La histórica integrante de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora murió a los 95 años tras una extensa trayectoria dedicada a la defensa de los derechos humanos. Su despedida se realizará durante dos jornadas en la sede de Foetra y se espera una multitudinaria concurrencia para rendir homenaje a una mujer que transformó el dolor en una lucha colectiva.
La Argentina despide a una de las figuras más representativas de la defensa de los derechos humanos. Lidia Estela Mercedes Miy Uranga, conocida por todos como Taty Almeida, falleció el domingo a los 95 años, rodeada por el cariño de su familia y tras atravesar complicaciones de salud que la mantuvieron internada en el Hospital Italiano durante las últimas semanas.
La noticia generó una inmediata y profunda conmoción en distintos sectores de la sociedad. Referentes políticos, organismos de derechos humanos, dirigentes sociales, artistas y ciudadanos de diversas ideologías coincidieron en expresar su reconocimiento y afecto hacia una mujer que dedicó más de medio siglo a reclamar justicia por los desaparecidos de la última dictadura y a sostener viva la memoria colectiva. Las redes sociales se llenaron de fotografías de distintas etapas de su vida, testimonios de quienes compartieron su camino y frases que marcaron generaciones, entre ellas una de las más recordadas: “La única lucha que se pierde es la que se abandona”.
La despedida oficial se desarrollará en la sede del sindicato de Telecomunicaciones Foetra. Según informó la familia, el cuerpo será entregado durante la mañana del lunes y el velatorio comenzará a las 14 horas. Las puertas permanecerán abiertas hasta la medianoche para quienes deseen acercarse a darle el último adiós. El homenaje continuará el martes desde las 8 hasta las 12 del mediodía, permitiendo que miles de personas puedan participar de un encuentro que se prevé multitudinario.
La historia de Taty Almeida estuvo marcada por una transformación personal que la convirtió en una de las referentes más respetadas del movimiento de derechos humanos en el país. Nacida el 28 de junio de 1930 en la ciudad de Buenos Aires, dentro de una familia con fuertes vínculos con las Fuerzas Armadas, se formó como docente y ejerció la enseñanza durante algunos años antes de dedicarse plenamente a la vida familiar junto a su esposo, Jorge Almeida, con quien tuvo tres hijos: Jorge, Alejandro y María Fabiana.
Su destino cambió para siempre el 17 de junio de 1975. Ese día, su hijo Alejandro, de apenas 20 años, fue secuestrado por la organización parapolicial Triple A. El joven trabajaba en la agencia de noticias Télam y en el Instituto Geográfico Militar, mientras cursaba el primer año de Medicina en la Universidad de Buenos Aires. Al salir de su hogar aquella tarde, se despidió de su familia con una frase simple y cotidiana: “Esperame, ya vengo”. Nunca regresó. Desde entonces permanece desaparecido.
El secuestro de Alejandro significó un quiebre absoluto en la vida de Taty. Proveniente de un entorno cercano al ámbito militar, reconoció en numerosas oportunidades que durante años compartió muchas de las ideas predominantes en esos círculos. Sin embargo, la desaparición de su hijo la obligó a enfrentarse a una realidad que desconocía y a cuestionar profundamente sus propias convicciones.
En un primer momento buscó respuestas recurriendo a contactos de confianza dentro de las Fuerzas Armadas. Golpeó puertas de hombres que más tarde ocuparían posiciones clave dentro de la dictadura militar, como Albano Harguindeguy y Leopoldo Galtieri. Las explicaciones que recibió resultaron evasivas e insuficientes. La ausencia de información y el silencio oficial la condujeron finalmente hacia las Madres de Plaza de Mayo, donde encontró contención y una causa común junto a otras mujeres que atravesaban el mismo dolor.
En 1979 se incorporó formalmente al histórico grupo que reclamaba por sus hijos desaparecidos frente a la Casa Rosada. Desde entonces, su nombre quedó inseparablemente ligado a la defensa de los principios de Memoria, Verdad y Justicia. Años más tarde, cuando el movimiento atravesó una división interna, pasó a integrar Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora, espacio desde el cual desarrolló gran parte de su intensa actividad militante.
Con el correr de las décadas, Taty Almeida se convirtió en una de las voces más influyentes y respetadas de la lucha por los derechos humanos en la Argentina. Participó activamente en campañas de concientización, acompañó los juicios por delitos de lesa humanidad, brindó conferencias en escuelas, universidades y organizaciones sociales, y estuvo presente en cada conmemoración del golpe de Estado del 24 de marzo. Su figura trascendió ampliamente el ámbito de los organismos de derechos humanos para transformarse en un símbolo de perseverancia, compromiso y resistencia democrática.
El recuerdo de Alejandro fue siempre el motor de su lucha. En 2008 publicó el libro “Alejandro, por siempre… amor”, una obra en la que recopiló recuerdos familiares, testimonios de amigos y los poemas encontrados en la agenda personal de su hijo. Precisamente, el hallazgo de esa libreta representó uno de los momentos más significativos de su vida. A través de sus páginas descubrió el compromiso político que Alejandro mantenía en secreto como militante del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). Ese conocimiento le permitió comprender mejor sus ideales y fortalecer aún más la búsqueda de verdad y justicia que la acompañaría hasta sus últimos días.
Su trayectoria recibió múltiples reconocimientos tanto en el país como en el exterior. En 2011 fue declarada Personalidad Destacada de los Derechos Humanos por la Legislatura porteña y posteriormente recibió doctorados honoris causa y distinciones otorgadas por diversas universidades nacionales, entre ellas la Universidad Nacional de Córdoba, la Universidad Nacional de las Artes y la Universidad Nacional de Tierra del Fuego.
Uno de los homenajes más significativos llegó recientemente. En abril de 2026, la Universidad de Buenos Aires le otorgó el título de doctora honoris causa en reconocimiento a medio siglo de compromiso ininterrumpido con la defensa de los derechos humanos. Aquella ceremonia, realizada en la Facultad de Filosofía y Letras, terminó convirtiéndose en su última aparición pública.
Durante ese acto dejó un mensaje que hoy resuena con especial fuerza. Frente a estudiantes, docentes y militantes, destacó la importancia del compromiso social y depositó su esperanza en las nuevas generaciones. “Militancia es compromiso. Compromiso que han tomado tantos jóvenes, que son nuestra esperanza. Ustedes son los que van a continuar luchando por la Memoria, la Verdad y la Justicia”, expresó emocionada.
Con su fallecimiento se apaga una voz imprescindible de la historia argentina contemporánea, pero permanece intacto el legado de una mujer que convirtió una tragedia personal en una causa colectiva. Taty Almeida dedicó gran parte de su vida a exigir respuestas, denunciar las injusticias y mantener viva la memoria de los miles de desaparecidos. Su figura quedará para siempre asociada a la lucha incansable por los derechos humanos y a la convicción de que ninguna causa justa debe abandonarse.
