Preocupado por la caída de intensidad ante Mauritania, el entrenador de la selección argentina mantuvo un diálogo con sus jugadores y dejó en claro que el amistoso de esta noche frente a Zambia no será un mero trámite, sino el escenario donde se definirán varios de los lugares en disputa para la cita ecuménica.
A simple vista, podría encasillarse como un encuentro de preparación sin mayor trascendencia. Sin embargo, el compromiso que esta noche enfrentará a la selección argentina con Zambia posee una carga de profundidad que Lionel Scaloni se ha encargado de remarcar en cada aparición pública. El entrenador, cuya exigencia lo ha llevado a la cima del fútbol mundial, emergió del último viernes con un semblante atravesado por la preocupación y el fastidio, luego de que el equipo lograra un ajustado triunfo por 2 a 1 ante Mauritania en el estadio de Boca Juniors. Aquella actuación dejó un reguero de interrogantes que el propio director técnico no dudó en señalar, tanto en la rueda de prensa posterior al partido como en la conferencia que brindó en la víspera del duelo que marcará la despedida del combinado campeón del mundo ante su público antes de viajar hacia la Copa del Mundo.
Esa incomodidad encontró su correlato en el plano interno. Antes del último ensayo futbolístico en el predio que alberga a la selección, Scaloni solicitó una reunión con el plantel, donde el propio Lionel Messi estuvo presente. En ese intercambio, el conductor del equipo fue taxativo al transmitir un mensaje que no admitió ambigüedades: la Albiceleste no puede permitirse los baches de intensidad y concentración que evidenció en el pleito ante los africanos. Aquel descenso en el rendimiento no pasó desapercibido para los propios protagonistas, que con crudeza expusieron sus sensaciones. El arquero Emiliano Martínez, aún con la adrenalina del encuentro recorriéndole el cuerpo, había sido categórico en su autocrítica al calificar la producción colectiva como una de las más flojas en su memoria, señalando la falta de ritmo, circulación y velocidad como los puntos más frágiles de una noche para el olvido.
Scaloni aprovechó esas declaraciones para reforzar su perspectiva, interpretando la capacidad del grupo para reconocer sus falencias como un síntoma positivo, aunque no por ello menos preocupante. El técnico subrayó que el equipo había competido, pero advirtió que el atributo principal que lo caracteriza había brillado por su ausencia. La inteligencia colectiva, sostuvo, es la que permite a sus jugadores dimensionar cuándo la imagen ofrecida no estuvo a la altura de los estándares que ellos mismos han impuesto. Su deseo, expresó con claridad, es que esa actuación haya sido una mera anécdota y que el combinado nacional recupere la fisonomía que lo ha consagrado.
En el plano organizativo, el entrenador reveló que ya ha entregado a la Asociación del Fútbol Argentino la nómina preliminar de 55 futbolistas, un trámite reglamentario que deberá ser elevado a la FIFA en mayo, con fecha límite para la confirmación de los 26 que emprenderán la búsqueda del bicampeonato el 30 de ese mes. Scaloni confesó que en su fuero interno posee un esqueleto definido de aquellos que, en principio, liderarán esa empresa, aunque dejó un mensaje que sonó como advertencia: la confirmación de esos lugares deberá ser ratificada sobre la cancha en los días que restan hasta la cita mundialista. El rendimiento, enfatizó, será la moneda de cambio, y el traspié frente a Mauritania funciona como una alerta que podría incidir en las resoluciones de última hora. “Lo tengo claro, pero si los rendimientos no son los adecuados, tomaremos medidas”, sentenció, en una clara demostración de que ningún nombre está escrito en piedra.
Con ese telón de fondo, el compromiso ante Zambia adquiere una dimensión que excede lo amistoso. Será la última oportunidad para que el cuerpo técnico evalúe respuestas y despeje las dudas sembradas tras la floja producción del viernes. De un lado, para confirmar si aquella presentación fue apenas un accidente en el camino; del otro, para seguir puliendo los últimos detalles de una lista que, según las estimaciones, ya tendría veinte integrantes prácticamente asegurados en el borrador del entrenador. Entre esos nombres se cuentan Emiliano Martínez, Gerónimo Rulli, Nahuel Molina, Gonzalo Montiel, Cristian Romero, Nicolás Otamendi, Leandro Paredes, Alexis Mac Allister, Enzo Fernández, Rodrigo De Paul, Exequiel Palacios, Lionel Messi, Nicolás Paz, Nicolás González, Giuliano Simeone, Thiago Almada y Julián Álvarez. A ese grupo se suman tres hombres cuya presencia no admite discusión, pero que por dolencias musculares no pudieron ser citados en esta ocasión: Lisandro Martínez, Lautaro Martínez y Giovani Lo Celso.
La incógnita, entonces, se concentra en los seis espacios restantes. La definición incluye la elección del tercer guardameta, donde Juan Musso se perfila con ventaja sobre Walter Benítez; la conformación de la zaga central, con Leonardo Balerdi como firme candidato y Marcos Senesi obligado a disipar las sombras que dejó su última presentación; la búsqueda del reemplazante para Nicolás Tagliafico, un puesto por el que pugnan Marcos Acuña, Gabriel Rojas y Facundo Medina; la incorporación de un volante, instancia en la que Valentín Barco aventaja a Franco Mastantuono, Máximo Perrone, Gianluca Prestianni y Matías Soulé, pese a las diferencias de perfiles entre ellos; y la designación del tercer centrodelantero, rol que aparece como una posibilidad concreta para José Manuel López.
La exigencia de Scaloni se reflejó en gestos concretos durante el encuentro ante Mauritania. En un tramo del segundo tiempo, mientras la selección perdía la posesión con facilidad y cedía terreno ante un adversario que comenzó a manejar el balón con una tranquilidad desconcertante, el técnico fue captado por las cámaras llevándose las manos a la cabeza. Esa imagen, sumada a las intervenciones que el Dibu Martínez debió realizar para evitar que la caída se consumara antes de tiempo, graficó una preocupación que el entrenador no ha disimulado.
Por todo ello, el cotejo de esta noche trasciende la mera formalidad. Scaloni aspira a que el combinado nacional pise suelo estadounidense para la cita ecuménica envuelto en una atmósfera de certezas y optimismo, lejos de las sombras que dejó el último escollo superado con suspenso. El amistoso, en definitiva, se erige como la prueba final para disipar dudas, ajustar piezas y confirmar que el campeón del mundo mantiene intacta su capacidad de autocrítica y su hambre de grandeza.