México sella su boleto a los dieciseisavos con un sufrido pero valioso triunfo ante Corea del Sur

México sella su boleto a los dieciseisavos con un sufrido pero valioso triunfo ante Corea del Sur

Un solitario tanto de Luis Romo, gestado tras un error del guardameta asiático, inclinó la balanza a favor del combinado azteca en un vibrante cierre de la segunda jornada del Grupo A, disputado en el estadio de Guadalajara. La escuadra dirigida por Javier Aguirre, pese a no desplegar su mejor repertorio, mostró la suficiente entereza para resistir el arreón final de los surcoreanos y asegurar, con seis unidades en su haber, la anhelada clasificación a la siguiente ronda del certamen ecuménico.

La jornada mundialista de este jueves llegó a su ocaso con la presentación estelar del conjunto anfitrión, que se impuso por la mínima diferencia ante la escuadra asiática en el emblemático escenario tapatío, correspondiente a la segunda fecha del sector A. El desenlace de este compromiso, que enfrentaba a dos elencos que habían cosechado victorias en su debut, otorgó a los tricolores el pasaporte definitivo a los dieciseisavos de final de la Copa del Mundo, torneo en el que comparten la condición de anfitriones y donde las expectativas de la afición local crecen a pasos agigantados.

El choque, que desde el silbatazo inicial prometía emociones encontradas, mostró durante los primeros cuarenta y cinco minutos un desarrollo bastante equilibrado, carente de ocasiones claras que pudieran perturbar a los cancerberos. Ambos quintetos, conscientes de lo que se jugaban, optaron por una aproximación cautelosa, con un constante duelo táctico en el medio campo que neutralizaba las vías de ataque y concedía poco espacio para la creación ofensiva. La especulación y el estudio mutuo primaron en esa fase inicial, donde las llegadas a las áreas rivales se contaban con los dedos de una mano y los disparos a puerta resultaban una rareza.

Sin embargo, la dinámica del partido experimentó una transformación radical apenas unos instantes después del descanso. Una jugada fortuita, de esas que suelen cambiar el destino de un encuentro, se produjo cuando el arquero surcoreano Seung-Gyu Kim no logró dominar con seguridad un balón que cayó desde las alturas como un proyectil, producto de un centro llovido que generó desconcierto en la retaguardia amarilla. El esférico, tras un rebote impreciso, quedó muerto en el área pequeña, y allí apareció como un depredador del área el mediocampista Luis Romo para empujarlo con violencia al fondo de la red, desatando así una explosión de júbilo entre la hinchada mexica que colmaba las gradas del inmueble jalisciense.

La desventaja en el marcador obligó a los pupilos del estratega coreano a modificar radicalmente su planteamiento táctico. Aquella defensa inicial de cinco hombres, que había funcionado como un muro durante la primera mitad, se desdibujó para dar paso a una ofensiva desesperada, con líneas más adelantadas y una clara vocación de asedio constante. El cuadro oriental salió con todo en busca del empate, estirando sus filas y multiplicando los envíos al área rival, lo que inyectó una dosis extra de adrenalina al trámite del encuentro. A partir de ese instante, el espectáculo se tornó de ida y vuelta, con un México que, lejos de replegarse, intentó sentenciar la contienda mediante transiciones rápidas y contragolpes, aunque adoleció de la justeza necesaria en los metros finales para definir las ocasiones generadas y sepultar las ilusiones de su oponente.

Esa falta de contundencia estuvo a punto de convertirse en un boomerang para los intereses aztecas, ya que en los compases finales del encuentro, cuando el cronómetro marcaba el epílogo, la escuadra asiática gozó de la ocasión más diáfana para nivelar las acciones. Un centro certero desde el costado encontró la testa del recién ingresado Cho Gue-Sung, cuyo cabezazo a bocajarro exigió una intervención de felino del guardameta Rangel, que con una estirada providencial y reflejos prodigiosos logró desviar el esférico a córner, evitando así el grito de gol que hubiera significado el empate. Ese momento de máxima tensión fue el preludio de un epílogo trepidante, donde el empuje incesante de los coreanos, alimentado por la urgencia y el orgullo, generó una zozobra considerable en el reducto defensivo mexicano, que vivió sus minutos más críticos bajo un asedio constante y angustioso.

Pese al vendaval ofensivo que sufrieron en los últimos compases, la exigua ventaja conseguida en el inicio del complemento resultó un botín suficiente para que el combinado de Javier Aguirre alcance la perfección en su cuenta de puntos y alimente su ilusión con los octavos de final, donde el sueño de avanzar en el torneo que organizan adquiere cada vez más consistencia y realismo. El triunfo, más allá de lo ajustado del marcador, otorga una dosis de confianza invaluable a un grupo que demostró tener el carácter y la resiliencia necesarios para sortear los momentos adversos y asegurar su presencia en la siguiente fase, dejando una huella imborrable en la memoria de los aficionados que se dieron cita en el estadio.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *