El mandatario utilizó una extensa entrevista en un canal libertario para autolegitimar su gestión económica, admitir la caída de los ingresos y la parálisis de la actividad, aunque sin asumir responsabilidades directas. En un discurso salpicado de excusas y afirmaciones controvertidas, atacó a la prensa, a los adversarios políticos y hasta recurrió a una analogía de mal gusto para justificar el férreo ajuste fiscal.
El jefe de Estado aprovechó la reciente difusión del indicador inflacionario correspondiente al mes de abril, ubicado en el 2,6 por ciento, para encender una señal de triunfo propagandístico. Sin embargo, lo que en apariencia podría interpretarse como un motivo de alivio oficial se transformó rápidamente en un nuevo capítulo de señalamientos hacia otros poderes y actores sociales. Durante una conversación transmitida por la plataforma digital Neura, de orientación libertaria, el gobernante no solo festejó el dato estadístico, sino que también endilgó a la dirigencia opositora, a las movilizaciones callejeras y a lo que calificó como “intentos de golpe de Estado” la responsabilidad por la aceleración de los precios en los meses previos y el estancamiento productivo.
El encuentro se prolongó por espacio de dos horas y media. Vestido con una camiseta alusiva a Allen & Company, un fondo especulativo al que varios analistas vinculan con intenciones de hacerse de recursos estratégicos en Vaca Muerta, el primer mandatario intentó esquivar desde el inicio cualquier referencia a la coyuntura partidaria. Los conductores del ciclo anunciaron que no abordarían temas “políticos”, una maniobra que, en los hechos, les permitió eludir menciones a las crecientes denuncias por corrupción que cercan al oficialismo, entre ellas las acusaciones de enriquecimiento ilícito contra el vocero presidencial, Manuel Adorni, y la controversial trama conocida como “criptoestafa $LIBRA”.
En un ámbito distendido, el líder libertario se explayó en alabanzas hacia su propia administración económica. “Estamos retornando a la normalidad”, afirmó con énfasis, y acto seguido redobló los ataques contra la dirigencia adversaria. Según su relato, el despegue inflacionario registrado desde mayo del año anterior se explicaría por “el peligro que encarnaba el kirchnerismo, los conatos de golpe de Estado, las maniobras legislativas en el Congreso y el accionar de quienes nos enfrentaban en la calle para desestabilizar”. Añadió, con un tono de creciente hostilidad, que “los medios de comunicación boicotearon el plan económico. Hubo una asonada contra el gobierno. Es necesario decirlo con todas las letras para que la ciudadanía lo comprenda”. En ese pasaje, calificó a los periodistas como “desechos humanos”.
Para reforzar su embate contra la prensa, Milei apeló a una anécdota por demás llamativa. Sin identificar al implicado, insinuó que un hombre de negocios habría intentado sobornar a funcionarios de su administración. “Si yo rechazo un soborno, ¿a quién tendrían que haber criticado, al empresario que quiso corromper o a quien no aceptó la coima? Los medios se pusieron del lado equivocado”, cuestionó.
En el terreno económico, el gobernante argumentó que las maniobras de la oposición provocaron un “derrumbe del valor de los bonos, una escalada del riesgo país y una suba de los intereses bancarios”. Esa turbulencia financiera, sumada a una menor demanda de pesos, habría generado —siempre según su exposición— “un salto en el nivel general de precios” como consecuencia de “una modificación en los precios relativos”. “Todo esto se tradujo en una escalada inflacionaria”, completó.
Con ese razonamiento, el Presidente intentó justificar por qué, entre mayo del año pasado y marzo del corriente, la inflación mensual ascendió en diez de once meses. La cifra de abril, difundida por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), reflejó un descenso frente al 3,4 por ciento del mes anterior. Un dato que el mandatario festejó con desmesura, pese a que en el pasado había pronosticado que para este momento de su mandato el alza de precios estaría prácticamente extinguida o rozando el cero.
El deterioro social no quedó fuera de sus palabras, aunque nuevamente buscó desentenderse. “En el primer trimestre también incidieron la estacionalidad y el conflicto bélico”, se justificó. “Entiendo que la población haya sentido una desilusión enorme”, reconoció. Fue en ese contexto donde soltó una expresión de mal gusto para respaldar el plan de ajuste: “Uno no puede olvidar que detrás hay personas. No es… ¡cómo me complazco mejor con un modelo matemático! Es ‘tengo que decidir en un mundo con una incertidumbre de la gran puta’”.
En lo concerniente a la parálisis de la economía, el gobernante aseguró que responde a una ficticia corrida impulsada por sus enemigos políticos. “Se disparó la inflación. El capital de trabajo se contrajo por la corrida. La tasa de interés se disparó y la descoordinación de la economía fue tremenda. Eso provocó que la actividad se detuviera en seco”, explicó, sin establecer nexo alguno con los efectos recesivos derivados del riguroso programa de ajuste fiscal ejecutado por el ministro de Economía, Luis Caputo.
“Comprendo que la ciudadanía se sienta disgustada porque la producción se frenó, el salario real se derrumbó y eso vino acompañado de un salto en la inflación, pero la alternativa era nefasta. Una de las realidades cuando uno está en la silla eléctrica es que debe optar entre un panorama malo y otro que es una reverenda porquería”, manifestó para defender una poda equivalente a “quince puntos del Producto Bruto Interno”.
Para cerrar, prometió que “trabajará con la meta de aniquilar la inflación”. “Junto a Toto odiamos la suba de precios. Queremos que sea cero”, concluyó.
