En un encuentro donde los suplentes de Boca y los titulares de Independiente repartieron el dominio por etapas, la igualdad 1 a 1 se convirtió en un desenlace anunciado mucho antes del pitazo final. La controversia arbitral y la escasez de situaciones de riesgo marcaron una noche gris en el estadio xeneize.
En una noche donde la Bombonera pareció respirar más de resignación que de fervor, el empate 1 a 1 entre Boca e Independiente se presentó como un resultado que ambos protagonistas firmaron en silencio mucho antes de que el árbitro Andrés Merlos decretara el final de las acciones. El duelo, protagonizado por una formación alternativa del conjunto local —cuyo entrenador decidió preservar a todos sus titulares de cara al compromiso del martes por la Copa Libertadores— y el once inicial del Rojo, transcurrió como una sucesión de episodios de tenencia repartida, con una etapa para cada contendiente, pero con una alarmante carencia de emociones verdaderas.
La primera chispa de la noche la encendió Independiente, que logró ponerse en ventaja gracias a una conquista de Matías Abaldo. Sin embargo, lo más beneficioso que le pudo ocurrir al conjunto de Avellaneda fue haber materializado ese tanto en su primera aproximación seria al arco rival. Apenas transcurridos nueve minutos, tras el grito de Abaldo, el Rojo se replegó en un dispositivo táctico de espera, disponiendo a todos sus efectivos por detrás de la línea del esférico y apostando al contragolpe. Esa estrategia le complicó la existencia a un Boca alternativo, que gozó de una amplia posesión del balón pero jamás logró traducirla en peligro concreto.
En el mediocampo local, Ander Herrera comenzó con cierto lucimiento, aunque con el correr de los minutos fue perdiendo influencia en el desarrollo. Por su parte, Velasco ofreció una acción acertada por cada tres desaciertos, mientras que Milton Giménez, el delantero, chocó una y otra vez contra la muralla defensiva del Rojo, perdiendo la mayoría de los duelos individuales. Las únicas señales de amenaza que Boca pudo encender en el tablero defensivo rival llegaron a través de dos cabezazos de Pellegrino y Belmonte dentro del área de Independiente. Hasta que, en el minuto 44, la controversia se apoderó del escenario.
Todo estalló cuando Velasco simuló un derribo —o al menos eso interpretaron varios observadores— ante la pierna izquierda del defensor Valdez. En primera instancia, el juez Merlos no sancionó penal. Pero la intervención del árbitro Lucas Novelli desde el VAR lo obligó a revisar su decisión inicial. Tras once minutos de gritos, discusiones y una tensión que se palpaba en cada rincón del estadio, Merlos finalmente concedió la pena máxima. Giménez se encargó de ejecutarla y convertir el empate, calmando por instantes la tormenta que cerró el primer tiempo. Tanta fue la bronca del entrenador de Independiente, Gustavo Quinteros, que no pudo contener su indignación y terminó siendo expulsado por el árbitro.
Con el reinicio del complemento, Boca modificó su frente de ataque mediante los ingresos de Merentiel y Bareiro, mientras que Independiente mudó por completo su actitud. El Rojo abandonó la postura recelosa, salió a tener la pelota y efectivamente logró poseerla. Marcone se erigió como el dueño de la zona media, bien respaldado por Pérez Curci y Malcorra desde los costados. Pero le sucedió exactamente lo mismo que a Boca en el período inicial: todo su dominio se diluía al llegar al borde del área grande. Allí, Ávalos jamás pudo superar en los duelos individuales a Figal y Pellegrino, los dos centrales boquenses.
Con una tenencia menor, Boca se replegó para salir de contragolpe. Sin embargo, salvo una intervención de Rey para desviar un remate de Merentiel, el local tampoco logró generar verdadero peligro. En ese contexto reapareció el “Changuito” Zeballos tras superar su lesión, y por algunos minutos encendió la ilusión en las tribunas. Pero su lucidez fue apenas un relámpago fugaz. Independiente, por su parte, dispuso una línea de cinco defensores con el ingreso de Freyre en lugar de Malcorra, y ni siquiera ante ese esquema Boca pudo construir una jugada de riesgo. La impotencia se adueñó de los minutos finales. El telón cayó sobre un empate que, en el fondo, había sido decidido mucho antes de que sonara el silbato definitivo.
