El Presidente encabezó un fugaz cónclave de ministros en la Casa Rosada para respaldar al jefe de Gabinete, salpicado por denuncias patrimoniales. Sin embargo, detrás de bambalinas, el oficialismo no detiene la búsqueda de un recambio y el ministro de Desregulación emerge como la carta predilecta del núcleo duro libertario, pese al rechazo que genera entre sus pares.
En un intento por disipar las sombras que acechan a su administración, el primer mandatario Javier Milei orquestó una cuidadosa puesta en escena destinada a refrendar públicamente al jefe del Gabinete de Ministros, Manuel Adorni, quien desde hace más de un mes se encuentra inmerso en una creciente controversia vinculada a su patrimonio personal. No obstante, la tranquilidad que se pretendió transmitir contrasta con la continuidad de un casting silencioso pero activo para hallar un eventual reemplazante.
La escenificación tuvo lugar durante una reunión del equipo gubernamental en la sede del Ejecutivo, un encuentro que contó con la presencia del Presidente apenas durante sesenta minutos. Su objetivo principal fue exhibir a Adorni a su lado, otorgándole un respaldo visual ineludible. En ese breve lapso, Milei instó a los funcionarios presentes a perseverar en el rumbo trazado y a no desviar la mirada de los objetivos fundacionales de su gestión. Pasada esa hora, el mandatario se retiró del palacio gubernamental, dejando la conducción del cónclave en manos de un Adorni que, paradójicamente, camina sobre la cornisa de su propia continuidad.
Con la salida de Milei, todas las miradas se dirigieron hacia una figura clave del tablero político: Federico Sturzenegger. El actual ministro de Desregulación y Transformación del Estado se ha convertido en el postulante más firme para ocupar la silla de Adorni en caso de que los hermanos Milei resuelvan desprenderse definitivamente del jefe de Gabinete, cuya situación judicial se torna cada vez más intrincada. Sturzenegger no solo cuenta con el visto bueno explícito de Javier Milei, sino también con el respaldo inquebrantable de Karina Milei, la secretaria general de la Presidencia y hermana del mandatario, consolidando así una adhesión plena desde el vértice del poder.
Sin embargo, el eventual ascenso del denominado «Coloso» por el propio Presidente no está exento de obstáculos. La principal traba que enfrenta Sturzenegger es la escasa empatía que despierta entre la mayoría de sus colegas del gabinete, quienes no ocultan su falta de simpatía hacia su estilo y decisiones. Este clima de frialdad interna se convierte en un factor determinante a la hora de sopesar un recambio.
En el seno del Gobierno se debate actualmente entre dos opciones antagónicas: la expulsión inmediata de Adorni o la progresiva licuación de sus atribuciones. La primera alternativa abriría las puertas de par en par a Sturzenegger, quien asumiría de inmediato como nuevo jefe de Gabinete. La segunda, en cambio, implica un movimiento más sutil: empoderar a un Adorni que hoy carece de tareas concretas. Fuentes consultadas precisaron que, si bien continúa percibiendo su remuneración habitual, desde el pasado 8 de julio Sturzenegger se encuentra despojado de funciones efectivas dentro del organigrama estatal, conservando únicamente el título de su cartera tras la finalización de las facultades delegadas que le daban sustento a su gestión.
Si Milei optara por esta segunda vía y le otorgara nuevas competencias, se configuraría una suerte de cogobierno administrativo, con Adorni y Sturzenegger operando en paralelo. Esta alternativa, que hoy cobra fuerza, dejaría en el camino a otros nombres que sonaban con fuerza para una sucesión inmediata, como los de Pablo Quirno y Diego Santilli, quienes habrían quedado rezagados en la carrera sucesoria.
El clima de incertidumbre se vio agravado por recientes sacudones internos, en particular la tormentosa salida del jefe de gabinete de Sandra Pettovello, titular de la cartera de Capital Humano, quien fue despedido tras tomar un crédito en el Banco Nación, un episodio que dejó en evidencia tanto a Milei como a los funcionarios del área económica. En medio de este caos palaciego, el Presidente intentó hacer borrón y cuenta nueva. Según relataron testigos del cónclave, Milei ofreció una suerte de «introducción sobre la coyuntura política y económica» para luego, de manera calculada, ceder el mando de la reunión a Adorni, no sin antes sentenciar que todos los asuntos pendientes deberían tratarse directamente con él. De este modo, ratificó al jefe de Gabinete, aunque nadie en la Rosada puede aventurar aún por cuánto tiempo más se sostendrá esta frágil confianza.
