En un encuentro de la cámara empresarial estadounidense AMCHAM, el mandatario justificó el índice del 3,4% de marzo con argumentos bélicos y estacionales, ratificó a su jefe de Gabinete investigado por corrupción y aseguró que “la motosierra no se detiene”, mientras la prensa permanecía confinada en un perímetro restringido.
En una jornada signada por el pesimismo económico, los coletazos judiciales y la turbulencia política, el presidente Javier Milei ofreció un encendido discurso ante la cámara que nuclea a las empresas estadounidenses en el país, AMCHAM. Visiblemente alterado, con el tono elevado y un evidente estado de agitación, el jefe de Estado intentó dar coherencia a lo que muchos calificaron como intentos de justificar lo injustificable. Durante el evento, dispuso en la fila delantera al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, quien se encuentra bajo la lupa de la justicia por presuntos actos de corrupción, y lo respaldó de manera explícita en un gesto que sorprendió a los presentes.
El mandatario confesó su malestar por la inflación de marzo, que alcanzó el 3,4%, un número que dijo haberle provocado repulsión. No obstante, lanzó una previsión optimista: “Tarde o temprano las cosas van a empezar a funcionar”. En su intento por relativizar el impacto del índice, argumentó que si se excluyera la suba del precio de la carne, la medición se habría ubicado en el 2,5%, y llegó a sostener que “esto no es inflación estrictamente, es que pegó un salto el nivel de precios”.
El contexto del discurso no fue menor. La Casa Militar desplegó un operativo de seguridad de gran envergadura, las luces del salón se mantuvieron atenuadas y los periodistas fueron relegados a un sector acotado, aislados tras un vallado que les impedía cualquier aproximación a los funcionarios. Pasadas las seis de la tarde, Milei subió al escenario y, sin prólogo, abordó el dato inflacionario. Subrayó que mientras los políticos tradicionales suelen hacer caso omiso a los malos números, él, por su carácter disruptivo y su odio declarado hacia la inflación, prefería encarar el asunto de frente, aunque el dato le resultara asqueroso.
Para explicar la evolución adversa de los precios, el Presidente enumeró tres causas: el denominado “riesgo kuka” vinculado a comicios pasados, el conflicto bélico entre Estados Unidos e Israel contra Irán, y la estacionalidad negativa del mes de marzo. Afirmó que desde mediados del año anterior la Argentina debió soportar dos conmociones de magnitud descomunal y recordó que en mayo la inflación había descendido al 1,5%. Fue entonces cuando aprovechó para elogiar a Adorni, a quien describió como artífice de una “extraordinaria elección” en la ciudad de Buenos Aires que permitió al oficialismo ganar ese distrito contra todo pronóstico. Según Milei, a partir de ese triunfo se desató un ataque destituyente desde la política, con más de cuarenta leyes sancionadas en el Congreso destinadas a quebrar el equilibrio fiscal, aunque sin éxito. Sus palabras fueron celebradas con aplausos por los concurrentes.
El mandatario agregó que, lejos de derrumbarse, el país recibió un sólido respaldo en las urnas, con una victoria del 41% y una diferencia de diecisiete puntos sobre el kirchnerismo, además de la remontada en la provincia de Buenos Aires. Sobre la inflación de marzo, insistió en que la estacionalidad juega en contra y que si se aísla el componente cárnico de la medición núcleo, el verdadero índice subyacente se mantiene en el 2,5%, igual que el mes anterior. Pronosticó que esos factores puntuales desaparecerán y que la demanda de dinero ya comenzó a repuntar.
A medida que avanzaba su alocución, Milei intensificó el volumen y la crispación. Cité a sus economistas de cabecera y arremetió contra lo que denominó la hipótesis del “Círculo Rojo”, según la cual para crecer habría que aceptar mayor inflación relajando las políticas fiscal y monetaria con miras a ganar elecciones. Calificó esa postura como “basura”, “inmunda” y “repugnante”, y aseguró que ese enfoque se aplicó sistemáticamente desde 1935 sin que la Argentina se convirtiera en potencia mundial. Aseveró que al asumir el gobierno, el país se encaminaba a transformarse en una nueva Cuba con escalas en Venezuela. Acto seguido, arremetió contra el círculo rojo, los periodistas y los “econochantas”, desmintiendo que inflar y estimular la economía permita ganar comicios, ya que eso implicaría mentir y defraudar a los agentes económicos, dinamitando la reputación oficial.
A la salida del encuentro, varios asistentes manifestaron sorpresa ante las repetidas frases del Presidente acerca de que “si se tenía que ir se iba”. Algunos señalaron que Milei se mostró nervioso y desaprovechó la oportunidad de dialogar con el poder empresarial. Sobre la inflación, coincidieron en que el número no gustó a nadie, pero con resignación preguntaron qué otra cosa podía hacerse.
Sin atisbos de autocrítica, el mandatario prometió mantener el rumbo. “La teoría económica y la evidencia empírica señalan que debemos sostener el equilibrio fiscal, seguir ajustándolo y continuar con la motosierra”, vociferó desde el atril, con la iluminación casi extinguida. Reveló que en la última reunión de gabinete impartió la orden expresa de que la motosierra no se detenga, que se seguirá recortando el gasto público para bajar impuestos, se mantendrá una política monetaria restrictiva y se retirará todo el circulante de la calle hasta que colapse la tasa inflacionaria. Añadió que no cederán ni un ápice en materia monetaria ni en desregulación, que seguirán abriendo la economía y que no vinieron para perpetuarse en el poder, sino para escribir la mejor página de la historia argentina.
En un tramo final, culpó a la ciudadanía por si en el futuro decidiera no votarlo: “Nosotros vamos a hacer lo que corresponde. No vamos a salir del manual. Después la gente podrá elegir otro camino, será responsabilidad de los argentinos”. Se definió como un hombre no cínico en términos de utilitarismo político, con dominancia estocástica, y aseguró no poseer una mente siniestra ni maquiavélica. Mientras Adorni lo observaba desde la primera fila, Milei se animó a declarar que su política es justa y que se asienta en valores morales judeocristianos, donde mentir, estafar o robar están mal. Finalizó advirtiendo que no escucharán cantos de sirena, que se atarán al palo del barco y que escribirán la mejor página de la historia nacional, con o sin acompañamiento. “Si no nos acompañan, nos volvemos a casa, no pasa nada, todos podemos volver a trabajar al sector privado”, sentenció.
