Macri encabezó un llamado a la planificación rigurosa en la cena de la Fundación Pensar y advirtió sobre los costos de la falta de previsión histórica en el país

Macri encabezó un llamado a la planificación rigurosa en la cena de la Fundación Pensar y advirtió sobre los costos de la falta de previsión histórica en el país

El exmandatario se pronunció ante referentes del PRO, empresarios y diplomáticos en La Rural, en un encuentro que derivó en un diálogo sobre inteligencia artificial tras la cancelación de última hora de un invitado internacional. La exgobernadora Vidal remarcó la necesidad de equipos preparados y huyó de la urgencia electoralista.

En una velada que convocó a las principales figuras del PRO en el predio de La Rural, el ex presidente Mauricio Macri volvió a erigirse como el faro crítico de los desaciertos nacionales al sentenciar, sin titubeos, que lo más perjudicial que puede aquejar a la gestión pública es la improvisación, un mal que, a su juicio, la Argentina padeció en exceso a lo largo de su historia. El lunes por la noche, durante la tradicional cena anual de la Fundación Pensar —el laboratorio de ideas y semillero de dirigentes del espacio amarillo—, el fundador del partido abrió su intervención con esa máxima contundente, que funcionó como antesala de un intercambio con el especialista en divulgación científica Santiago Siri acerca de las implicancias de la inteligencia artificial. Aquella fue también la primera exposición pública del exmandatario luego del relanzamiento partidario consumado en Parque Norte.

El evento, organizado por la también ex gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal en su calidad de presidenta de la fundación, reunió a un arco heterogéneo que incluía a referentes políticos de diverso calibre, reconocidos hombres de negocios y miembros del cuerpo diplomático acreditado en el país, todos bajo el lema movilizador de “anfitriones del futuro”. La propia Vidal desgranó el sentido de esa consigna durante su alocución inicial: “El futuro no arriba por generación espontánea; exige conducción, previsión y grupos de trabajo que lo tornen factible”. Y profundizó: en el PRO todos sus integrantes coinciden en que alcanzar el triunfo en una contienda electoral resulta insuficiente si no se dispone de cuadros formados y programas de gobierno consistentes. El éxito verdadero, añadió, reposa sobre la planificación meticulosa y la aptitud para ejecutar, sobre todo en una nación acuciada por urgencias que no admiten demoras, donde la falta de método se convierte en un lujo prohibitivo.

Más allá de los discursos de apertura, Vidal insistió en que el interrogante fundamental que debe guiar a la política es el “para qué” se ambiciona gobernar. Demasiado frecuentemente, advirtió, la actividad partidaria extravía su rumbo cuando olvida el propósito último del poder. Y en esa definición, sentenció, el partido tiene la palabra. Desde esa perspectiva, ella concibe a Pensar como el “cómo”: el vehículo para alcanzar ese “para qué” a través de propuestas concretas, innovaciones e ideas transformadoras. Su deseo final fue terminante: quieren ser protagonistas del próximo salto, ese que lleve a la Argentina desde la inestabilidad hacia el desarrollo durable, generando la confianza necesaria para que el cambio se consolide para siempre.

Luego tomó la palabra Jorge Macri, quien en una jornada carente de pronunciamientos políticos de alto voltaje salió en defensa del liderazgo del PRO en la Ciudad de Buenos Aires, particularmente frente al avance de La Libertad Avanza en su intento por reposicionarse y disputarle poder territorial. El jefe de gobierno porteño afirmó que no se proponen detener un proceso ya en marcha, sino que están dispuestos a capitanearlo con visión de futuro, método, solidez de equipo y determinación. Subrayó que la urbe se anima a reinventarse, convoca a los mejores talentos y jamás renunciará a ser ese faro de la Argentina posible. Y lanzó una advertencia: defenderán la ciudad de aquellos que prefieren un modelo de vida más caótico y desordenado, donde la persona individual no goza de tanta libertad.

Durante el cóctel previo a la cena —que incluyó plato principal, postre y café—, el denominado Caso Adorni planeó como un fantasma en todas las conversaciones informales. Más de un dirigente del PRO, consultado por este medio, confesó mantenerse “sorprendido por la inacción y el silencio” del Gobierno nacional en torno a las investigaciones que involucran al jefe de Gabinete. El malestar subterráneo evidenció la fragilidad del vínculo entre el macrismo y la administración actual, pese a las alianzas parlamentarias coyunturales.

Ya en el salón principal, Macri estuvo escoltado por una de las personas de su entera confianza, el diputado nacional y secretario general del partido, Fernando De Andreis. En una mesa próxima se ubicó el empresario y ex presidente de Boca Juniors, Daniel Angelici, mientras que en otra se sentó Cristian Ritondo, líder de la bancada PRO en Diputados, quien precisamente al día siguiente tenía previsto reunir en la sede de Balcarce a los principales referentes bonaerenses para formalizar las nuevas autoridades partidarias y analizar la coyuntura política. La nómina de asistentes se completó con una larga lista de funcionarios porteños, entre ellos Ezequiel Sabor, Fernán Quirós, Francisco Quintana, Clara Muzzio, Fulvio Pompeo, Daniel Siciliano, Gabriel Sánchez Zinny, Ignacio Baistrocchi, Gabino Tapia, Gustavo Arengo y Mercedes Miguel. También concurrieron Mora Jozami, directora de Casa Tres e integrante de Pensar Lab; Gabriel Astarloa, decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Austral; Damián Pozzoli, director de Banco Macro; el ex presidente de Accenture Argentina Sergio Kaufman; Gabriel Martino, cofundador de Clave; el banquero Guillermo Stanley; el CEO de Banco Macro, Juan Parma; y el empresario Federico Braun, de La Anónima.

El listado de concurrentes incluyó además al ex ministro de Transporte Guillermo Dietrich; Eugenio Burzaco, ex titular de la cartera de Seguridad porteña; el ex ministro de Modernización Andrés Ibarra; el senador nacional Martín Goerling; y los senadores provinciales Pablo Petrecca y Alex Campbell. No faltaron los embajadores Erik Høeg (Unión Europea), Diego Cánepa (Uruguay), Fares Yassir (Marruecos) y Julio Glinternick Bitelli (Brasil), lo que evidenció la vocación internacional del encuentro.

La idea original de Vidal y los organizadores consistía en cerrar la velada con un diálogo entre Macri y un invitado extranjero para reflexionar sobre el devenir político. El año anterior ese espacio había sido ocupado por el ex presidente uruguayo Luis Lacalle Pou. En esta ocasión, la invitación cursada al español Alberto Núñez Feijóo, presidente del Partido Popular y líder de la oposición a Pedro Sánchez, no pudo concretarse por problemas de agenda. Ante esa baja, se reconvirtió el tono de la charla hacia el impacto de la inteligencia artificial, un giro que Macri celebró con ironía: agradeció a Siri porque, gracias a la ausencia de “un amigo expresidente”, pasaron de una conversación quizás menos entretenida a un tema que está impactando de lleno en la vida de todos. El exmandatario confesó que le gusta escuchar a Siri, a quien definió como uno de los pocos optimistas respecto del papel que la Argentina puede jugar en esta revolución tecnológica, y sugirió que el país debería evitar cambiar de rumbo cada cuatro años para brindarse un poco más de previsibilidad.

En un pasaje más liviano, Macri compartió una anécdota reciente ocurrida durante un concierto del DJ Hernán Cattáneo: una mujer con la que entabló conversación le propuso evitar las presentaciones formales y recurrir directamente a ChatGPT para que describiera su personalidad. El resultado, dijo, fue una descripción impresionante. Con cierto humor, recordó además que Siri había sugerido años atrás que la Argentina destinara un porcentaje de sus reservas a Bitcoin cuando la criptomoneda valía menos de 300 dólares. Macri concluyó con un dardo ocurrente: “Seguramente (Alberto) Fernández y (Sergio) Massa en el gobierno anterior se lo hubiesen gastado igual, así que no hubiese servido de nada”, cerrando así una noche donde la crítica a la improvisación histórica y la apuesta por la planificación metódica atravesaron cada intervención.

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