A ocho días del debut frente a Argelia, Lionel Scaloni contiene la respiración mientras tres figuras clave transitan por caminos diferenciados. El volante de Boca todavía no se reincorpora al grupo, mientras que Julián Álvarez y Emiliano Martínez avanzan con cuidados específicos, aunque con la certeza del Mundial en el horizonte. Por fortuna, los regresos de Molina, Montiel y Nicolás Paz traen algo de calma al cuerpo técnico.
En la recta final del cronómetro que separa a la Selección Argentina de su presentación estelar ante Argelia, la calma no termina de instalarse por completo en el predio de concentración. A solo ocho días del silbatazo inicial, Lionel Scaloni sigue monitoreando con lupa la evolución de tres futbolistas que aún no pueden exigirse al mismo ritmo que el resto de sus compañeros. Aunque el parte médico ha mostrado mejorías significativas en las últimas jornadas, el entrenador aún no puede cantar victoria respecto a las recuperaciones completas de Leandro Paredes, Julián Álvarez y Emiliano Martínez. Los tres, por distintas razones y con diferentes pronósticos, continúan sometidos a trabajos personalizados fuera del bloque principal.
El foco de mayor inquietud, sin discusión alguna, se posa sobre el mediocampista de Boca Juniors. Paredes aún no logra dejar atrás las secuelas de la lesión muscular en el isquiotibial que sufrió durante el cruce ante Universidad Católica por la Copa Libertadores. Esa dolencia, que en su momento encendió las sirenas en el cuerpo médico, sigue obligando al ex Juventus a permanecer al margen de las prácticas colectivas. Mientras otros futbolistas que arrastraban molestias similares ya recibieron el alta y se entrenan con normalidad, el volante central todavía no encuentra el momento de reintegrarse por completo. Aunque en su entorno cercano confían en que podrá estar listo para el compromiso del 16 de junio ante el conjunto argelino, lo cierto es que, por ahora, no existen garantías firmes sobre su disponibilidad. El propio Scaloni se encargó de sembrar un velo de realismo sin caer en el pesimismo: reconoció que varios jugadores no atraviesan su mejor momento físico y que cualquier decisión sobre la alineación deberá esperar hasta el martes, cuando se evalúen las respuestas de todos los convocados. El técnico también dejó entrever que la situación del “Flaco” obliga a analizar más variantes de las previstas, y advirtió que podrían producirse modificaciones en la nómina más allá de la ya confirmada salida de Leonardo Balerdi.
Detrás de esa sombra de incertidumbre aparece la figura de Julián Álvarez, cuyo caso, aunque menos alarmante, no deja de requerir atención minuciosa. El delantero, pieza fundamental en el esquema ofensivo, arrastra una inflamación en el tobillo izquierdo derivada de la torcedura que sufrió en las semifinales de la Champions League vistiendo la camiseta del Atlético de Madrid. En un primer momento había recibido el alta médica, pero una molestia recurrente tras un ensayo futbolístico encendió nuevamente las luces amarillas. Pese a eso, desde el cuerpo técnico trasmiten un mensaje de serenidad absoluta. La confianza en su puesta a punto es tal que nadie duda de su presencia en la cita mundialista, y los plazos se manejan con la tranquilidad de quien sabe que el delantero llegará sin sobresaltos a la cita más importante.
En sintonía similar se encuentra Emiliano Martínez, el arquero campeón del mundo, cuya mano derecha aún exige extremo cuidado. La fractura en el dedo anular, una lesión que por naturaleza demanda paciencia y una rutina de rehabilitación muy específica, no ha impedido que el Dibu mantenga intacta su jerarquía ni su lugar como titular indiscutido en el arranque del torneo. El personal sanitario diseña cada jornada con precisión quirúrgica para evitar recaídas, pero nadie en la delegación argentina concibe un once inicial sin él bajo los tres palos. Su recuperación marcha según lo previsto, y aunque aún no se sume a todas las exigencias del grupo, el Mundial lo espera con los brazos abiertos.
Mientras tanto, la enfermería albiceleste comienza a mostrar signos alentadores de desocupación. En las últimas horas, tres soldados que estaban en el parte de lesionados recibieron el alta definitiva y ya se entrenan a la par del resto. Nahuel Molina, Gonzalo Montiel y Nicolás Paz superaron sus respectivas dolencias y se reintegraron sin restricciones a los trabajos tácticos y físicos. La vuelta de estos tres futbolistas supone un alivio mayúsculo para Scaloni, que ve cómo el plantel recupera efectivos y el panorama se despeja de a poco. Sin embargo, el entrenador sabe que la gran pregunta sigue sin respuesta: qué pasará con Leandro Paredes. Porque mientras Julián y Dibu caminan sobre un sendero seguro hacia el debut, el volante de Boca todavía pelea contrarreloj para no quedarse en el camino. La noticia, entonces, no es solo quiénes vuelven, sino quién todavía no pudo hacerlo. Y ese nombre, por estas horas, pesa más que cualquier certeza.
