerra ni las menores tasas de interés, que siguen descendiendo hasta ubicarse en 2,3 por ciento mensual tanto para LECAP como para plazos fijos.

Según el análisis de FMYA, las malas noticias en materia macroeconómica continúan llegando por el frente inflacionario, que en la tercera semana del mes se mantuvo elevada con un incremento semanal del 1,2 por ciento. Para marzo se proyecta una inflación del 3 por ciento, con aumentos en los combustibles que compensan la estabilidad de la carne. Este contexto inflacionario elevado hace que el salario real continúe perdiendo terreno frente a la inflación, acumulando ya cinco meses de caída hasta enero. Los analistas proyectan que a partir de abril los salarios deberían comenzar a recuperarse en términos reales, dinamizando algo más el consumo.

En relación con el comportamiento del dólar, Mariano Ortiz Villafañe, economista jefe de Aldazabal y Cía., señala que la posición corta del Banco Central en el mercado de futuros cambiarios alcanzaba los 2.897 millones de dólares a fines de febrero, mostrando una reducción de 443 millones de dólares durante ese mes. De esta manera, la autoridad monetaria logró disminuir su posición corta en casi 4.000 millones de dólares desde el pico previo a las elecciones de septiembre, cuando alcanzó los 6.800 millones de dólares. En lo que va de marzo, el interés abierto total aumentó en 610 millones de dólares, con movimientos que sugieren la participación del Banco Central brindando cobertura en algunas jornadas. No obstante, se espera que el interés abierto finalice el mes en un nivel cercano al cierre de febrero una vez que venzan los contratos correspondientes a marzo, que actualmente presentan un interés abierto de 1.100 millones de dólares.

Un dato positivo en medio de la tormenta

Como contrapunto al escenario predominantemente negativo, el Consejo Agroindustrial Argentino informó que las exportaciones del sector mantienen una trayectoria de crecimiento en los primeros meses del año. Según el relevamiento mensual, la agroindustria generó un total acumulado de 7.463 millones de dólares entre enero y febrero, lo que representa un incremento de 489 millones de dólares respecto al mismo período del año anterior. Durante febrero, las divisas generadas por el sector ascendieron a 3.341 millones de dólares. Si bien esta cifra se sitúa 158 millones de dólares por debajo de lo exportado en febrero de 2025, lo que implica una retracción del 4,5 por ciento, el balance del primer bimestre continúa siendo positivo con un alza del 7 por ciento interanual.

La entidad sigue con atención la evolución de la competitividad externa. El tipo de cambio real multilateral experimentó una disminución del 4 por ciento respecto al nivel del mes anterior. No obstante, el indicador se mantiene un 3 por ciento por encima del promedio registrado durante 2025.

Un conflicto prolongado que complica las expectativas inflacionarias

Para la consultora F2, dirigida por Andrés Reschini, el conflicto en Medio Oriente se extiende más allá de lo que el mercado anticipaba, y como consecuencia las expectativas inflacionarias se elevan debido al impacto que podría tener la escalada del precio del crudo. Los bancos centrales de economías desarrolladas que se pronunciaron durante la semana pasada hicieron hincapié en esta cuestión, y sus discursos estuvieron atravesados por un tono más duro. Así, los retornos de los bonos del Tesoro estadounidense a 10 años cerraron en alza rozando el 4,4 por ciento anual, mientras que los principales índices accionarios de Wall Street y los activos de mercados emergentes continuaron en retroceso ante este escenario adverso, lo que empeoró las condiciones financieras a nivel global y alejó a Argentina de la posibilidad de volver a emitir deuda en los mercados internacionales.

El informe agrega que el riesgo político continuará siendo el principal impulsor de este componente, más allá de los incentivos aprobados recientemente, como la Ley de Inocencia Fiscal y la Reforma Laboral.

La apreciación cambiaria como factor de alerta

F2 también alertó sobre el atraso cambiario al indicar que el Banco Central finalizó el viernes con compras por 172 millones de dólares y acumula en la semana unos 485 millones de dólares, lo que constituye el segundo mayor registro semanal para lo que va de la fase de remonetización. Mientras esto sucede, el tipo de cambio real continúa apreciándose, sosteniendo la tendencia que se inició tras las elecciones de medio término, con una curva de rendimientos en pesos que ofrece tasas reales negativas en un escenario de fortalecimiento del dólar a nivel global. Las señales que se desprenden del mercado de futuros parecen indicar que el mercado confía en que no habrá sobresaltos cambiarios.

La consultora llega a la conclusión de que en materia cambiaria la Argentina ha sorteado con relativa tranquilidad la volatilidad internacional derivada del conflicto bélico y, a su vez, ha logrado reducir el nivel de tasas internas que asfixiaban a la economía real. Pero el escenario internacional ha resultado inoportuno en el plano inflacionario, ya que llegó en un momento en que el gobierno necesitaba dar una señal de recuperación del sendero de desinflación, y hace que este desafío sea aún mayor.

De modo que el nivel de tasas negativas puede estar sostenido por expectativas de tranquilidad cambiaria, dado que el tramo corto solo puede entregar rendimientos positivos para las operaciones de carry trade, y esto no deja de constituir un riesgo. La proximidad de la cosecha gruesa ayuda a mantener la calma habida cuenta de que el endurecimiento de las condiciones globales pone en pausa las emisiones de deuda corporativas y subsoberanas, pero por otro lado incrementa la relevancia de la acumulación de reservas vía compras en el mercado doméstico.

Todo indica que se avecina una semana de alta tensión si el presidente estadounidense cumple su amenaza de bombardear hoy las instalaciones eléctricas de Irán. Por otra parte, el petróleo continuará en alza porque la normalización del abastecimiento, incluso en el hipotético caso de que el conflicto finalizara mañana, demandará más de tres meses.

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