La Bombonera recuperó su esencia copera: Boca venció a Barcelona y volvió a vibrar en la Libertadores

La Bombonera recuperó su esencia copera: Boca venció a Barcelona y volvió a vibrar en la Libertadores

Tras dos años de ausencia, el conjunto de la Ribera reeditó aquellas noches memorables con un triunfo contundente ante el conjunto ecuatoriano. La lesión de Marchesín empañó el inicio, pero los goles de Di Lollo, Ascacibar y Herrera sellaron una velada inolvidable, justo a días del Superclásico.

La mítica caldera de Brandsen 805 volvió a rugir con aquella intensidad que sólo el torneo continental más codiciado del continente sabe despertar. El regreso de Boca Juniors a la instancia inicial de la Copa Libertadores se materializó después de un lapso de tres años, y la primera presentación en condición de anfitrión evocó aquellas veladas legendarias que forjaron la identidad internacional del xeneize. El ambiente se cargaba de expectativa, porque el equipo dirigido por Diego Martínez arribaba con la moral inflada tras el triunfo conseguido en Santiago de Chile ante la Universidad Católica, un resultado que permitió afrontar la segunda jornada del Grupo D con una confianza renovada. El adversario de turno era Barcelona de Guayaquil, una escuadra que desembarcó en Buenos Aires con un condimento especial: en sus filas se encontraba Darío Benedetto, ese artillero que alguna vez desató la euforia popular con la camiseta azul y oro y que ahora regresaba como visitante.

La euforia del respetable por reencontrarse con la máxima competición a nivel de clubes sufrió un mazazo inesperado tan sólo doce minutos después del silbatazo inicial. El arquero Agustín Marchesín, figura clave en el arranque del certamen, abandonó el campo de juego entre lágrimas tras resentirse la rodilla derecha en una acción fortuita. Todo indicaba que la dolencia revestía caracteres de severidad, un pronóstico que sumió en la preocupación tanto a sus compañeros como a los miles de espectadores presentes. Paradójicamente, el propio Marchesín había intervenido instantes antes con una tapada providencial ante un remate de Benedetto, lo que constituía hasta ese momento el único intento serio de los ecuatorianos. La salida del guardameta afectó profundamente el ánimo del plantel local, porque el envión inicial que se había percibido en los primeros compases se fue diluyendo ante la consternación por la suerte de su custodio.

Pese a que Boca mantenía el dominio territorial y la posesión del esférico, le costaba horadar el entramado defensivo visitante. La situación más nítida llegó a través de un disparo de Miguel Merentiel, cuyo balón se estrelló contra el lateral de la red. Un instante después, Santiago Ascacibar estuvo cerca de romper la paridad con un testarazo que encontró bien ubicado al portero Contreras. Sin embargo, la insistencia del anfitrión encontró su recompensa en una maniobra que nació desde los pies de dos zagueros: Lautaro Blanco envió un centro preciso desde el flanco izquierdo, y Román Di Lollo saltó con oportunidad para conectar un cabezazo que, rozado por el arquero adversario, terminó alojándose en el fondo de la red. El grito de gol estalló como una liberación necesaria.

Durante el complemento, el cuadro local continuó acechando el arco contrario con determinación. Merentiel pudo haber ampliado la cuenta, pero el guardameta ecuatoriano controló sin mayores contratiempos. El manejo del encuentro siguió siendo propiedad del xeneize, apoyado en el oficio que desplegaron Leandro Paredes y Delgado en el sector medular. Lucas Janson, por su parte, intentó desbordar por los costados sin encontrar premio. Luego fue el turno de Bruno Valdez, quien exigió a Contreras con un remate que el arquero despejó al córner. Barcelona, mientras tanto, se sumía en la impotencia a medida que avanzaba el reloj, porque sus aspiraciones se desvanecían cada vez que sus jugadores traspasaban el círculo central, incapaces de hilvanar una jugada de peligro.

El único pero que atenazaba al público era la incapacidad de sentenciar la historia. Las oportunidades seguían sucediéndose, pero entre la envergadura del arquero rival y la falta de puntería propia, el segundo tanto no llegaba. La afición, entretanto, comenzaba a direccionar sus pensamientos hacia el compromiso del domingo venidero ante el archirrival en el estadio Monumental. Los cánticos alusivos al clásico se multiplicaban en las gradas, hasta que Ascacibar, el mismo que antes había estado cerca, concretó finalmente lo que el colectivo anhelaba. Otra vez de cabeza, otra vez tras un envío de Blanco, el mediocampista estableció el dos a cero. Ya en el tiempo de descuento, el español Ander Herrera puso la frutilla del postre al anotar el tercero, redondeando una exhibición que devolvió a Boca a esas noches coperas que durante tres años se le habían negado. La Bombonera, entonces, pudo festejar como en los viejos tiempos.

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