El Parque Industrial de El Palomar Reduce su Operativa ante la Contracción de la Demanda y la Crisis de Competitividad del Sector Automotor

El Parque Industrial de El Palomar Reduce su Operativa ante la Contracción de la Demanda y la Crisis de Competitividad del Sector Automotor

La planta que el grupo Stellantis posee en el oeste del conurbano bonaerense dispuso un achicamiento en sus niveles de actividad, pasando de dos a un solo turno de trabajo. La medida, enmarcada en un “reacomodamiento gradual” del volumen productivo, responde a la desaceleración de la demanda efectiva, especialmente desde Brasil, y se da en un contexto donde la producción nacional acumula una merma superior al 30 por ciento en los primeros meses del año.

En el corazón del partido de San Martín, la planta industrial que el grupo Stellantis mantiene en la localidad de El Palomar ha puesto en marcha una reestructuración en su esquema operativo. La fábrica, donde hasta hace poco se ensamblaban modelos emblemáticos de las firmas Peugeot y Citroën —entre ellos el 208, el 2008, la Partner y la Berlingo—, resolvió suprimir uno de sus dos turnos laborales, en una decisión que refleja las tensiones que atraviesa la matriz productiva automotriz argentina.

Desde la compañía explicaron que el predio industrial “inició una etapa de reacomodamiento gradual del volumen productivo para adecuarlo a la dinámica real actual del mercado argentino y sobre todo, brasilero”. La comunicación oficial de la terminal dejó en claro que la medida no es un hecho aislado, sino parte de una estrategia más amplia para ajustar la estructura de producción a un escenario de menores requerimientos. En la misma línea, los voceros corporativos añadieron que “el sector enfrenta importantes desafíos de competitividad y resulta indispensable alinear el proceso productivo al contexto y a las proyecciones”.

El trasfondo de esta decisión revela la fragilidad estructural que caracteriza a la industria automotriz local. La cadena de valor nacional mantiene una dependencia crítica de los mercados externos, con Brasil actuando como socio hegemónico en materia de exportaciones. Ante cualquier oscilación en la demanda del vecino país, el entramado fabril argentino resiente su actividad de manera casi inmediata. En esta ocasión, la contracción de los envíos al exterior ha sido el detonante central para el achicamiento en El Palomar, una planta que históricamente funcionó como uno de los bastiones productivos del grupo en la región.

Las estadísticas recientes del sector no hacen más que confirmar la magnitud del retroceso. Durante los dos primeros meses de 2026, las empresas radicadas en el país comercializaron hacia el exterior un total de 25.750 vehículos, lo que representó una pronunciada caída del 23,4 por ciento en comparación con igual período del año anterior. Este nuevo revés se suma a la baja del 10,8 por ciento ya registrada a lo largo de 2025, consolidando una curva descendente que se prolonga por más de un año. Un dato aún más elocuente es que, de ese total exportado en el arranque del actual ejercicio, el 64 por ciento tuvo como destino Brasil, cuya plaza automotriz se contrajo un 14,3 por ciento en el mismo lapso.

Los informes sectoriales profundizan el diagnóstico. Según los registros de la Asociación de Fábricas de Automotores (ADEFA), el mes de febrero evidenció un desplome del 30,1 por ciento en la producción nacional respecto al mismo mes de 2025, mientras que las exportaciones mensuales sufrieron una merma del 28,9 por ciento. En el acumulado del primer bimestre, el panorama es igualmente sombrío: la fabricación de unidades retrocedió un 30,1 por ciento y los envíos al exterior se redujeron un 23,4 por ciento.

En simultáneo, el mercado interno tampoco logra actuar como un contrapeso que mitigue la caída de la actividad. Las operaciones de patentamiento y las ventas a las redes de concesionarios mostraron en febrero una retracción del 20,4 por ciento interanual, con lo que el primer bimestre cerró con una baja del 11,4 por ciento. Este debilitamiento de la demanda local se produce en un contexto donde la apertura comercial ha modificado la estructura de la oferta disponible. La autorización de cupos para la importación de vehículos, especialmente aquellos impulsados por energías alternativas que ingresan sin aranceles, ha introducido nuevos actores en un escenario de competencia cada vez más exigente. El desembarco de fabricantes internacionales como la china BYD, que han aprovechado estas ventajas regulatorias, agrega una presión adicional sobre las terminales radicadas en el país, las cuales enfrentan costos relativos significativamente más elevados.

Frente a este panorama, el Gobierno nacional evalúa alternativas para sostener el perfil exportador de una industria que históricamente fue uno de los pilares del comercio exterior argentino. Entre las medidas bajo análisis se encuentra la posibilidad de eliminar por completo las retenciones a las exportaciones de automóviles, un tributo que actualmente se ubica en el 4,5 por ciento. Sin embargo, desde las propias empresas advierten que el problema de competitividad trasciende con creces la existencia de ese gravamen.

Una de las voces más autorizadas en la materia es la del máximo referente de Toyota Argentina, Gustavo Salinas, quien recientemente puso el foco en la asimetría regulatoria vigente. En sus declaraciones, el ejecutivo subrayó que “hoy se están importando 60.000 unidades sin pagar ningún tributo y pagar impuestos por exportar desde la Argentina es una condición desequilibrada que no favorece la producción ni la exportación local”. Con ese señalamiento, Salinas puso en evidencia la coexistencia de incentivos a la entrada de vehículos importados con cargas que gravan la producción destinada al exterior, una combinación que, a su juicio, atenta contra la sostenibilidad de la industria nacional.

Las inquietudes del sector ya habían sido anticipadas por el propio titular de ADEFA, Rodrigo Pérez Graciano, quien al hacer un balance del desempeño comercial de 2025 reconoció que “no se sostuvo en lo industrial como habíamos previsto en el inicio del año”. El directivo insistió entonces en la necesidad de avanzar con celeridad en una agenda de competitividad integral, una mejora que, según detalló, requiere “trabajar a nivel cadena de valor junto con el gobierno nacional, los gobiernos provinciales y municipales para reducir la carga impositiva que se exporta en un vehículo”.

En ese complejo entramado de demanda externa debilitada, consumo interno en retroceso y presiones competitivas derivadas de la apertura comercial, la decisión de Stellantis en El Palomar se erige como un síntoma más de la delicada coyuntura que enfrenta una de las industrias clave del desarrollo productivo argentino. El reacomodamiento gradual anunciado por la compañía aparece, en este contexto, no como una excepción, sino como una señal de los ajustes estructurales que el sector se ve obligado a encarar para sortear un escenario de persistentes desafíos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *