El asesor presidencial volvió a exhibir su red de contactos en Estados Unidos para reforzar su posición dentro de la administración libertaria, en medio de una disputa feroz con el círculo de Karina Milei y de un deterioro económico que profundiza el desgaste político del oficialismo.
Santiago Caputo volvió a instalarse en el centro de la escena política con una nueva incursión en Washington, un movimiento que en los pasillos del oficialismo fue interpretado como mucho más que una simple visita diplomática. El estratega más influyente del entorno presidencial aprovechó una breve estadía en la capital estadounidense para alimentar versiones sobre su peso internacional y enviar una señal interna en momentos en que su permanencia dentro del esquema de poder libertario aparece cada vez más cuestionada por el sector que responde a Karina Milei.
En un contexto de creciente fragilidad política y económica, el asesor presidencial utilizó sus vínculos con dirigentes y funcionarios cercanos al trumpismo para exhibirse como un interlocutor privilegiado frente a la Casa Blanca. La maniobra se produjo justo cuando Donald Trump enfrenta dificultades para sostener su propia agenda internacional y busca apoyo de China para contener el agravamiento del conflicto en Medio Oriente, una situación que alteró el tablero geopolítico global y encendió señales de alarma en Washington.
No es la primera vez que Caputo apela a sus conexiones externas para consolidar poder doméstico. En los últimos meses ya había recurrido a operadores republicanos y a figuras asociadas al universo trumpista para reforzar su influencia en la administración libertaria. En esta oportunidad, el viaje fue leído dentro del Gobierno como un intento de evitar que la eventual salida de Manuel Adorni arrastre también su caída, una posibilidad que sectores alineados con Karina Milei empujan desde hace semanas.
Durante su paso por Estados Unidos, Caputo mantuvo encuentros con funcionarios vinculados al Departamento de Estado y al entorno de Marco Rubio. Entre ellos apareció Reed Rubinstein, consejero legal del senador republicano y señalado por el oficialismo como una figura relevante en el litigio internacional por YPF. También tomó contacto con Michel Jensen, responsable del área del Hemisferio Occidental dentro del Consejo de Seguridad estadounidense, además del congresista republicano Brian Mast, representante del estado de Florida.
Dentro del oficialismo interpretan esos movimientos como un mensaje directo hacia Javier Milei. “Si me desplazan, se rompe el vínculo con Washington”, sintetizan cerca del asesor presidencial. La disputa interna ya dejó de ser un secreto y se transformó en una guerra silenciosa entre distintos sectores de La Libertad Avanza, donde confluyen intereses políticos, económicos y estratégicos.
El trasfondo internacional agrava todavía más el escenario. Estados Unidos atraviesa tensiones crecientes luego del endurecimiento comercial impulsado por Trump y de las dificultades para contener el conflicto energético derivado de la crisis en Medio Oriente. En ámbitos diplomáticos de Washington incluso comenzaron a aparecer comparaciones históricas con el deterioro británico posterior a la crisis del Canal de Suez, como símbolo de un liderazgo global en retroceso.
En paralelo, el oficialismo argentino enfrenta conflictos cada vez más visibles. La relación entre Santiago Caputo y Patricia Bullrich empezó a mostrar señales de acercamiento táctico frente al avance del núcleo duro encabezado por Karina Milei y los Menem. Mientras la ministra busca consolidar su propio armado político hacia 2027, el asesor presidencial intenta preservar espacios de influencia en áreas sensibles del Estado.
Uno de los focos más delicados de tensión aparece alrededor de la licitación de la Hidrovía, considerada una de las concesiones más estratégicas de las próximas décadas. La apertura de sobres prevista para los próximos días quedó envuelta en denuncias por presunto direccionamiento y fuertes presiones cruzadas entre empresarios, funcionarios y grupos mediáticos.
La multinacional belga Jan De Nul, que controla el dragado del sistema fluvial desde hace más de treinta años, vuelve a posicionarse como favorita frente a la también belga DEME. La disputa excede el plano comercial y refleja una puja de intereses donde confluyen sectores ligados al macrismo, operadores económicos y actores internacionales con influencia creciente sobre la política argentina.
En ese marco, sectores cercanos al Gobierno sostienen que detrás de las acusaciones contra Caputo existe una batalla más amplia vinculada al reparto de negocios estratégicos. El asesor presidencial aparece señalado tanto por sus adversarios internos como por grupos económicos enfrentados con el nuevo esquema de alianzas promovido desde la Casa Rosada.
La influencia estadounidense también comenzó a sentirse con fuerza en áreas sensibles como la energía nuclear, la propiedad intelectual y el sistema científico argentino. En las últimas semanas se multiplicaron las visitas de funcionarios norteamericanos a organismos estatales, mientras avanzan reformas regulatorias que generan alarma en sectores industriales y farmacéuticos nacionales.
Uno de los episodios más comentados fue la modificación impulsada por el Instituto Nacional de la Propiedad Industrial, interpretada por especialistas como un beneficio directo para laboratorios estadounidenses. La medida flexibiliza criterios vinculados a patentes y reabre un viejo conflicto entre empresas extranjeras y laboratorios argentinos por la extensión de derechos de exclusividad sobre medicamentos.
La decisión reactivó tensiones históricas dentro de la industria farmacéutica y volvió a instalar denuncias sobre una creciente subordinación de la política económica argentina a los intereses de Washington. Las críticas se profundizaron tras la presencia de representantes diplomáticos estadounidenses en encuentros oficiales organizados por el propio INPI.
Mientras tanto, la situación económica continúa deteriorándose. Aunque el Gobierno logró mostrar una desaceleración inflacionaria en los últimos meses, la mejora todavía no logra traducirse en alivio social. El aumento de tarifas, combustibles y transporte mantiene elevada la percepción de crisis entre amplios sectores de la población.
Estudios recientes reflejan además un marcado desgaste de la imagen presidencial. Encuestas nacionales muestran una caída pronunciada en el respaldo electoral a Javier Milei y un incremento del desencanto incluso entre quienes acompañaron al oficialismo en las últimas elecciones. El endeudamiento de las familias, la pérdida de poder adquisitivo y la incertidumbre cambiaria aparecen como las principales preocupaciones sociales.
En paralelo, nuevas polémicas golpean al oficialismo por los vínculos entre dirigentes libertarios y negocios vinculados al sistema de salud. Las denuncias sobre contrataciones dentro del PAMI, sobreprecios y conflictos de intereses exponen otra vez las tensiones internas alrededor del manejo de recursos públicos.
La disputa alcanza directamente a funcionarios cercanos al armado de Karina Milei y a sectores vinculados al asesor presidencial. En medio del ajuste más profundo de las últimas décadas, la obra social de los jubilados se convirtió en otro escenario de batalla política, mientras crece el malestar entre afiliados y trabajadores por el deterioro del sistema.
Con el Gobierno atrapado entre internas feroces, presión económica y creciente dependencia internacional, Santiago Caputo intenta sostenerse exhibiendo su capacidad de interlocución con Estados Unidos. Pero detrás de cada gesto diplomático también se esconde una señal de debilidad: la necesidad permanente de demostrar que todavía conserva el poder suficiente para seguir siendo indispensable dentro del universo libertario.