Carlos María Frugoni, exsecretario de Coordinación de Infraestructura, abandonó su cargo tras admitir “un error” al no declarar inmuebles y sociedades en Estados Unidos. Su salida se produce en medio de denuncias penales, mientras el gobierno de Javier Milei enfrenta crecientes acusaciones de corrupción interna y decide endurecer su cruzada contra la prensa.
En una decisión que sacude los cimientos del palacio de Hacienda, el ministro de Economía, Luis Caputo, aceptó la dimisión de uno de sus colaboradores de mayor confianza. Se trata de Carlos María Frugoni, quien hasta hace apenas horas se desempeñaba como secretario de Coordinación de Infraestructura y debió dar un paso al costado luego de reconocer que posee siete propiedades no declaradas en la ciudad de Miami, en el estado de Florida. A ese relevante patrimonio oculto en territorio estadounidense se suman dos empresas comerciales constituidas en Delaware, cuyo rastro documental jamás fue presentado ante los organismos de control, ni ante la Oficina Anticorrupción (OA) ni ante la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA).
El ahora exfuncionario calificó su conducta como “un error” el no haber ajustado su accionar a los preceptos legales vigentes. Sin embargo, lo que en apariencia pudo haber sido una omisión burocrática derivó en una crisis política mayúscula. Frugoni fue reemplazado de inmediato por Fernando Herrmann, quien hasta ese momento ejercía como secretario de Transporte. La cartera que Herrmann deja vacante, en plena ebullición de un conflicto aún no resuelto con el transporte interurbano del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), será ocupada por el subsecretario Mariano Plencovich.
Presión pública y judicial
Según pudo reconstruir este diario, la renuncia de Frugoni no fue un gesto voluntario ni mucho menos repentino: obedeció a una intensa presión combinada del escrutinio ciudadano y de la maquinaria judicial. El exsecretario enfrenta denuncias formales por presunto enriquecimiento ilícito y omisión maliciosa en la declaración jurada de sus bienes. Mientras tanto, se multiplican los casos contra integrantes de la administración libertaria, y lo que parecía una gestión blindada contra la corrupción comienza a resquebrajarse. En ese contexto, el presidente Javier Milei opta por censurar a los medios de prensa, sostener una narrativa de victimización política y aferrarse al relato de lucha contra “la casta”, un discurso que, de acuerdo con las últimas mediciones de opinión pública, se está volviendo como un búmeran en contra del oficialismo.
Trayectoria y poder real
Antes de desembarcar en la Secretaría de Coordinación de Infraestructura, Frugoni había ocupado el cargo de director ejecutivo de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte hasta diciembre del año pasado. Desde entonces, su órbita incluía dos áreas de altísima sensibilidad social: las secretarías de Transporte y Obras Públicas. El ajuste ejecutado en esos sectores impacta de lleno en la vida cotidiana de los argentinos, ya sea por la paralización de obras de infraestructura o por la quita de subsidios al transporte, un costo que termina absorbiendo directamente el bolsillo de los pasajeros.
Las sociedades fantasma
Los instrumentos que habría utilizado Frugoni para adquirir los inmuebles en el extranjero fueron dos compañías fantasma: Genova LLC y Waki LLC, constituidas en los años 2021 y 2025 respectivamente en el estado de Delaware, conocido por su legislación laxa en materia de secreto corporativo. A través de esas firmas, el funcionario administraba los siete departamentos en la Florida, cuyos valores estimados oscilan entre 140.000 y 310.000 dólares cada uno. El grueso de esas adquisiciones se realizó entre 2020 y 2022, un período en el que Frugoni ya ostentaba responsabilidades públicas de primer nivel.
El intento de control de daños
Para demostrar autoridad frente al escándalo, el Gobierno sostiene que fue el propio Poder Ejecutivo el que le exigió la renuncia. No obstante, fuentes cercanas al caso confirmaron que el exfuncionario recibió asesoramiento legal específico para “emprolijar” su situación patrimonial, y que esa estrategia incluía, como paso inexorable, su retiro de la función pública. Lejos de ser un operador menor, Frugoni formaba parte del círculo más selecto de Caputo. Era miembro del núcleo conocido en los pasillos del poder como los “Newman Boys”, en alusión al colegio privado al que asistieron, además de Frugoni, el expresidente Mauricio Macri y Nicky Caputo, empresario ligado a la obra pública y primo del actual titular de la cartera de Hacienda.
Antecedentes incómodos
La hoja de ruta de Frugoni incluye otro episodio polémico. Durante su gestión en la ciudad de Buenos Aires bajo el mandato de Horacio Rodríguez Larreta, tuvo responsabilidad directa en la adjudicación del tramo principal de la obra del Paseo del Bajo. La licitación fue ganada por Iecsa, empresa entonces propiedad de Ángelo Calcaterra, primo de Mauricio Macri. La Justicia puso luego la lupa sobre las modificaciones en los plazos y en los criterios de evaluación que terminaron favoreciendo a esa constructora. Tampoco quedó exento de controversia el predio del KDT: en 2024 se aprobó la cesión de 5.000 metros cuadrados linderos al circuito por un plazo de 25 años a favor de Mechp, una firma vinculada a uno de los hijos de Nicky Caputo. Esa empresa fue la única oferente para desarrollar un emprendimiento comercial y deportivo en un terreno perteneciente a Autopistas Urbanas (AUSA), entidad que el propio Frugoni había presidido con anterioridad.
El derrotero de este funcionario, que supo caminar los pasillos del poder durante distintas administraciones, se cierra ahora con una salida envuelta en silencios patrimoniales, sociedades en paraísos fiscales domésticos y una justicia que comienza a mover sus fichas en un tablero cada vez más caliente para el gobierno de Milei.
