Sánchez y Fujimori protagonizan un sorpasso estadístico en la recta final del balotaje peruano

Sánchez y Fujimori protagonizan un sorpasso estadístico en la recta final del balotaje peruano

A solo tres jornadas de los comicios, un sondeo reservado de Ipsos revela una diferencia mínima dentro del margen de error, mientras el voto en blanco y la indecisión podrían inclinar la balanza en una elección que reeditará la extrema paridad de procesos anteriores.

A tan solo setenta y dos horas de que se abran las urnas para la segunda vuelta presidencial en Perú, el aspirante de la coalición izquierdista, Roberto Sánchez, y la líder de la derecha fujimorista, Keiko Fujimori, se hallan inmersos en un empate técnico absoluto, según los datos de un estudio de opinión difundido este jueves. La medición, ejecutada por la reconocida firma Ipsos, fue presentada exclusivamente a una cartera de clientes privados, acatando la veda legal que en territorio peruano prohíbe la publicación de cifras electorales en los siete días previos a la votación.

El mencionado relevamiento, realizado el pasado miércoles tres de junio sobre una muestra de aproximadamente mil doscientas personas, otorga a Sánchez una adhesión del cuarenta y tres coma ocho por ciento, superando por un estrechísimo margen a Fujimori, quien alcanza el cuarenta y tres coma dos por ciento de las preferencias. La brecha entre ambos contendientes es de apenas seis décimas porcentuales, una distancia que se disuelve por completo dentro del error muestral del dos coma cinco por ciento que caracteriza a este sondeo. Además, el bloque de sufragios anulados o en blanco se aproxima al trece por ciento, desglosado en un seis coma cuatro por ciento de papeletas blancas y un seis coma seis por ciento de ciudadanos aún indecisos.

Si estos porcentajes se proyectan exclusivamente sobre los votos válidos —excluyendo nulos y blancos—, la contienda se tornaría aún más reñida: Sánchez obtendría el cincuenta coma tres por ciento frente a un cuarenta y nueve coma siete por ciento de Fujimori, un resultado que anticipa una definición por un puñado de sufragios.

Un balotaje de infarto que evoca el pasado reciente
El candidato de la izquierda, quien compite en nombre y representación del encarcelado exmandatario Pedro Castillo, ha logrado nivelar la competencia tras el careo televisivo que ambos protagonizaron el domingo pasado. Hasta ese encuentro, Sánchez se mantenía en las encuestas rezagado frente a la heredera política del exdictador Alberto Fujimori. De este modo, la segunda vuelta se encamina hacia un desenlace tan ajustado como los dos procesos electorales anteriores, en los que Pedro Pablo Kuczynski primero y Pedro Castillo después derrotaron a Keiko Fujimori con diferencias cercanas a los cuarenta mil votos.

Fujimori arribó a esta instancia como la fuerza más respaldada de la primera ronda, cosechando el diecisiete coma diecinueve por ciento de los votos válidos, mientras que Sánchez fue segundo con un doce coma cero tres por ciento. El margen que separó a este último del tercer puesto, ocupado por el ultraderechista Rafael López Aliaga, fue de apenas veintiún mil votos —un once coma noventa y uno por ciento—, lo que subraya la fragmentación del electorado.

En este domingo están convocados más de veintisiete millones cuatrocientos mil peruanos para elegir al noveno presidente en un lapso de diez años. Este récord de rotación en el cargo refleja una década de inestabilidad política que, desde 2016, ha llevado al país a tener ocho mandatarios, en una cadena de destituciones impulsadas desde el Parlamento. El resultado de esta elección no solo definirá al próximo gobernante, sino que pondrá a prueba nuevamente la resiliencia del sistema democrático peruano frente a un balotaje cuya resolución puede terminar dependiendo de los últimos votos indecisos.

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