Grieta en el oficialismo: el silencio sepulcral de Milei ante la guerra abierta entre Santiago Caputo y Martín Menem

Grieta en el oficialismo: el silencio sepulcral de Milei ante la guerra abierta entre Santiago Caputo y Martín Menem

El mandatario permanece inmutable mientras sus principales colaboradores se desgarran en una disputa que involucra cuentas falsas, acusaciones cruzadas, información confidencial filtrada y una pulseada histórica por el poder judicial y la jefatura de gabinete.

En las últimas horas, el clima en los pasillos de la Casa Rosada se volvió irrespirable. Lo que comenzó como un rumor sordo se transformó en una explosión a plena luz del día: los dos pilares que sostienen la estructura del gobierno se encuentran en un enfrentamiento descarnado. “Esto es un bochorno. Resulta insostenible”, confiesan aterrados quienes orbitan alrededor del líder libertario, aún conmocionados por la virulencia del choque.

El presidente, reconocido por su habilidad como usuario avezado de la plataforma X, ha optado hasta el momento por un mutismo absoluto. No emitió pronunciamiento alguno sobre el escándalo que sacude a su administración. Se limita, según fuentes cercanas, a leer pasivamente los mensajes que brotan desde sus propias filas, aquellos en los que se afirma que sus caniches no existen, que él y su hermana evitan la higiene personal, y que desprenden un hedor característico a chivo. Estos improperios, lejos de ser anónimos, fueron lanzados desde una cuenta que el estratega Santiago Caputo le endilgó al clan de los Menem.

Pero la madeja es mucho más enredada de lo que parece a simple vista. Aquel perfil digital que sembró el caos, según revelaciones del diputado Rodolfo Tailhade y el periodista Sebastián Lacunza, no sería operado directamente por los Menem, sino por el vástago de Silvio Robles, quien se desempeña como vocero del magistrado de la Corte Suprema de Justicia, Horacio Rosatti. Y lo más grave: ese usuario no solo habría ultrajado al jefe de Estado, sino que también habría divulgado información reservada, como el nombramiento del ministro de Justicia antes de que el decreto respectivo viera la luz. Del otro lado del ring, los aludidos se desmarcan con vehemencia, rechazan toda responsabilidad y califican las imputaciones de Caputo como un simple berrinche.

El conflicto de fondo, vale aclarar, no nació ayer. Tiene raíces profundas y se gestó entre dos vértices de lo que alguna vez fue un sólido triángulo de poder, ahora oxidado por las disputas judiciales. En el medio de la tormenta, además de las injurias y las filtraciones, se encuentra en juego la codiciada jefatura de Gabinete.

Un mensaje de lealtad en medio del huracán

A altas horas de la noche del lunes, el asesor presidencial Santiago Caputo rompió su silencio y publicó un texto que pretendía ser una declaración de principios inquebrantables. “Quiero reafirmarles mi compromiso absoluto con el proyecto nacional de Milei, sin importar quién se sienta ofendido en el camino. Llegué junto al Presidente y me retiraré cuando él lo disponga o cuando mi misión se cumpla. Mientras tanto, dedicaré mis mejores esfuerzos a ejecutar su mandato: devolverle a Argentina la grandeza perdida”, escribió con tono desafiante.

Sin embargo, sus palabras no lograron apaciguar los ánimos. El choque frontal entre las dos facciones del oficialismo tuvo su chispa inicial en una pulseada judicial que enfrenta a dos monstruos sagrados del derecho argentino: Ricardo Lorenzetti y Horacio Rosatti. Por un lado, Santiago Caputo, según versan los rumores, alineaba sus fichas junto a Lorenzetti. Ambos trabajaban en las sombras para facilitar el ingreso de Ariel Lijo a la Corte Suprema. En la vereda opuesta, Karina Milei y los descendientes del riojano mantendrían un vínculo preferencial con Rosatti. En este marco, Silvio Robles, vocero de Rosatti, habría colocado a su hijo en el equipo de comunicación de Martín Menem. De esa operación nace la sospecha de que la cuenta @PeriodistaRufus era manejada por el joven Robles. El desenlace es conocido: Lijo no solo no ascendió al máximo tribunal, sino que Karina impulsó la designación de Juan Bautista Mahiques como nuevo ministro de Justicia.

El silencio ensordecedor del líder

Desde ambas trincheras —la de Caputo y la de los Menem— aguardan con ansias una reacción presidencial. Una decisión que ponga fin a la incertidumbre. Pero el mutismo del mandatario resulta sepulcral. El único gesto concreto, hasta ahora, fue la suspensión de la reunión de la mesa política, ese espacio semanal donde Karina Milei, los Menem, Santiago Caputo y otros funcionarios de primer nivel solían encontrarse cara a cara. “Se posterga para la semana entrante”, se limitan a responder escuetamente desde el gobierno. En los corredores de la sede gubernamental, con ironía, agregan: “El horno no está para bollos”.

El fin de semana, el presidente intentó una maniobra desesperada para cambiar el foco de atención. Publicó en sus redes un escrito titulado “periodistas de mierda”, en el que se esforzaba por exculpar a José Luis Espert de sus supuestos vínculos con el narcotráfico. Pero el operativo resultó un estrepitoso fracaso. El tema no despertó interés ni siquiera entre los propios militantes oficialistas. En las plataformas digitales, todos los reflectores siguieron apuntando a la pelea Caputo-Menem. La cuenta @PeriodistaRufus continuó escupiendo mensajes incendiarios hasta que sus administradores, ya en retirada, decidieron clausurarla. Era demasiado tarde. La patrulla digital de las llamadas Fuerzas del Cielo había concretado una copia de respaldo de todas las publicaciones y se dispuso a replicarlas hasta el infinito.

“Si tus propios aliados no solo afirman, sino que además tuitean que desprendes mal olor y que descuidas tu aseo personal, tal vez sea momento de reconsiderar si en verdad son tus amigos”, se burlan los observadores externos que siguen el culebrón con deleite macabro. Desde ambos bandos presionan para que el Presidente intervenga. En una franja de la grieta aseguran que atesoran cada vez más pruebas de que la cuenta conflictiva forma parte de una estructura que responde a Martín Menem. En la vereda de enfrente, en cambio, sostienen que el titular de la Cámara de Diputados “posee la estatura suficiente y no rebajará su investidura respondiendo a acusaciones falsas”.

Milei mira para otro lado: “Que lo arreglen entre ellos”

Quienes conocen en profundidad las costumbres del mandatario aventuran que no moverá un dedo para dirimir el conflicto. “Deben resolverlo entre sí”, repiten desde su círculo más íntimo. En esa misma línea argumentan: “Si algunos denuncian que @PeriodistaRufus filtró datos confidenciales del gobierno, lo que corresponde es presentar una denuncia penal y que sea la Justicia la que determine quién estaba detrás de esa cuenta verificada”.

Mientras tanto, las reacciones internas no se hicieron esperar. Algunos funcionarios califican la situación como una auténtica barbaridad y admiten que Santiago nunca debió haber llegado a estos extremos. Pero también relativizan: “Estamos acostumbrados a que Santiago se encienda y arme sus pequeños escándalos. Ya lo hizo cuando se cruzó con Facundo Manes”. Recuerdan aquel episodio durante la apertura de sesiones ordinarias del Congreso en 2025, cuando Caputo protagonizó un violento roce con el diputado radical que estuvo a punto de terminar en un intercambio de golpes en los pasillos de la Cámara Baja.

Los que ven a Milei en la Quinta de Olivos sentencian sin vueltas: “No vamos a remover al presidente de la Cámara de Diputados por un nuevo berrinche”.

Adorni respira, Bullrich observa y Lijo define el futuro

Manuel Adorni, después de setenta días de asedio constante, sintió un inconfundible alivio. Por fin la opinión pública dejaba de hablar de sus propias polvaredas —las cascadas, las propiedades no declaradas, los viajes al exterior y los ochocientos cincuenta mil dólares que amasó en dos años sin poder justificar. Sin embargo, la disputa entre los Menem y Caputo no le resulta ajena. También se dirime por el sillón que él ocupa actualmente. Ariel Lijo, justamente, es el magistrado que lleva adelante la causa contra Adorni. Y los hermanos Milei, especialmente Karina, no quedaron en buenos términos con el juez tras la designación de Mahiques como ministro de Justicia. Lijo, por su parte, tampoco digirió su frustrado intento de ingresar a la Corte. En ese contexto, será él quien deba definir si procesa o no al actual jefe de Gabinete. De concretarse esa posibilidad, muchos allegados al presidente se preguntan: ¿Milei sostendrá al primer jefe de Gabinete procesado de la historia reciente?

Patricia Bullrich, en cambio, contempla la pelea desde una prudente distancia. Y la disfruta en silencio. Ella es otra de las figuras que, tal como hizo el asesor estrella este fin de semana, desobedeció a quien hasta hace pocas semanas era venerada como “El Jefe”: Karina Milei. La líder de los senadores violeta sostuvo días atrás que Adorni debía presentar su documentación en regla o, en su defecto, dar un paso al costado. Hasta ahora, el exvocero no hizo ni lo uno ni lo otro.

Si finalmente Adorni abandonara su puesto —más allá de que el presidente sigue convencido de su inocencia—, alguno de los Menem podría hacerse cargo de la jefatura de Gabinete. Santiago Caputo se opone con todas sus fuerzas a esa posibilidad. Tampoco está dispuesto a ceder el control de la SIDE, un territorio que Karina mira con creciente interés. El canciller Pablo Quirno aparece como otro nombre en la lista de potenciales reemplazantes. Desde la cuenta @PeriodistaRufus, antes de ser clausurada, apuntaban contra él y también contra el ministro de Economía, Luis Caputo.

El titular del Palacio de Hacienda, por ahora, prefiere mantenerse al margen del escándalo y no ha pronunciado una sola palabra. Quien sí salió en defensa del asesor presidencial fue el propio Quirno. Entre otras críticas, desde el perfil atribuido a los Menem y Robles se acusaba a Santiago Caputo de haber facilitado negocios con el Estado al Grupo Neuss, cuyos propietarios son amigos suyos de toda la vida. La conclusión es inevitable: la disputa entre los Menem y Santiago Caputo se reduce, en esencia, a dos motores primordiales: el dinero y el poder.

En julio de 2024, cuando la tensión entre Karina y Santiago Caputo apenas era un rumor incipiente, alguien que participó en la génesis de La Libertad Avanza y conocía a los Milei y a los Caputo como la palma de su mano expresó en diálogo con este diario una advertencia que hoy resuena profética: “Una pelea de esta magnitud podría hacer estallar todo por los aires”. Por ahora, esa catástrofe sigue siendo apenas una hipótesis. Pero lo que ya nadie discute es que el enfrentamiento, desde aquel momento hasta hoy, jamás dejó de crecer. Y no parece tener freno.

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