La grieta se profundiza: Milei inauguró las sesiones ordinarias con dardos ocultos hacia Villarruel y denunció una presunta traición orquestada desde 2021

La grieta se profundiza: Milei inauguró las sesiones ordinarias con dardos ocultos hacia Villarruel y denunció una presunta traición orquestada desde 2021

En la víspera de la apertura del 144° período legislativo, el mandatario libertario destapó en una entrevista con un medio español un presunto plan de desgaste orquestado por su propia vicepresidenta, a quien acusó de intentar boicotear su gestión, rodearse de figuras políticas controversiales y fraguar un complot para arrebatarle el poder.

En la antesala de un nuevo capítulo institucional marcado por la tensión en la cúpula del Poder Ejecutivo, el presidente Javier Milei se apresta a inaugurar este 1 de marzo de 2026 el 144° período de sesiones ordinarias del Congreso de la Nación, aunque el foco mediático ya no estará puesto exclusivamente en el discurso inaugural ante la Asamblea Legislativa. Esta vez, el escenario de fondo aparece dominado por una creciente fractura interna en la cúpula gobernante, luego de que el jefe de Estado lanzara gravísimas imputaciones contra la vicepresidenta Victoria Villarruel, a quien señaló como artífice de una conspiración silenciosa pero sostenida para socavar su liderazgo.

En una extensa entrevista concedida al periódico español El Debate durante su participación en el Madrid Economic Forum, el ultraderechista reveló con un tono entre molesto y desafiante que la titular del Senado no solo habría gestionado tras bambalinas la cancelación de su presencia en eventos estratégicos en el exterior, sino que esas maniobras serían apenas la punta visible de un entramado mucho más profundo. Según la versión presidencial, Villarruel habría comenzado a tejer esa red desde el lejano 2021, cuando ambos asumieron sus bancas como diputados nacionales. “A la luz de su proceder, no me asombra que haya pretendido que me anularan una participación internacional; lo que realmente me pasma es que esas cuestiones ella ya las venía ideando desde nuestro ingreso al Parlamento”, disparó Milei, sin ocultar su desazón.

Uno de los episodios que el Primer Mandatario erigió como prueba fehaciente del deliberado alejamiento iniciado por Villarruel fue la ausencia de esta en la ceremonia de rúbrica del Pacto de Mayo. En aquella ocasión, la vicepresidenta justificó su faltazo esgrimiendo un cuadro gripal, una excusa que Milei desmenuzó con ironía: “Dijo que no acudía porque se sentía indispuesta, pero al día siguiente lucía radiante y en plenitud de facultades durante el desfile militar”. Aquel desaire, según el relato presidencial, constituyó el punto de inflexión a partir del cual la relación bilateral entró en una espiral descendente.

A partir de ese momento, el líder libertario afirmó que Villarruel “comenzó a frecuentar a individuos verdaderamente conflictivos”, y puso como ejemplo paradigmático la reunión que mantuvo en octubre de 2024 con la exmandataria María Estela Martínez de Perón. El jefe de Estado no escatimó críticas ante la decisión de la senadora de “tributar honores a Isabel Perón” y de ordenar la inauguración de un busto en su memoria dentro del recinto de la Cámara alta, gestos que interpretó como una provocación directa y deliberada contra la línea ideológica que pregona su administración. “Rendirle culto a quien encabezó uno de los gobiernos más nefastos de nuestra historia no es un acto neutral: es un mensaje cifrado, un guiño a los sectores que añoran el pasado”, sentenció el mandatario.

Más allá de los gestos públicos, Milei también destapó un aspecto más subterráneo del distanciamiento: la supuesta campaña de desprestigio que, según él, el círculo más íntimo de la vicepresidenta no cesa de propagar. “No paran de proferir improperios y descalificaciones grotescas” acerca de la gestión libertaria, denunció, al tiempo que aseguró que esos comentarios siembran un clima de desconfianza que ya ha permeado los pasillos de la Casa Rosada. En ese marco, confesó su perplejidad ante lo que describió como una estrategia de desgaste de larga data fraguada por Villarruel, quien incluso habría puesto en duda en conversaciones reservadas el verdadero impacto de las políticas oficiales. “Me desconciertan las apreciaciones que formula acerca de que yo le hacía daño a la causa de la libertad”, añadió el Presidente, evidenciando un fastidio que ya no intenta disimular.

La novedad más explosiva, sin embargo, surgió cuando Milei mencionó la posibilidad de que esa presunta conspiración se hubiera tejido en connivencia con sectores disidentes del partido español Vox, lo que añade una dimensión internacional al conflicto. Aunque el mandatario no entregó pruebas concluyentes, dejó flotando la sospecha de que existen manos externas interesadas en desestabilizar su gobierno. Este no es el primer episodio de acusaciones mutuas entre ambos funcionarios. El mes precedente, durante la apertura de sesiones legislativas del año pasado, Milei ya había lanzado veladas imputaciones contra Villarruel al referirse al “golpismo” opositor. En esa oportunidad, espetó: “Luego de nuestro triunfo en las elecciones porteñas, comenzó a digitarse un ataque sin precedentes en la historia argentina, que alcanzó su punto más álgido después de los comicios de septiembre en la Provincia de Buenos Aires; algo que, tanto para adversarios como para algunos propios, alimentaba la ilusión de abrazar el sitial de Rivadavia”. En ese instante, el Presidente acompañó sus palabras con un gesto de cabeza tan elocuente que dejó escasas dudas sobre la identidad de la destinataria.

Así, mientras el Palacio Legislativo ultima los preparativos para recibir al Primer Mandatario y a la vicepresidenta en el mismo recinto, el trasfondo de la jornada inaugural estará marcado por una tensión que ya no es un rumor de pasillo, sino una fractura expuesta a la luz pública. La pregunta que ahora flota en el ambiente político es si ambos podrán sostener las formas institucionales durante el ceremonial o si, por el contrario, el fantasma de la traición cruzada terminará por eclipsar cualquier mensaje de gobierno. Lo que hasta hace poco parecía una mera incompatibilidad de caracteres se ha transformado, a los ojos del propio jefe de Estado, en una maniobra orquestada desde las sombras con un único objetivo: vaciarle el poder. La apertura de sesiones ordinarias, lejos de ser un acto de unidad nacional, amenaza con convertirse en el escenario de un nuevo capítulo de esta interna feroz.

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