Platense hace historia en Montevideo: primer triunfo internacional y un grito que retumba en el Campeón del Siglo

Platense hace historia en Montevideo: primer triunfo internacional y un grito que retumba en el Campeón del Siglo

El conjunto de Vicente López superó 2-1 a Peñarol en su debut absoluto fuera del país, logró su primera victoria en la Copa Libertadores y se ilusiona con jornadas inolvidables. Franco Zapiola, desde los doce pasos, selló una noche mágica para el Calamar en tierras uruguayas.

Esa exclamación que se ha vuelto tan recurrente en los últimos días, ese “¡Historia!” que irrumpió con fuerza en el vocabulario del pueblo calamar, vuelve a tener plena vigencia. Y no es para menos. Platense, que hace apenas una semana vivió su estreno absoluto en la Copa Libertadores, acaba de dar un salto mayúsculo en su aventura continental. Este jueves, en la excursión inaugural de su vida fuera de las fronteras argentinas, el conjunto dirigido por Walter Zunino doblegó a Peñarol por 2-1 en el estadio Campeón del Siglo, en Montevideo. El triunfo no sólo representa los primeros tres puntos en la fase de grupos, sino también una inyección anímica que promete más noches memorables.

Como suele suceder cada vez que se cruzan un representante argentino y otro uruguayo en esta competencia, las fisonomías de ambos contendientes resultaron prácticamente un espejo. Dientes apretados, infracciones en abundancia —diecisiete apenas en la etapa inicial y cuarenta en el cómputo global—, escaso volumen de juego asociado y diálogos tensos a lo largo de los noventa minutos. En ese escenario de batalla, fue el cuadro de Vicente López el que evidenció tener mucho más claras sus intenciones para, posteriormente, ejecutar lo planeado con una madurez sorprendente para un debutante. Este partido y este adversario le cayeron como anillo al dedo: el Calamar va midiéndose, va conociendo su propio carácter y su inteligencia para afrontar duelos de esta magnitud, nunca antes experimentados en sus casi 121 años de vida institucional.

De allí brotó la confianza para conducir el encuentro a su antojo. La apertura del marcador no se anunció con una catarata de ocasiones, porque éstas no sobraron. La diferencia la hizo el visitante con orden, paciencia y, sobre todo, claridad meridiana para jugar hacia adelante y en abanico. Fueron múltiples los avisos que lanzó Platense, hilvanando varias jugadas por el sector izquierdo, donde el lateral Tomás Silva escaló una y otra vez como un puñal recurrente. Como si Zunino hubiera estudiado con lupa las flaquezas en el costado derecho del Manya, esa zona defendida por el argentino Franco Escobar —ex Newell’s y que terminaría expulsado—, el conjunto visitante ejecutó una y otra vez de memoria hacia ese flanco.

A los 21 minutos llegó la recompensa. Kevin Retamar abrió una jugada de primera intención, sin siquiera mirar, con destino hacia Tomás Silva, quien lanzó un centro perfecto para la entrada libre de Guido Mainero. El número siete cabeceó cruzado, de manera incontestable. Golazo. ¿Cuándo no va a aparecer él? Ese atacante parece diseñado para escribir cada capítulo histórico de esta institución. El mismo hombre que anotó para conquistar el primer trofeo de la historia del club —el Torneo Apertura 2025 que posibilitó la clasificación actual a la Libertadores— también fue el autor del primer gol internacional del Calamar. Un dato que quedará grabado para siempre en las páginas del sentimiento calamar.

El sacudón inicial no llevó al Carbonero más que a algunos intentos forzados desde media distancia. Sin embargo, el local encontró en la virtud de su rival su argumento más peligroso: así como Silva era una amenaza constante por sus proyecciones, el espacio vacío invitó a Peñarol a explotar al colombiano Luis Angulo. Esa era el arma a utilizar, como quedó expuesto en un desborde que derivó en un remate de Eduardo Darias que Matías Borgogno logró contener a los 41 minutos. El técnico uruguayo Diego Aguirre comprendió rápidamente el diagnóstico, y apenas doce minutos del segundo tiempo bastaron para exprimir con éxito al caribeño.

Irónicamente, fue el propio Silva —defensor surgido en San Lorenzo— quien no pudo evitar la jugada del empate. Angulo le ganó la espalda a Víctor Cuesta y asistió con un pase al borde del área para Matías Arezo, que definió contra un palo y desató el grito de alivio en las tribunas. El partido se reequilibraba y la ilusión calamar amenazaba con desmoronarse.

Pero Platense no bajó los brazos. Con una jugada que parecía intrascendente, un simple lateral al área, forzó la desesperación ajena. Tres minutos después del empate, Eric Remedi no calculó bien el rebote de la pelota y extendió inocentemente un brazo. Penal indudable. Y allí apareció una nueva oportunidad para agrandar la historia de Platense. La tensión era enorme, pero no para Franco Zapiola, quien cruzó fríamente su disparo de zurda y puso la ventaja definitiva. También fue crucial la intervención de Borgogno, que a los 28 minutos tuvo una reacción descomunal ante un remate a quemarropa del ingresado y veterano Abel Hernández. Esa tapada sostuvo el triunfo cuando más se necesitaba.

Ocho minutos de adición resultaron una eternidad para los nervios del Marrón. Por eso el festejo del propio arquero cuando el tiro libre de Mauricio Lemos se marchó desviado: Borgogno agitó los puños hacia una de las tribunas altas, donde explotaba la emoción de los hinchas calamares que viajaron hasta Montevideo. No era para menos. El equipo rompió rachas negativas: no ganaba desde el 21 de febrero, cuando venció a Barracas Central por el certamen local. Aquel en Uruguay fue apenas su quinto éxito en lo que va del año. Pero mucho más trascendente resulta haber quedado a la par de Palmeiras entre los únicos conjuntos que lograron ganarle a Peñarol en el Campeón del Siglo por Copa Libertadores. Hasta este jueves, el club uruguayo sostenía una marca imponente de veinte triunfos y cuatro empates en veinticinco compromisos disputados en esta competición dentro de su propio recinto. Ahora, Platense se sumó a ese selecto grupo. Y el grito de “¡Historia!” sigue retumbando.

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