El Pentágono extiende sus tentáculos sobre la hidrovía: Estados Unidos pretende adueñarse del caudaloso Paraná

El Pentágono extiende sus tentáculos sobre la hidrovía: Estados Unidos pretende adueñarse del caudaloso Paraná

Un revelador informe del periodista santafesino Carlos del Frade destapa la maniobra geopolítica que amenaza el corazón fluvial de la Argentina, con el Comando Sur y la agroindustrial Cargill como principales operadores, mientras el gobierno nacional observa en silencio.

En las últimas semanas, una denuncia que atraviesa los cimientos mismos de la soberanía nacional ha comenzado a circular con la fuerza de un torrente entre los círculos políticos, académicos y populares del país. No se trata de una hipótesis de ciencia ficción ni de una especulación de conspiradores de salón, sino de un análisis documentado y afilado como un cuchillo de pescador: el gobierno de los Estados Unidos, a través de su engranaje militar más sutil y eficaz, se apresta a tomar el control operativo del río Paraná, la columna vertebral hídrica y comercial de la Argentina. La revelación proviene de una pluma reconocida por su tenacidad y su compromiso con las causas patrióticas. Se trata de Carlos del Frade, investigador santafesino cuya trayectoria lo erige como un faro en medio de la bruma del periodismo contemporáneo. En su portal emblemático, “Pelota de trapo”, espacio que se ha convertido en un bastión de la crítica lúcida y el amor por una patria que asiste a su propio desmantelamiento, Del Frade publicó un artículo de impacto mayúsculo titulado “Los que quieren quedarse con el 80 por ciento de las exportaciones del pueblo argentino”.

El texto, que ya es materia de consulta obligada para todo aquel que desee entender las verdaderas coordenadas del poder en la Argentina actual, no se pierde en rodeos. Del Frade sostiene con contundencia que, aunque millones de familias habitan provincias donde el plateado caudal del Paraná es apenas un rumor en los mapas escolares, el destino de las riquezas que se desplazan a lo largo de sus casi cuatro mil kilómetros de curso incide directamente en la cantidad de alimentos que cada día llegan a los hogares de Misiones, de La Pampa, de Tierra del Fuego o de Mendoza. Lo que suceda en las riberas del gran río, explica el periodista, determinará si los argentinos comen mejor o peor, si sus hijos crecen con futuro o con hambre. El Paraná, en ese sentido, no es solo una maravilla natural o una vía de transporte: es el nervio expuesto de la economía doméstica nacional.

La columna vertebral de la acusación de Del Frade apunta a dos actores principales, aunque uno de ellos permanece en la sombra institucional mientras el otro opera a plena luz del mercado. Por un lado, el Comando Sur del Ejército de los Estados Unidos, la estructura militar encargada de las operaciones en América Latina, históricamente vinculada a golpes de Estado, entrenamiento de fuerzas represivas y diseño de estrategias de dominación regional. Por el otro lado, la corporación Cargill, gigante de los agronegocios, con oficinas en decenas de países y una capacidad de lobby que pocas empresas pueden igualar. Según la investigación, la alianza tácita entre estos dos poderes —uno armado y explícito, el otro económico y sigiloso— persigue un objetivo concreto: apoderarse de la gestión, la vigilancia y el usufructo de la hidrovía Paraná-Paraguay, por donde sale cerca del ochenta por ciento de las exportaciones argentinas, especialmente cereales, oleaginosas y derivados.

Lo que está en juego no es menor. El Paraná no solo es una maravilla ecológica y un recurso vital para el abastecimiento de agua potable de millones de ciudadanos; es ante todo el gran pasillo exportador del modelo agroindustrial argentino. Quien controle sus aguas, sus puertos, sus peajes y su regulación, tendrá en sus manos la llave de la balanza comercial del país. Y según Del Frade, esa llave está a punto de cambiar de dueño. El investigador no duda en calificar a ciertos dirigentes locales como simples marionetas de estos intereses depredadores. En sus palabras, el exmandatario Mauricio Macri y el actual presidente Javier Milei aparecen como piezas dóciles en el tablero diseñado desde el norte, criaturas políticas que obedecen órdenes sin chistar mientras discuten sobre ideologías de cartón pintado. Para Del Frade, la verdadera contienda no es entre liberales y estatistas, sino entre quienes defienden la soberanía nacional y quienes facilitan su liquidación.

El articulista santafesino culmina su alegato con una frase que resuena como un mandato generacional: “La pelea por el Paraná es la lucha por la felicidad de nuestras hijas e hijos”. Con esta sentencia, traslada el conflicto desde los despachos tecnocráticos al territorio de los afectos cotidianos. No se trata de un debate abstracto sobre competencias fluviales o acuerdos internacionales, sino de la posibilidad concreta de que las nuevas generaciones argentinas vivan en un país que aún decide su propio destino o en una mera estación de tránsito para las ganancias de un imperio y sus socios locales. El artículo de Del Frade ya ha sido compartido miles de veces, y organizaciones gremiales, ambientalistas y de derechos humanos han comenzado a movilizarse en las provincias litoraleñas, exigiendo al Congreso nacional que investigue las denuncias y que ningún tratado o concesión entregue la columna vertebral del comercio argentino a manos extranjeras. Mientras tanto, desde el Palacio de Hacienda y la Casa Rosada, el silencio oficial solo se rompe con vagas declaraciones sobre clima de negocios y confianza inversionista. Pero el río, testigo milenario de las grandezas y miserias de esta tierra, sigue fluyendo. Y muchos argentinos empiezan a preguntarse si sus aguas todavía les pertenecen.

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