Javier Milei anunció el envío al Congreso de una iniciativa para crear un novedoso esquema de estímulos destinado a actividades productivas inexistentes en el país, en medio de una abrupta contracción de la actividad económica que ya registra su peor caída mensual desde los tiempos de la pandemia
El presidente Javier Milei conmocionó a los círculos políticos y empresariales al revelar que su administración remitirá al Parlamento un proyecto de ley destinado a instaurar lo que denominó como un “SÚPER RIGI”, una versión ampliada y perfeccionada del actual Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones que fue concebido originalmente en el marco de la Ley Bases. La sorpresa que generó este anuncio radica en un detalle no menor: apenas en febrero pasado, el Poder Ejecutivo había decidido extender hasta el 8 de julio de 2027 los plazos para acogerse al esquema de estímulos vigente, una herramienta que aún no había cumplido siquiera su primer ciclo de aplicación.
Según lo expuesto por el propio mandatario a través de su cuenta oficial en la red social X, esta flamante iniciativa estará dirigida a sectores de la producción que “jamás han existido en el territorio argentino”. El objetivo primordial, según explicó el jefe de Estado, consiste en dinamizar actividades económicas enteramente novedosas y propiciar la gestación de empresas vinculadas a esos rubros todavía inexistentes. El mandatario sostuvo enfáticamente que este nuevo régimen otorgará ventajas sustancialmente más atractivas que las contempladas en el esquema original, permitiendo de esta manera satisfacer las demandas productivas de los segmentos más pujantes de la economía y contribuyendo a multiplicar la creación de puestos de trabajo en el país. Hasta el momento, las autoridades no brindaron precisiones adicionales sobre el contenido del articulado ni sobre los plazos previstos para su tratamiento legislativo.
Una economía que se desploma mientras se gestan nuevos estímulos
Paradójicamente, mientras el Gobierno anuncia con bombos y platillos este andamiaje de incentivos para inversiones del futuro, los indicadores económicos del presente pintan un panorama desolador. De acuerdo con las últimas estadísticas oficiales disponibles y con el RIGI original todavía en vigencia, el nivel de actividad productiva sufrió durante febrero una severísima merma del 2,6% si se lo compara con enero, constituyéndose así en la peor baja mensual desde aquellos meses aciagos de la pandemia de coronavirus. Únicamente la retracción registrada en diciembre de 2023, ya con Milei al frente del Ejecutivo, puede asimilarse a esta magnitud de desplome.
El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) elaborado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) arrojó cifras alarmantes: un retroceso del 2,1% con relación a febrero del año anterior y una contracción del 2,6% en la medición desestacionalizada frente al mes precedente. Para encontrar una caída de semejante calibre hay que remontarse hasta abril de 2020, cuando la economía se derrumbó un 15,7% como consecuencia del aislamiento social preventivo y obligatorio. El único antecedente similar en tiempos recientes fue diciembre de 2023, ya durante la gestión actual.
Al analizar la comparación interanual, siete ramas de actividad exhibieron números en terreno negativo. Las contracciones más pronunciadas se observaron en el sector manufacturero, que se hundió un 8,7%, y en el comercio al por mayor y menor junto con las reparaciones, que retrocedió un 7%. Ambos rubros explicaron en conjunto una pérdida de 2,2 puntos porcentuales en el resultado global del indicador. En la vereda opuesta, ocho sectores mostraron mejorías respecto al año anterior. Los avances más destacados correspondieron a la Pesca, que escaló un 14,8%, y a la Explotación de minas y canteras, con un crecimiento del 9,9%.
Precisamente la actividad minera fue la que más aportó al resultado interanual del EMAE, seguida por Agricultura, ganadería, caza y silvicultura, que trepó un 8,4%. En conjunto, ambos sectores primarios contribuyeron con 0,8 puntos porcentuales al indicador general, logrando atenuar una debacle que, sin el impulso de estas actividades tradicionales, habría sido todavía más profunda. El contraste entre la anunciada apuesta gubernamental por industrias inexistentes y la dura realidad de una economía que se contrae mes a mes no pasó desapercibida entre los analistas, quienes advierten sobre la complejidad de pensar en gigantescas inversiones del mañana cuando el presente exhibe signos de recesión aguda.
