Mientras el jefe de Gabinete enfrenta serias acusaciones por enriquecimiento inexplicable y la administración libertaria lidia con denuncias de corrupción en sus filas, la hermana del Presidente convirtió el Patio de las Palmeras en un escenario de festejo íntimo con recursos del Estado, generando un alud de críticas en el espectro opositor y las redes sociales.
En medio de una semana signada por las turbulencias que sacuden los cimientos del gobierno libertario, con el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, bajo la lupa por un crecimiento patrimonial que despertó todas las alarmas y una serie de denuncias por presuntos actos de corrupción que alcanzan a los estratos más altos del Poder Ejecutivo, la sede gubernamental fue escenario de una postal, cuanto menos, disonante. Mientras la tormenta arreciaba en los despachos oficiales, el histórico Patio de las Palmeras de la Casa Rosada se metamorfoseó en una improvisada pista de baile para albergar una celebración particular: el quincuagésimo tercer aniversario del nacimiento de Karina Milei, secretaria general de la Presidencia y máxima referente del espacio oficialista.
Aprovechando la presencia de la Fanfarria Militar “Alto Perú”, una agrupación perteneciente al mítico Regimiento de Granaderos a Caballo General San Martín —cuerpo forjado en la gesta libertadora—, la hermana del mandatario Javier Milei orquestó un cambio de repertorio poco habitual. La solemnidad de las tradicionales marchas militares quedó momentáneamente suspendida para dar paso a un sonido más pop y escandinavo. Fue así que los acordes de clásicos inmortales como “Mamma Mia”, “Dancing Queen” y “Chiquitita”, del célebre conjunto sueco ABBA, resonaron entre las columnas del palacio gubernamental, con el objetivo explícito de agasajar a la funcionaria en un evento de carácter privado realizado en el corazón de la sede del Estado.
La estampa no tardó en encender la mecha de la controversia en el ciberespacio y los círculos políticos. Los detractores de la administración libertaria hicieron hincapié en la marcada contradicción que, a su juicio, representa la utilización de bienes del Estado y de una fuerza de seguridad con una tradición tan emblemática para un festejo de índole personal. Señalaron con insistencia que este tipo de dispendio choca de frente con el relato de austeridad extrema y racionalización de los recursos públicos que desde el propio Gobierno se pregona hacia la ciudadanía. La crítica se profundizó al recordar, desde sectores opositores, que la homenajeada ocupa un cargo de vital importancia sin haber sido sometida a la consideración del voto popular, lo que, en el contexto de los señalamientos por supuestas irregularidades en otras esferas del poder, agrega una capa más de escozor político.
El festejo, sin embargo, se desarrolló en un clima de tensión subterránea que atravesaba cada rincón de la sede gubernamental. Mientras los instrumentos de los Granaderos entonaban los éxitos de la banda nórdica, los pasillos de la Rosada eran un hervidero de cuchicheos y preocupación por el escándalo patrimonial que envuelve al ex vocero presidencial, Manuel Adorni, cuya figura se convirtió en la gran ausente de la celebración. La fiesta contó, en cambio, con la presencia de un nutrido grupo de funcionarios de alto calibre alineados con el núcleo duro del oficialismo. Entre los concurrentes se destacaron Pilar Ramírez, al frente del bloque de La Libertad Avanza en la Legislatura porteña; Martín Menem, quien preside la Cámara de Diputados de la Nación; Eduardo “Lule” Menem, integrante del equipo de la secretaría general; y Diego Santilli, titular de la cartera de Interior.
Tras la conclusión de la breve pero inusual presentación musical, Karina Milei esbozó una sonrisa para saludar al director de la orquesta, para luego retirarse rauda hacia su despacho. Detrás de ella quedó la banda de Granaderos, que en la jornada del sábado 28 de marzo —día de su nacimiento— dejó de lado momentáneamente el peso de la historia y la solemnidad de su tradición castrense para quedar reducida, según la mirada crítica de varios analistas políticos, a una suerte de adorno festivo al servicio del poder. La imagen, en definitiva, quedó flotando en el ambiente como un símbolo más de las contradicciones que marcan los primeros pasos de una administración que intenta sostener un discurso de orden y ajuste, mientras en los hechos, los resortes del Estado se engrasan para celebrar a sus figuras más cercanas en medio de una tormenta que amenaza con no dar tregua.