El impacto ocurrió en el acceso al barrio Las Barrancas, en Río Grande. Una camioneta y un automóvil colisionaron con graves daños materiales. El responsable del rodado menor arrojó casi dos gramos de alcohol por litro de sangre, lo que derivó en el secuestro del vehículo.
Un nuevo y preocupante episodio de siniestralidad vial conmocionó este domingo a la ciudad de Río Grande, esta vez en un tramo crítico de la Ruta Nacional N°3, específicamente en el ingreso al barrio Las Barrancas. El suceso, que despertó la inmediata movilización de los cuerpos de emergencia y seguridad, dejó como saldo cuantiosos daños materiales, una mujer trasladada de urgencia a un centro asistencial y un automóvil retenido por disposición judicial, en un caso que vuelve a poner sobre el tapete la problemática de la conducción bajo los efectos del alcohol.
El choque involucró a dos vehículos de características bien diferenciadas. Por un lado, una imponente camioneta Ford Ranger 4WD de color blanco, cuyo volante se hallaba en manos de Cristina Stoci. Por el otro, un compacto Toyota Yaris también blanco, guiado por Elías Alderete. La violencia del encontronazo provocó que ambos rodados sufrieran averías de consideración, aunque la mayor atención recayó rápidamente sobre la conductora del vehículo de mayor porte.
Efectivos de la Policía Provincial y personal del Sistema de Emergencias fueron los primeros en arribar al escenario del percance. Su labor prioritaria consistió en auxiliar a la mujer que viajaba en la camioneta 4×4, quien presentaba diversas dolencias tras el impacto. Rápidamente se organizó su derivación hacia un hospital cercano, donde los facultativos le brindaron la atención necesaria. Horas más tarde, fuentes sanitarias confirmaron que la paciente recibió el alta médica, ya que las lesiones diagnosticadas fueron calificadas como de carácter leve, un desenlace que no aminora la gravedad del accidente.
El foco del informe, sin embargo, se desplazó hacia el conductor del Toyota Yaris cuando agentes de Tránsito Municipal le practicaron el control de alcoholemia de rigor. El resultado no dejó lugar a dudas y encendió todas las alarmas: Alderete registró una asombrosa concentración de 1,93 gramos de alcohol por litro de sangre, una cifra que supera con creces el máximo permitido por la normativa vigente. Esta comprobación técnica se convirtió en el elemento central de la investigación, ya que determina un estado de ebriedad incompatible con una conducción segura.
Como consecuencia directa de esta infracción gravísima, el Toyota Yaris fue inmovilizado mediante fajas de seguridad y posteriormente subido a una grúa municipal. El automóvil tuvo como destino el depósito judicial o corralón oficial, donde quedó bajo la figura de secuestro preventivo, a la espera de los procedimientos legales que correspondan. Hasta el cierre de esta edición, no se habían difundido mayores precisiones sobre posibles sanciones o la situación procesal del conductor alcoholizado.
Este accidente se suma a una preocupante cadena de siniestros viales en rutas nacionales, muchos de ellos vinculados al consumo de bebidas alcohólicas al volante. Las autoridades recuerdan que la alcoholemia no solo multiplica el riesgo de colisiones graves, sino que agrava las consecuencias para todos los involucrados. El episodio en Río Grande, que pudo haber terminado en tragedia, constituye un nuevo llamado de atención sobre la urgente necesidad de reforzar los controles y las campañas de concientización.
