El adiós a una pluma insigne: falleció Julio Ricardo, pilar fundamental del periodismo deportivo argentino

El adiós a una pluma insigne: falleció Julio Ricardo, pilar fundamental del periodismo deportivo argentino

A los 87 años, el histórico comentarista y analista cerró su trayectoria de más de seis décadas, dejando una huella imborrable en la radio, la televisión y la gráfica. Su partida se suma a la de otros dos referentes del gremio en un breve lapso.

El ámbito de la comunicación deportiva nacional se vistió de luto en las últimas horas. La partida de Julio Ricardo, ocurrida a sus 87 años mientras permanecía internado en la Clínica Zabala, conmocionó a colegas, oyentes y televidentes. Este deceso se produce apenas un puñado de meses después de las desapariciones físicas de Marcelo Araujo y Ernesto Cherquis Bialo, dos pilares que, al igual que Ricardo, marcaron épocas doradas del periodismo especializado en la Argentina. Cherquis Bialo, recordado por su paso por Infobae, y Araujo, compañero de Ricardo en varias coberturas, parecen haberlo convocado en el firmamento de las voces inolvidables.

Nacido un 18 de agosto de 1939 en la ciudad de Buenos Aires, Julio Ricardo inició su travesía profesional en 1957, cuando apenas contaba con dieciocho años, realizando coberturas para la revista Noticias Gráficas. Lo que vino después fue una carrera extensa y prolífica que superó las seis décadas, desplegándose como comentarista, cronista y analista en una multiplicidad de formatos. Su labor en canales como el 9, el 11 y el 13, junto a sus intervenciones en Radio Colonia y Radio Nacional, resultaron determinantes para la consolidación y profesionalización del periodismo deportivo en el país. Ricardo no solo informó sobre fútbol: contribuyó a construir un lenguaje, un modo de análisis y una ética de trabajo que atravesó a generaciones enteras de periodistas.

A lo largo de su fecundo derrotero, compartió micrófonos y pantallas con figuras de la talla de Luis Elías Sojit, José María Muñoz, Víctor Hugo Morales y el propio Araujo en el programa Fútbol para Todos. Su voz, inconfundible y grave, supo sintetizar la pasión del relato con la pausa reflexiva del analista. En 1990, su prestigio lo llevó a ser designado al frente de ATC (hoy TV Pública) durante la presidencia de Carlos Menem, aunque su paso por la dirección duró apenas seis meses, ya que presentó su renuncia por discrepancias políticas que no estuvo dispuesto a tolerar.

Uno de los rasgos más distintivos de su mirada periodística fue la impronta intelectual de su entorno familiar. Su padre, José López –apodado “Pájaro”–, fundador del Círculo de Periodistas Deportivos y director de la legendaria revista La Cancha, y sus tíos, también vinculados a la docencia y los medios, le inculcaron el amor por la lectura y el debate plural. El propio Ricardo solía recordar que en su hogar “había un ambiente de diversidad intelectual que me marcó para siempre”. Esa formación se reflejó luego en su capacidad para abordar el deporte sin caer en fanatismos ni facciones cerradas.

Sus comienzos junto a Héctor de Thomas en Radio Porteña fueron apenas el prólogo de una carrera ascendente. Pronto asumió responsabiliciones mayúsculas, como cubrir la gira de la Selección Argentina previa al Mundial de Chile 1962, acompañando al relator Sojit. En aquellos años le tocó ser testigo directo de un episodio trágico que quedaría grabado en su memoria: el accidente fatal del piloto Juan Gálvez durante la Vuelta de Olavarría en 1963. Ricardo, junto al equipo de trabajo, ayudó a rescatar el cuerpo del corredor y fue protagonista involuntario del desenlace, una experiencia que décadas después calificó como una de las más duras de su carrera.

Entre 1967 y 1972, José María Muñoz confió en él para desempeñarse como comentarista en Radio Rivadavia, continuando así una tradición que incluía a voces tan reverenciadas como las de Enzo Ardigó y Enrique Macaya Márquez. Su desembarco televisivo más potente se produjo en los años noventa, cuando condujo Tribuna Caliente junto al recordado Antonio Carrizo, con un panel que incluía a Guillermo Nimo, Roberto Ayala, Horacio García Blanco, Cherquis Bialo y Carlos Juvenal, bajo la producción creativa de Gerardo Sofovich.

Un aspecto central de su legado fue su asombrosa capacidad de adaptación y su equilibrio analítico en medio de las disputas ideológicas del fútbol argentino. Durante las décadas de 1970 y 1980, la grieta entre “menottistas” y “bilardistas” dividió aguas dentro y fuera de las canchas. Ricardo supo mantenerse al margen de las facciones: “No me ‘afilié’ a ningún bando, traté de rescatar y tomar cosas de ambos”, declaró en una entrevista con el Canal de la Ciudad. Esa independencia de criterio le valió el respeto tanto de unos como de otros.

Desde 2002, volvió a la frecuencia de Radio Nacional para compartir comentarios junto a Walter Saavedra y Héctor Drazer. Y entre 2009 y 2013, participó activamente de las transmisiones de Fútbol para Todos, en la etapa en que los relatos estaban encabezados por Marcelo Araujo, cerrando así un círculo de colaboraciones memorables.

Apenas unos meses antes de su partida, en noviembre de 2024, Julio Ricardo fue distinguido como Personalidad Destacada del Periodismo Deportivo Argentino en la Legislatura Porteña, merced a un proyecto impulsado por el diputado Claudio Ferreño. En aquella ceremonia, el legislador destacó: “Hoy celebramos la trayectoria de uno de los grandes del periodismo. Su nombre evoca compromiso, profesionalismo y una pasión contagiosa por el deporte que todos compartimos. Él ha sido y sigue siendo una fuente de inspiración”. Al tomar la palabra, Ricardo agradeció el gesto y, con la lucidez que siempre lo caracterizó, dedicó un recuerdo a la selección argentina campeona del mundo en Qatar 2022: “Es el deporte –dijo– el que le está mostrando al mundo que es posible vivir en paz, de no vivir en guerra ni en grietas de manera permanente. Fue excepcional lo de aquel día”.

Con la muerte de Julio Ricardo, el periodismo deportivo argentino pierde no solo a un testigo privilegiado de su propia historia, sino a un maestro que supo combinar la erudición con la calle, la pasión con la distancia crítica. Su voz seguirá resonando en cada crónica bien contada, en cada análisis sin dogmas, en cada joven periodista que aún hojea las páginas amarillentas de La Cancha buscando el estilo de un hombre que, ante todo, amaba contar lo que veía.

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