Lejos de los reflectores y sin registros fotográficos, el gobernador bonaerense y el ex candidato presidencial sellaron coincidencias para sostener la unidad del arco opositor. La reunión despierta suspicacias en sectores internos, mientras el mandatario provincial acelera su proyección nacional e internacional para consolidarse como el contrapeso principal frente a la administración de Javier Milei.
En el silencio de los despachos oficiales, alejado del fragor de la agenda pública que supo ocupar, el ex candidato presidencial Sergio Massa atravesó el umbral de la Gobernación bonaerense para encontrarse con Axel Kicillof. No hubo flashes ni comunicados de prensa. La cita, desarrollada en la más absoluta reserva, tuvo como eje central un análisis profundo del tablero político nacional y, de manera particular, de los devenires internos del peronismo. Aquel que condujo la boleta presidencial en las últimas elecciones y que luego se replegó tras la derrota, suele dejar filtrar con sutileza su convencimiento acerca de una necesidad imperiosa: preservar la cohesión del espacio y evitar la fragmentación anticipada. En esa perspectiva, el mandatario provincial no solo suscribe plenamente, sino que añade una capa adicional: la imperiosa tarea de tejer un frente de contornos extensos, capaz de aglutinar voluntades diversas para plantar batalla ante Javier Milei en la contienda de 2027.
El hermetismo que rodeó al cónclave en la capital provincial, del cual no trascendieron imágenes, podría generar incomodidad o recelo en algunas facciones de la dirigencia justicialista. Sin embargo, desde las cercanías de ambos protagonistas se esforzaban por restar dramatismo al suceso, argumentando que la comunicación entre Kicillof y Massa es continua, casi con periodicidad mensual, y que este tipo de intercambios no constituyen una novedad en sí mismos. No obstante, en el clima político actual cualquier gesto o encuentro es sometido a la lupa del armado electoral: los plazos se han comprimido, la percepción de urgencia crece y los nuevos realineamientos comienzan a esbozarse con nitidez.
En esa misma línea de análisis, adquirió resonancia el reciente acercamiento del gobernador con Emilio Monzó y Nicolás Massot, dos referentes que militaron en las filas de Cambiemos. Asimismo, resultó particularmente llamativo el paso de Miguel Pichetto por el edificio de San José 1111 para dialogar con Cristina Fernández de Kirchner. Massot, en una confidencia posterior, describió a Kicillof como una persona transformada respecto de aquella que manejaba la cartera de Economía: “Hoy tiene que administrar una provincia atravesada por la carestía, con el desempleo en ascenso. Lo percibí con los pies firmemente apoyados en el suelo”, reveló. Pichetto, Massot y Monzó se hallan inmersos en la gestación de una estructura de centroderecha que aspira a medirse con el oficialismo bonaerense en una eventual instancia de Paso a la gobernación durante el año venidero. En ese tablero, emerge con fuerza el nombre del empresario y antiguo presidente del Club Atlético River Plate, Jorge Brito, quien también mantuvo reservadamente una charla con la vicepresidenta Victoria Villarruel, ansiosa por desempeñar un rol protagónico en una oferta electoral de tinte conservador. Como un dato que añade espesor a la trama, la familia Brito ha cultivado históricamente un vínculo estrecho con el propio Massa.
El ex titular de la Cámara de Diputados se distingue por ser un observador minucioso del pulso ciudadano. En las últimas semanas ejecutó movimientos que evidencian su voluntad de retornar a la primera plana del debate público: participó de la multitudinaria marcha del 24 de marzo y, durante el fin de semana, fue visto en la Quinta de San Vicente, donde compartió un encuentro futbolístico con intendentes peronistas y dirigentes de su espacio, el Frente Renovador. Hace algunos días, en un diálogo distendido con periodistas, Massa descartó la posibilidad de candidatearse para la gobernación bonaerense, aunque dejó entreabierta la chance de una revancha presidencial frente a Milei. Ese escenario, presumiblemente, formó parte de la conversación que sostuvo a puertas cerradas con Kicillof, considerado hoy como la figura opositora mejor posicionada para la competencia mayor.
Paralelamente a esta danza de reuniones estratégicas, el gobernador bonaerense ha comenzado a delinear los contornos de su propia estructura nacional. Distribuyó roles entre los principales referentes del Movimiento Derecho al Futuro, quienes tienen la misión de relevar el terreno político en las distintas provincias. Este martes, Kicillof acompañará el reclamo de los jefes comunales ante el Ministerio de Economía por las partidas adeudadas a los municipios, y es factible que se cruce con varios de ellos en la sede de la Federación Argentina de Municipios. Por otra parte, quedó confirmado que el jueves próximo emprenderá viaje hacia Madrid y posteriormente a Barcelona, donde el viernes y sábado participará de jornadas y foros en el marco del Movimiento Global Progresista, a instancias de una invitación cursada por el presidente español, Pedro Sánchez. Este despliegue, que abarca la gestión diaria, el tejido territorial y la proyección internacional, apunta a un mismo objetivo: consolidar al mandatario bonaerense como la referencia opositora indiscutida con la mira puesta en las elecciones de 2027.
