En un estadio Presidente Perón convertido en escenario de furia y frustración, Racing Club no solo cedió terreno ante River Plate, sino que además encendió las alarmas internas tras una acción temeraria de Marcos Rojo. El defensor vio la tarjeta escarlata por un golpe sin esferas a Lucas Martínez Quarta, desatando la autocrítica feroz de Gustavo Costas, quien reclamó mayor inteligencia en momentos críticos. El conjunto de Avellaneda se despide de la zona de privilegio y ahora deberá rearmarse en dos frentes: la recuperación anímica ante Aldosivi y el desafío sudamericano frente a Botafogo.
En el corazón de Avellaneda, la noche se tiñó de rojo, pero no del orgullo de la banda horizontal, sino del fulgor violento de una expulsión que terminó por incendiar cualquier esperanza académica. El duelo entre Racing Club y River Plate, disputado en el mítico estadio Presidente Perón, dejó un saldo mucho más amargo que la simple pérdida de unidades en el torneo Apertura. El foco de todas las miradas, y también de todas las críticas, apuntó directamente a Marcos Rojo, el experimentado defensor central que, en un arrebato sin justificación alguna, conectó un golpe sin la presencia del balón sobre Lucas Martínez Quarta. La acción, captada por los ojos atentos del árbitro y confirmada por el VAR, derivó en la roja directa y dejó a la Academia con diez hombres durante un tramo decisivo del encuentro.
Lejos de minimizar el episodio, el entrenador Gustavo Costas no tardó en encender las señales de alarma dentro del vestuario. En sus primeras impresiones posteriores al pitazo final, el estratega reconoció la gravedad de lo ocurrido y lanzó una frase que retumbó con fuerza entre los hinchas y los periodistas: “No podemos dejar al equipo con diez, hay que ser más inteligentes”. Sin embargo, también mostró una cautela prudente al admitir que aún no había revisado las imágenes del lance conflictivo. “Lo hablaremos mañana. Hoy, en caliente, no vamos a hablar. Todavía no la vi bien. Cambeses y Maravilla me dijeron que no era para expulsión”, declaró, dejando entrever cierta división de opiniones entre sus propios dirigidos. No obstante, esa mesura inicial se desvaneció cuando profundizó en el análisis colectivo: “No nos pueden pasar esas cosas. No podemos dejar al equipo con diez y cuando vamos perdiendo…”. La elipsis final de Costas dijo más que mil palabras: la frustración era tan palpable como el silencio que invadió las gradas tras la derrota.
El traspié en casa no solo dolió en el orgullo, sino que también golpeó de lleno en las aspiraciones clasificatorias del conjunto albiceleste. Racing, tras este nuevo tropiezo en su propio feudo, quedó fuera de la zona que otorga boletos a los octavos de final del certamen local. La tabla comenzó a mostrar una foto incómoda: los mismos puntos que Tigre, aunque por detrás en la diferencia de goles, un margen tan estrecho como peligroso. El propio Costas, en un ejercicio de honestidad desnuda, valoró el desempeño global de sus pupilos, aunque sin esconder el pesar por el desenlace adverso. “En el primer tiempo, en el segundo también, si no metés los goles es difícil. Tanto con Independiente como hoy, fueron los mejores partidos del campeonato. En el final nos alocamos y tuvimos muchas fallas. Faltó meterla, al igual que el sábado”, reflexionó, en un diagnóstico que mezclaba el orgullo por el juego desplegado con la impotencia por la falta de puntería.
El episodio de Marcos Rojo, sin embargo, no fue la única llaga que el entrenador decidió explorar en la conferencia de prensa. Costas insistió en que la ineficacia ofensiva volvió a convertirse en un fantasma recurrente dentro del área rival. “Nos falta meterla. La pelota no entra. Generamos chances muy claras en el primer tiempo y en el segundo. Capaz que jugás mal y ganás y jugás bien y perdés. Contra Independiente y River jugamos nuestros mejores partidos. No merecíamos ni empatar y perdimos. Y eso duele”, enfatizó, con la voz entrecortada por la resignación de quien ve cómo su equipo se estrella una y otra vez contra el mismo muro de la falta de definición. Ese dolor, el de no convertir el dominio en victoria, se sumó a la hemorragia táctica que significó jugar más de media hora con un hombre menos.
Más allá de los reproches y las heridas abiertas, el horizonte inmediato obliga a Racing a recomponer los fragmentos dispersos. Costas adelantó que la ausencia obligada de Rojo forzará al cuerpo técnico a buscar variantes defensivas para el próximo compromiso liguero ante Aldosivi. Como un tenue rayo de esperanza, el entrenador también confirmó que el lateral Gabriel Rojas, recuperado de un desgarro, podría reaparecer en ese encuentro para oxigenar la retaguardia. Pero antes de pensar exclusivamente en el torneo doméstico, la Academia deberá afrontar un compromiso de máxima exigencia internacional: este miércoles a las 19:00, nuevamente en el Cilindro de Avellaneda, recibirá a Botafogo por la segunda fecha del Grupo E de la Copa Sudamericana. Será una prueba de fuego para medir la capacidad de resiliencia de un equipo que, entre expulsiones polémicas y goles que no llegan, busca redimirse sin dejar de mirarse en el espejo cruel de sus propios errores.
