El espejismo de marzo se desvanece en abril: la economía argentina cojea y sólo el petróleo levanta vuelo

El espejismo de marzo se desvanece en abril: la economía argentina cojea y sólo el petróleo levanta vuelo

Menos de un día festejó el Gobierno la ilusión de un crecimiento que los estudios privados ya descartaron. Mientras la energía duplica las exportaciones agropecuarias, la construcción, la industria y el comercio se hunden hasta veinte puntos por debajo de los niveles previos a la gestión libertaria. La presión de los sectores beneficiados y el llanto de los excluidos marcan un quiebre interno que anticipa un debate clave entre Javier Milei y Luis Caputo para evitar una derrota anunciada en las urnas de 2027.

La administración nacional sobreactuó la celebración de los números correspondientes al tercer mes del año, cuando el producto bruto interno exhibió un avance interanual cercano al cinco y medio por ciento. Pero la euforia duró apenas un suspiro. En el transcurso de las siguientes veinticuatro horas, un puñado de consultoras privadas ya anticipaba que abril volvería a teñirse de retroceso en los niveles de actividad. Lo que subyace a esta volatilidad estadística revela una estructura económica profundamente fragmentada: el treinta por ciento de los sectores —aquellos favorecidos por la quita de gravámenes y retenciones— funciona a pleno, mientras que el restante setenta por ciento, justamente el que concentra la mayor masa de empleo y el termómetro social más sensible, permanece anclado en la recesión.

Dos centros de análisis de reconocida solvencia en el distrito financiero porteño tradujeron esta realidad en cifras contundentes. El petróleo y sus derivados energéticos se encaminan a exportar el doble que el complejo sojero, un fenómeno inédito que convierte a los hidrocarburos en el principal motor externo del país. Sin embargo, ese boom no derrama hacia el resto de la trama productiva. Ni siquiera en Vaca Muerta, la joya de la corona extractiva, se percibe una reactivación del consumo popular. Al mismo tiempo, los rubros de la construcción, la manufactura industrial y las ventas minoristas esenciales se desploman en una horquilla que va de tres a veinte puntos porcentuales por debajo de los registros de 2023, el año previo a la llegada de los libertarios al poder.

Esta dicotomía no admite ser interpretada como una simple economía a dos velocidades, sino como un modelo deliberadamente orientado a los sectores extractivos elementales. El corolario es la fractura interna del propio establishment: por un lado, los gremios empresarios que mendigan algún auxilio estatal y topan con la indiferencia oficial; por el otro, aquellos que acumulan millonarias ganancias y sin embargo redoblan la presión sobre el presidente Javier Milei para arrancarle nuevas concesiones.

Dos escenas recientes grafican esta grieta. La primera ocurrió el martes último en la sede de la Unión Industrial Argentina, ubicada sobre la Avenida de Mayo, durante una reunión en la que se repasó el encuentro previo con el ministro de Economía, Luis Caputo. El tono del diálogo, lejos de los comunicados triunfalistas que luego difundiría el funcionario en su cuenta de la red social X, fue desgarrador. “Les solicitamos una ayuda y la respuesta fue: ‘Lo anotamos, lo evaluamos y volvemos a conversar en agosto’”, reveló el presidente de la entidad, Martín Rappallini. Ante las expresiones de fastidio de los presentes, el dirigente soltó una frase que resultó impropia para un defensor confeso del credo libertario: “Necesitamos algo parecido a un Ahora 12 para reanimar el consumo, un programa de asistencia laboral como el REPRO, cualquier sostén que nos permita acompañar esta transición”. Algunos de los concurrentes abrieron los ojos con sorpresa. Caputo, que prefirió falsear el contenido del encuentro mediante un mensaje público en el que solo mencionó cuestiones impositivas, en rigor había recibido una súplica desesperada para que el Estado reconstruya la demanda que el mercado no genera.

En las entrañas de la Casa Rosada, la lectura es aún más cruda. El staff económico sabe que el espejismo de marzo no alcanzará para contener el desgaste político si la actividad no repunta antes del segundo semestre. Por eso, fuentes cercanas al despacho presidencial admiten que Milei y Caputo ya empezaron a delinear un debate interno de alto voltaje: cómo evitar una derrota segura en las elecciones de 2027 sin traicionar el credo del ajuste perpetuo. La energía, el agro y la minería —los tres sectores a los que el Gobierno les bajó impuestos y que, paradójicamente, no han creado puestos de trabajo netos— empujan con fuerza para profundizar sus privilegios. El resto de la economía, en cambio, se hunde en silencio. Brindar con agua, mientras tanto, se ha convertido en la metáfora exacta de un relato trunco que ningún comunicado de prensa podrá ya maquillar.

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