La petrolera estatal lideró una suba que anticipa la adhesión del resto del mercado ante el encarecimiento del crudo Brent, mientras el desplome en las ventas se profundiza por tercer mes consecutivo
A pesar de que el Gobierno nacional decidió diferir hasta los primeros días de marzo la actualización del gravamen sobre los combustibles líquidos y el impuesto al dióxido de carbono, la empresa YPF concretó en la jornada de hoy una elevación del dos por ciento en los valores de la nafta y el gasoil que despacha en la totalidad del territorio argentino. En el transcurso de las próximas horas se anticipa que el resto de las compañías que operan en el mercado local se sumarán a esta medida, como respuesta directa a la escalada del petróleo Brent, cuyo precio actúa como termómetro para la economía energética del país.
La crisis de ingresos que atraviesa la población, sumada a los registros históricamente elevados en los surtidores, provocó una retracción en la comercialización de carburantes por tercer mes seguido en todo el territorio nacional. De acuerdo con los datos procesados por la Secretaría de Energía a través del portal especializado Surtidores, durante el último período se comercializaron un total de 1.333.298 metros cúbicos, una cifra significativamente inferior a los 1.365.814 metros cúbicos registrados en igual mes del año 2025. Esta diferencia representa un descenso del 2,38 por ciento en la comparación interanual. Asimismo, al cotejar los números con los del mes de marzo, se observa una merma en el consumo del 1,98 por ciento.
Esta situación se sustenta en dos fenómenos de relevancia central. Por un lado, la Argentina ostenta una de las naftas más costosas de toda la región, y el valor por litro ya supera al que se paga en Estados Unidos. Por otra parte, mientras el mandatario Javier Milei realiza una defensa explícita de la no injerencia estatal en los mecanismos de la economía, la decisión de YPF de mantener sus precios congelados durante cuarenta y cinco días permitió que la petrolera de bandera se convirtiera en la única empresa del sector donde el consumo no solo evitó la caída, sino que experimentó un crecimiento.
Al analizar los guarismos con mayor detalle, se aprecia que la nafta súper, reconocida por ser la opción más económica del mercado, sufrió una disminución en sus ventas del 1,63 por ciento, mientras que el diésel de grado dos experimentó una retracción aún más pronunciada, alcanzando el 9,96 por ciento. Esta tendencia negativa se mantuvo ininterrumpida durante los últimos tres meses. En las antípodas de esta realidad, de manera más moderada pero sostenida, se incrementa la utilización de nafta premium, con una mejora del 0,76 por ciento en el caso de las gasolinas de alta octanaje y del 5,85 por ciento en el gasoil de primera calidad. Este comportamiento obedece a que existen promociones aplicadas a los combustibles premium que, mediante descuentos, equiparan casi por completo su precio con el de la nafta súper, ofreciendo además un rendimiento mecánico superior.
Las provincias del norte del país junto con Córdoba concentran las disminuciones más abruptas en las ventas, con retrocesos que oscilan entre el cinco y el diez por ciento. En el extremo opuesto, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y la provincia de Buenos Aires presentan las mermas más moderadas, con caídas del 1,63 y del 1,89 por ciento respectivamente.
Cuando Horacio Marín, el titular de YPF, resolvió instrumentar un congelamiento de los precios de las naftas por espacio de cuarenta y cinco días, amparándose en la necesidad de atenuar el impacto de la guerra en Medio Oriente sobre el bolsillo de los consumidores locales, buscó también lograr una moderación en el declive general de las ventas. Al sostener el valor por debajo de los 2100 pesos por litro, mientras que el resto de las compañías lo comercializaban al menos cien pesos más caro, consiguió mantener su nivel de despachos y evitar el colapso que sí sufrieron sus competidores.
Aunque el presidente Milei rechaza la intervención del Estado como herramienta para ordenar ciertas variables de la demanda y los factores exógenos, esa medida resultó beneficiosa para YPF: en la petrolera estatal, durante el mes de abril, el consumo agregado de combustibles se elevó un 1,79 por ciento. La firma no solo vendió más gracias a poseer una red de estaciones de servicio casi tres veces superior en volumen a la de sus rivales, sino que las otras empresas petroleras experimentaron caídas en su consumo de magnitudes considerables. En Shell, las ventas se desplomaron un 8,58 por ciento; en Puma, la retracción alcanzó el 10,61 por ciento; Axion perdió el 3,89 por ciento de sus despachos; mientras que Dapsa sufrió una baja del 10,4 por ciento.
A raíz de la determinación oficial de mantener un dólar intervenido en un contexto de inflación creciente, la Argentina se ha encarecido en términos de moneda estadounidense para casi la totalidad de los productos comercializables. Sin embargo, los combustibles expresan con mayor claridad que ningún otro rubro esta dinámica perversa. El portal globalpetrolprices.com mantiene un listado actualizado de los precios del litro de nafta expresados en dólares, y en ese relevamiento la Argentina figura entre las naciones con los carburantes más costosos del planeta. Los registros indican un valor cercano a 1,5 dólares por litro, cuando países como Estados Unidos, siendo grandes productores, lo tienen apenas por encima de 1,3 dólares. En el contexto regional, incluso Paraguay, que no es un país productor de hidrocarburos, ofrece la nafta más económica: actualmente, según el mismo registro, su precio es de 1,17 dólares. En Colombia, por su parte, el valor asciende a 1,14 dólares. Resulta igualmente llamativo que resulte más barata que aquí en países de África y Asia que carecen de yacimientos petroleros, e incluso en algunos que no poseen el recurso natural en absoluto.
