Asediado por denuncias de presunto enriquecimiento ilícito y viajes de alto calibre, el jefe de Gabinete decidió blindarse con un penalista de trayectoria controversial. Mientras el oficialismo intenta contener los daños, las vacaciones por el Caribe y un departamento financiado por dos jubiladas encienden todas las alarmas en los tribunales.
En un giro que parece extraído de una novela de suspense político, el actual jefe de Gabinete, Manuel Adorni, decidió finalmente escuchar la voz de la experiencia. Fue el exministro de Justicia, Mariano Cuneo Libarona, quien hace algunas jornadas le susurró un consejo que resonó con la fuerza de un dictamen: “Sería prudente que te consigas un letrado”. Acorralado por una creciente catarata de presentaciones judiciales que indagan un supuesto incremento patrimonial injustificado y la presunta recepción de dádivas, el funcionario resolvió aceptar la sugerencia y selló un contrato de representación legal con Matías Ledesma. Este abogado, especializado en derecho penal, no es un recién llegado a las tormentas mediáticas: integra un estudio jurídico que en el pasado defendió a figuras tan controversiales como los empresarios Alfredo Yabrán y el venezolano Guido Antonini Wilson. La activación de este escudo legal no es fortuita, sino que responde a la velocidad vértigo con que avanza la maquinaria judicial, especialmente por dos frentes: el polémico viaje de lujo a Punta del Este y la sospechosa evolución de su patrimonio personal. A ello se suman los reproches que crecen dentro de las propias filas libertarias ante la ausencia de explicaciones concretas. Por ahora, el presidente Javier Milei opta por mantenerlo en su puesto, pese a que el vocero acumula un nuevo episodio cada amanecer: la última perla es una escapada a las playas edénicas de Aruba para recibir el año 2025.
La agenda de Adorni para esta semana contemplaba preparar la conferencia de prensa del miércoles en la Casa Rosada. Sería la segunda de una dinámica que había relanzado apenas siete días antes. Sin embargo, el tablero se reconfiguró por completo cuando se conoció que dos mujeres ya jubiladas le prestaron al vocero nada menos que 200 mil dólares para adquirir un departamento en el porteño barrio de Caballito. A partir de esa revelación, el rumbo del funcionario viró abruptamente de las oficinas de Balcarce 50 hacia la residencia presidencial de Olivos. En la quinta oficial, las exigencias fueron terminantes: antes de volver a exponerse ante los micrófonos, Adorni debía ordenar su defensa.
El profesional elegido para comandar esa batalla en los estrados judiciales es Matías Ledesma. Su historial profesional incluye haber patrocinado a Silvio Robles, considerado la mano derecha del juez de la Corte Suprema Horacio Rosatti. Ledesma lo representó en una causa que investigaba los vínculos que ese asesor mantenía con el entonces ministro porteño Marcelo D’Alessandro, mientras los supremos dirimían casos que involucraban a la Ciudad de Buenos Aires. Ese expediente, que desató un escándalo de proporciones políticas, terminó siendo archivado. Como dato curioso, el hijo de Robles, Martín, se desempeña junto al presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem. Una muestra más de que, en estos círculos, todo se resuelve en familia.
En el currículum de Ledesma también aparece haber representado al empresario Claudio Glazman, perteneciente al grupo Roggio, quien fue procesado por cohecho en el amañado expediente de los cuadernos de las coimas. Casualidad o no, en esa misma causa también figura procesado Luis Betnaza, del grupo Techint, quien resulta ser el suegro de la vicejefa de Gabinete, Aimé “Meme” Vázquez. Esta especialista en comunicación, que hizo carrera en el PRO, integra hoy el núcleo más íntimo de Adorni. Ledesma, además, es parte del estudio jurídico fundado por su padre, Guillermo Ledesma, uno de los seis magistrados que participaron en el histórico Juicio a las Juntas Militares. En la extensa trayectoria de esa firma, dos hitos brillan con luz propia: haber defendido a Alfredo Yabrán por el asesinato del fotógrafo José Luis Cabezas, y haber representado al famoso “valijero” venezolano Guido Antonini Wilson, quien en 2007 intentó ingresar al país 800 mil dólares sin declarar.
Ahora, ese estudio se enfrenta a un desafío nada sencillo: patrocinar a Adorni frente a las denuncias por posible enriquecimiento ilícito y dádivas. Las causas quedaron en manos del juez Ariel Lijo y del fiscal Pollicita, y avanzan a una velocidad inusual. Pollicita ya activó una batería de medidas para escudriñar a fondo el nivel de vida del funcionario: títulos de propiedad, automóviles, designaciones en cargos públicos, participaciones societarias y viajes al exterior, entre otros aspectos. En los días recientes, además, surgió la sospecha sobre una excursión del jefe de Gabinete a la exclusiva isla de Aruba a finales de 2024. Turistas argentinos aseguran haberlo visto hospedado en el Hotel Tamarijn, un complejo “todo incluido” que ofrece habitaciones cuyos precios oscilan entre 800 y 1.000 dólares por noche. Lo describen paseando por la paradisíaca playa Divi Beach junto a su esposa, Bettina Angeletti, y sus dos hijos.
El fiscal Pollicita ya solicitó a Migraciones los registros de los movimientos de la pareja en el exterior. El informe oficial confirmó una salida hacia Perú el 29 de diciembre y un regreso desde Ecuador el 10 de enero. Aunque Aruba no figura explícitamente, esos puntos podrían ser meras escalas hacia un destino final en el Caribe. Esta novedad contradice abiertamente las declaraciones de Adorni. En las entrevistas que brindó cuando estalló el escándalo por el viaje VIP a Punta del Este, omitió cualquier mención a un paseo por Centroamérica. Sobre el viaje a Uruguay, se limitó a decir: “Creo que en un año y medio es lo único que hice”. Lo cierto es que el vocero comenzó el 2025 fuera del país, algo que él mismo admitió en una entrevista con TN en diciembre de 2024. En pleno ajuste feroz y con el eslogan de “no hay plata”, Milei había pedido a sus funcionarios evitar cualquier gesto de ostentación. En ese contexto, Adorni no quiso revelar su destino vacacional, pero reconoció que sería en el extranjero. “No es cierto que se hayan prohibido lugares. El Presidente llamó a ser razonable con las vacaciones”, explicó, y puso como excusa a su familia: “En mi caso, tengo hijos chicos y hay que adaptarse a lugares con el nivel de exposición que tengo”. El exclusivo complejo Tamarijn, en Aruba, encaja perfectamente con las necesidades de la familia Adorni, aunque no se caracteriza precisamente por su austeridad. Además de habitaciones frente al mar, ofrece acceso libre a bebidas y comida en doce restaurantes y bares, cinco estanques de agua dulce, actividades recreativas como yoga, zumba y aquagym, y shows nocturnos en vivo.
De confirmarse el paso por Aruba, el jefe de Gabinete sumará otro desembolso difícil de justificar. La lista de gastos suntuarios se alarga desde que aterrizó en la Casa Rosada. Solo en marzo de este año, él y su pareja adquirieron un viaje a Nueva York por 5.348 dólares, que finalmente no utilizaron. Y, según el propio relato de Adorni, también abonaron un jet privado a Punta del Este, cuyo costo alcanzó los 7.830 dólares. Es decir, una erogación excesiva de más de 13 mil dólares, si se tiene en cuenta que en su declaración jurada informó ahorros por apenas 48 mil dólares y que su salario ascendía a 3 millones y medio de pesos. Pero las vacaciones de lujo palidecen frente a la aparición de dos propiedades que no figuran en su presentación ante la Oficina Anticorrupción. Una de ellas es un departamento de casi 200 metros cuadrados, donde reside actualmente en Caballito, adquirido por 230 mil dólares. La operación está bajo la lupa judicial porque se concretó a un precio muy inferior al del mercado y porque fue financiada en un 87 por ciento por dos mujeres que aseguran no conocer al funcionario. La escribana que firmó los documentos de esa compra, Adriana Nechevenko, declarará como testigo este miércoles ante el fiscal Pollicita. El otro inmueble cuestionado es una casa en el country Indio Cua Golf Club, ubicado en Exaltación de la Cruz, que figura a nombre de Bettina Angeletti.
Si el abogado de Adorni llegara a estar aburrido, ya no podrá quejarse. Defender al vocero se perfila como un desafío mayúsculo, casi una hazaña jurídica en medio del ojo de la tormenta.
