A once años de aquel histórico grito que visibilizó la violencia machista, el colectivo transfeminista amplía su reclamo y convoca a una nueva concentración en Plaza Congreso, señalando al Gobierno nacional, el ajuste económico y la embestida contra las denuncias por violencia de género.
A once años de aquella primera irrupción multitudinaria que logró instalar en la agenda pública el grito desgarrador de “Ni Una Menos”, el colectivo transfeminista renovó su llamado a movilizarse nuevamente. La cita será el próximo 3 de junio, desde las diecisiete horas, en la Plaza Congreso, bajo una consigna que no deja resquicios: “derrotar a Milei, al Fondo Monetario Internacional y a sus cómplices”. La organización anticipó que el hartazgo atraviesa todas las capas de la vida cotidiana, y detalló en su pronunciamiento que ya no se toleran más el ajuste estructural impuesto por el oficialismo, la deriva autoritaria que denominan fascista, el hambre que padecen los jubilados, la persecución política ni la llamada “avanzada de las falsas denuncias”, una arremetiva discursiva contra quienes buscan justicia ante la violencia patriarcal.
El origen de esta fuerza colectiva se remonta al 3 de junio de 2015, cuando la indignación por el femicidio de Chiara Páez, una adolescente embarazada asesinada en la provincia de Santa Fe, desbordó las redes y se volcó a las calles. Aquella jornada inaugural, la Plaza Congreso se vio colmada por un clamor que todavía hoy resuena: la exigencia de políticas integrales de resguardo, acceso efectivo a la justicia y una condena sin atenuantes para los violentos, todo ello en un contexto que ahora se agrava con discursos oficiales que niegan derechos y promueven lo que el colectivo caracteriza como “negocianismo”.
La convocatoria para este miércoles no se limita a la violencia de género en términos restringidos, sino que expande la mirada para abarcar otras opresiones sistémicas. En el texto difundido por la organización se subraya que el endeudamiento externo envenena cada hogar, y que el FMI vuelve a presionar para que paguen la factura los sectores trabajadores más empobrecidos, mientras que los grupos económicos concentrados se adueñan del país. De este modo, la lucha contra el patriarcado se entrelaza con la resistencia al ajuste fiscal, la injerencia del organismo multilateral de crédito y el avance de un proyecto político que, a juicio del movimiento, criminaliza la protesta y estigmatiza las denuncias de violencia.
