El Consumo se Desploma en Mayo y Agudiza la Recesión: Caídas de Dos Dígitos en Bebidas y Limpieza

El Consumo se Desploma en Mayo y Agudiza la Recesión: Caídas de Dos Dígitos en Bebidas y Limpieza

Un nuevo informe de la consultora Scanntech, al que accedió Página I12, revela que las ventas en supermercados y almacenes de barrio sufrieron un retroceso interanual del 4,2% y del 2,9% frente a abril. La crisis, que ya se extiende por más de dos años sin pausa, golpea con especial crudeza a los rubros de bebidas y limpieza del hogar, donde las bajas superan el 10%, en un contexto de ingresos populares devastados y precios de bienes esenciales por las nubes.

El mes de mayo se ha convertido en un espejo desolador que refleja la misma tónica que ha dominado los últimos veinticuatro meses de la administración libertaria, evidenciando que el derrumbe del poder adquisitivo no encuentra piso. Tanto los indicadores del sector privado como las estadísticas oficiales coinciden en pintar un panorama sombrío para el comercio minorista, donde los hábitos de compra se han transformado radicalmente y las perspectivas a futuro se presentan tan grises como el presente inmediato. La sangría en las góndolas no da tregua, y los números correspondientes al quinto mes del año confirman que la recuperación sigue siendo un espejismo en el horizonte económico argentino.

Según el último relevamiento de la firma Scanntech, una consultora que cuenta entre sus inversores a la prestigiosa cámara Endeavor —usualmente vinculada a las élites tecnológicas más cercanas al gobierno nacional—, el consumo masivo sufrió un revés del 2,9 por ciento en comparación con abril, mientras que la medición interanual arrojó un retroceso aún más alarmante del 4,2 por ciento. La gravedad de estas cifras radica en que no constituyen un episodio aislado, sino que se inscriben en una espiral descendente que ya acumula más de dos años de caídas constantes, con la particularidad de que los guarismos no cesan de empeorar mes a mes, dejando a los comerciantes y proveedores en un estado de zozobra permanente.

El informe detalla con crudeza que, con la única excepción del rubro Alimentos básicos, que registró una magra mejora del 1,3 por ciento interanual —un número casi insignificante si se considera que parte de bases de comparación extremadamente bajas y que el crecimiento poblacional empuja naturalmente este segmento—, el resto de las categorías de productos experimentaron pérdidas significativas en sus volúmenes de venta. El sector de Bebidas, sin embargo, se erige como el verdadero páramo de este escenario desolador, con desplomes interanuales que superan holgadamente los diez puntos porcentuales, una situación límite que ha puesto a las empresas cerveceras, de gaseosas y aguas en una encrucijada crítica, ya que ni siquiera en la temporada estival, su pico histórico de demanda, lograron repuntar sus números.

Lo que hace particularmente elocuente la crisis en el segmento de bebidas es el análisis pormenorizado de los productos que más se resienten, revelando así la profundidad de la licuadura del poder de compra de los argentinos. Los Jugos en Polvo, históricamente considerados la opción más económica para hidratarse, lideran el desplome con una caída estrepitosa del 18,1 por ciento, seguidos de cerca por las Aguas Saborizadas, que retrocedieron un 13 por ciento, y las Gaseosas, que bajaron casi 7 puntos. Incluso el vino, un producto culturalmente arraigado, sufrió un menoscabo del 1,8 por ciento, mientras que el resto de las categorías completa un cuadro de devastación generalizada que no deja resquicio para el optimismo.

Pero el deterioro no se circunscribe únicamente a lo que se bebe; los artículos de limpieza del hogar también atraviesan un momento crítico, con una disminución interanual del 9,4 por ciento y del 5,4 por ciento en la comparación mensual. Este rubro, esencial para la mantención de los espacios domésticos, evidencia que las familias están recortando hasta en los insumos más básicos para la higiene, postergando compras o sustituyendo marcas por alternativas más económicas. Los productos de cuidado personal, por su parte, no escapan a la tendencia general y registraron una baja del 2,6 por ciento en términos interanuales, siendo los desodorantes los más perjudicados con un derrumbe del 12,7 por ciento, seguidos por el champú con una merma del 7,2 por ciento y la pasta dental con una contracción del 4,7 por ciento.

Un dato particularmente revelador del nivel de ajuste que están realizando los consumidores es la caída del 11,2 por ciento en la venta de lavandinas, un producto de bajo costo pero que, ante la urgencia económica, las familias optan por prescindir o racionar al extremo. Este comportamiento refleja una lógica de supervivencia donde los bienes considerados no imprescindibles son los primeros en ser sacrificados, mientras que el gasto se concentra exclusivamente en la alimentación más básica, en un intento desesperado por llegar a fin de mes.

El informe de Scanntech también desmitifica la idea de que ciertos formatos comerciales puedan estar mejor parados que otros frente a la tormenta, ya que la caída del consumo atraviesa transversalmente todos los tipos de establecimientos. En los autoservicios de proximidad, la merma fue del 1,5 por ciento; en los medianos, del 2,5 por ciento; mientras que en las grandes superficies, que suelen ofrecer mayores promociones y descuentos, incluso con billeteras virtuales sin tope de reintegro, el derrumbe alcanzó el 3,7 por ciento interanual. Esta circunstancia es especialmente significativa porque demuestra que ni siquiera las agresivas estrategias de marketing y las facilidades de pago logran incentivar el consumo en un contexto donde los bolsillos están literalmente vacíos.

Quizás uno de los indicadores más lapidarios del trabajo sea el análisis del ticket promedio de compra. En los hipermercados, el monto gastado por visita asciende a apenas doce mil pesos, una cifra que no alcanza siquiera para llenar una mínima porción del carrito y que equivale a unas cinco unidades por transacción. En los comercios más pequeños, la realidad es aún más precaria, con un ticket que ronda los ocho mil pesos, lo que se traduce en apenas tres productos adquiridos por cliente. Estos números evidencian que el consumo se ha vuelto extremadamente atomizado, con compras de urgencia y de cantidades mínimas que imposibilitan cualquier tipo de planificación o abastecimiento familiar.

Desde una perspectiva geográfica, el desplome del consumo afecta a todas las regiones del país, aunque con distinta intensidad. El Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) experimentó una contracción del 3,2 por ciento en la comparación interanual; las regiones del Litoral y el Norte, un 2,3 por ciento; mientras que la zona Centro y Sur del país sufrió el impacto más severo, con una baja del 6,7 por ciento. Lo que une a todos estos distritos es que, además del mal desempeño frente al mismo mes del año anterior, todas las regiones registraron también caídas en sus ventas contra abril de este año, confirmando que la tendencia es uniformemente negativa y que no hay oasis en el mapa que pueda escapar al temporal recesivo.

Detrás de estas cifras no hay misterios económicos insondables ni variables complejas que requieran de sofisticados modelos de análisis. Los motivos son tan simples como dramáticos: los ingresos de la población se han desplomado a niveles críticos, mientras que los precios de los bienes esenciales se mantienen en cotas elevadas que resultan inalcanzables para la mayoría. Esta combinación letal ha generado una suerte de malaria comercial que paraliza el movimiento de mercancías y deja a los comerciantes en una situación de asfixia financiera, sin perspectivas de que el horizonte pueda despejarse en el corto plazo.

El trabajo de Scanntech, cuyos datos serán complementados en los próximos días con los relevamientos de otras consultoras como Scentia, coincide plenamente con la información que manejan las grandes cadenas de supermercados, lo que otorga una consistencia preocupante al diagnóstico. La coincidencia entre las distintas fuentes de medición descarta la posibilidad de que se trate de una anomalía estadística y confirma que el país atraviesa una de las recesiones más profundas y prolongadas de su historia reciente, con efectos devastadores sobre el tejido comercial y el bienestar de las familias argentinas, que ven cómo su capacidad de consumo se desvanece mes tras mes sin que aparezca en el horizonte ningún factor que pueda revertir esta tendencia fatal.

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