La cifra representa la variación más pronunciada en doce meses, según el organismo estadístico oficial. Los rubros vinculados a la enseñanza y el transporte público lideraron las subas, mientras que el acumulado anual ya roza el dígito superior y la medición interanual supera el treinta por ciento.
En un contexto de persistente volatilidad económica, el indicador oficial de precios al público ofreció un nuevo dato que encendió las alertas entre analistas y funcionarios. Durante el tercer mes del año, el aumento generalizado del costo de vida alcanzó un preocupante 3,4 por ciento, de acuerdo con la última publicación del ente que mide la evolución de los precios en los hogares argentinos. Este registro no solo confirma una dinámica alcista que se extiende ininterrumpidamente desde hace diez meses, sino que además constituye la variación mensual más elevada desde igual período del año previo.
El relevamiento oficial detalló que, considerando los primeros tres meses del calendario, la carestía acumulada ya supera el nueve por ciento —exactamente 9,4%—, mientras que la comparación con marzo del año precedente arrojó un encarecimiento del orden del 32,6 por ciento. Estas magnitudes evidencian que la desaceleración inflacionaria, una de las metas declaradas por la conducción económica, enfrenta serios obstáculos para consolidarse.
Al desglosar por tipologías de bienes y prestaciones, los analistas del organismo observaron que los valores sujetos a regulación estatal fueron los que más presionaron al alza, con un incremento del 5,1 por ciento. Detrás de ese guarismo se esconden los ajustes aplicados a las tarifas de los servicios domiciliarios, los boletos del transporte masivo de pasajeros y las cuotas de los establecimientos educativos privados. Le siguieron en importancia el núcleo duro del índice —que excluye bienes estacionales y precios regulados—, con una suba del 3,2 por ciento, apenas una décima por debajo del nivel general, y finalmente los productos y servicios con comportamiento estacional, que avanzaron un 1 por ciento. Dentro de este último grupo, los viajes turísticos y el recambio de colecciones en indumentaria compensaron con creces las mermas estacionales que sufrieron frutas y verduras.
Entre los sectores de consumo que más incidieron en la medición mensual, el rubro educativo se destacó por su abrupto salto del 12,1 por ciento, un fenómeno recurrente cada vez que comienza el ciclo lectivo anual. El segundo puesto en el podio de los mayores encarecimientos correspondió al transporte, con un 4,1 por ciento, empujado por los combustibles líquidos, las tarifas del colectivo y el tren, y los pasajes aéreos.
Sin embargo, cuando se analiza la repercusión regional en la variación de un mes a otro, la categoría que más gravitó fue la de los alimentos y las bebidas sin graduación alcohólica. Dentro de esa división, el segmento de las carnes rojas y sus derivados trepó un significativo 6,9 por ciento solo en el área metropolitana que rodea a la capital del país. En las antípodas de esa tendencia se ubicaron dos divisiones con los avances más moderados: los bienes y servicios diversos (1,7%) y el equipamiento y mantenimiento del hogar (1,3%).
Las previsiones previas al anuncio oficial ya anticipaban un resultado negativo. El sondeo periódico que realiza la autoridad monetaria entre consultoras privadas y entidades financieras, conocido como Relevamiento de Expectativas de Mercado, había estimado una inflación cercana al tres por ciento para el mes pasado, con un núcleo inflacionario rondando el 2,9 por ciento. Por su parte, el indicador elaborado por la administración porteña, que suele marizar la pauta nacional por sus diferencias metodológicas aunque anticipa tendencias generales —sobre todo en meses con fuerte peso de regulados y estacionales—, registró un alza del tres por ciento, por encima del 2,6% de febrero. En ese caso, los mismos motores explicaron la suba: el comienzo de las clases, los combustibles y la inercia persistente en los alimentos, con un aumento educativo cercano al nueve por ciento que justificó gran parte de la variación mensual.
Mirando hacia adelante, las mismas fuentes que acertaron en la dirección del movimiento pronostican ahora un sendero de desaceleración gradual aunque no exento de sobresaltos. Para abril proyectan un avance del 2,6 por ciento; para mayo, del 2,3; y entre junio y julio esperan una convergencia hacia el dos por ciento. En la segunda mitad del año, las estimaciones ubican la inflación mensual por debajo de ese nivel, con un cierre anual estimado en el orden del 29,1 por ciento. No obstante, el dato de marzo introduce un signo de interrogación mayúsculo: la trayectoria descendente no será una línea recta, y los permanentes ajustes de precios relativos siguen ejerciendo una presión que ningún pronóstico puede dar por descontado.
