El defensor campeón del mundo arrastra molestias en el cuádriceps derecho que lo marginaron de los trabajos junto al grupo. El cuerpo técnico evalúa variantes para el duelo del lunes, mientras el jugador de River Plate aguarda con cautela su evolución, aunque todo indica que Scaloni no podrá contar con su habitual alternativa para la segunda presentación del conjunto albiceleste en el Grupo J.
El seleccionado argentino que conduce Lionel Scaloni se apresta a afrontar su segundo compromiso en la fase inicial del certamen ecuménico con una incómoda incertidumbre en el sector defensivo, a raíz de una dolencia que aqueja a uno de los laterales más experimentados del plantel. Se trata de Gonzalo Montiel, quien, según trascendió en las últimas horas desde la concentración, difícilmente pueda ser de la partida en el choque frente al combinado austriaco programado para el próximo lunes 22 de junio, desde las 14 horas en el horario de la Argentina, en el marco de la segunda jornada del Grupo J.
El marcador de punta derecho, oriundo de González Catán y actualmente en las filas del club River Plate, había sido titular en el estreno ante el conjunto argelino, pero no logró completar en óptimas condiciones los días posteriores a aquel encuentro. El jueves pasado, durante la práctica matinal, el defensor debió apartarse del trabajo colectivo y realizar ejercicios de carácter regenerativo en el gimnasio, una medida que en el cuerpo técnico suele interpretarse como un intento por aliviar la sobrecarga muscular que venía arrastrando desde el partido inaugural. Sin embargo, lo que en principio parecía una precaución rutinaria se transformó en una señal de alarma cuando, al día siguiente, Montiel tampoco pudo integrarse a las tareas a la par de sus compañeros, algo que el staff exige a todos los futbolistas que hayan sido titulares y que hayan superado el umbral de fatiga habitual.
El inconveniente físico no es un episodio aislado en la carrera reciente del defensor, puesto que ya había sufrido un desgarro en la misma zona del cuádriceps de su pierna hábil, lesión que lo mantuvo alejado de las canchas durante varios compromisos decisivos en la fase eliminatoria del torneo doméstico. Aquella rotura fibrilar lo había marginado de la recta final de la competencia local, y su recuperación había sido seguida con lupa por el equipo médico de la AFA, que finalmente le dio el alta a tiempo para ser incluido en la nómina definitiva de convocados. No obstante, la reaparición del dolor durante el entretiempo del partido ante el seleccionado africano obligó a los responsables sanitarios a retirarlo del campo como medida preventiva, y desde entonces la molestia no cedió por completo, pese a los tratamientos intensivos aplicados en la burbuja mundialista.
En el seno del combinado albiceleste existe una norma tácita que establece que aquellos jugadores que han disputado los noventa minutos completos deben realizar al día siguiente una sesión de muy baja intensidad, centrada en estiramientos y trabajos de recuperación activa en el interior del gimnasio, con el fin de evitar cargas excesivas que deriven en contracturas o lesiones más graves. Pero ese protocolo contempla que, transcurridas esas primeras veinticuatro horas regenerativas, el futbolista se reincorpore sin restricciones al entrenamiento colectivo, algo que Montiel no pudo cumplir el jueves, encendiendo todas las alarmas en el cuerpo de preparadores físicos y en el propio Scaloni, quien ya comienza a barajar nombres para suplir al campeón del mundo en Qatar 2022.
El panorama se torna aún más complejo si se repara en que la convocatoria del lateral derecho al torneo máximo estuvo en el centro del debate hasta los instantes previos al cierre de la lista oficial. Durante las semanas de especulación, se mencionó insistentemente que el entrenador podía optar por otras alternativas más jóvenes o con mayor rodaje en el puesto, como Agustín Giay o Nicolás Capaldo, a quienes se les atribuía un rendimiento ascendente en sus respectivos clubes. Finalmente, la experiencia y la jerarquía de Montiel pesaron a su favor, pero la realidad física actual parece jugarle una mala pasada, y ahora su presencia no solo es incierta para el duelo ante Austria, sino que también se convierte en una incógnita para el último compromiso del grupo, así como para una eventual instancia de octavos de final, en caso de que la Argentina logre sortear la fase clasificatoria.
El reemplazo natural en el carril derecho, a simple vista y según lo dicta la lógica táctica del cuerpo técnico, recae en Nahuel Molina, quien fuera el dueño indiscutible de esa posición durante la campaña victoriosa en el Mundial de hace cuatro años y que ha alternado con Montiel en los últimos amistosos y eliminatorias, dependiendo del rival y del esquema planteado. Molina posee un perfil más ofensivo, con gran proyección y capacidad para desbordar, aunque en tareas defensivas suele ser más expuesto que su compañero, un detalle que Scaloni tendrá en cuenta a la hora de decidir si lo ubica desde el arranque o si prefiere una solución más impensada.
Precisamente, una de las variantes que ha comenzado a cobrar fuerza en los entrenamientos tácticos es la inclusión de Giuliano Simeone, delantero de características explosivas y notable entrega física, cuyo despliegue por todo el flanco derecho le permite actuar como extremo, carrilero o incluso como lateral de ida y vuelta en situaciones de apremio. El joven atacante, habituado a los esfuerzos intermitentes y a las coberturas defensivas cuando el equipo pierde la pelota, se perfila como una opción sorprendente pero no descabellada, sobre todo si Scaloni busca preservar el equilibrio entre solidez y profundidad frente a un rival europeo que presionará con intensidad en el mediocampo.
Más allá de las alternativas tácticas, lo cierto es que la baja de Montiel, aunque no definitivamente oficializada por el parte médico, es sentida con preocupación en el vestuario, no solo por su trayectoria y su sangre fría en instancias decisivas —como aquel penal ejecutado con una frialdad suprema en la final de Lusail—, sino también por la confianza que deposita en él el resto del grupo. El defensor, por su parte, se mantiene en silencio y se somete a sesiones dobles de fisioterapia y kinesiología, con la esperanza de acortar los plazos de recuperación y, al menos, estar a disposición para el cierre de la zona o para lo que depare el cruce eliminatorio, aunque los plazos biológicos juegan en su contra y el personal sanitario no oculta su escepticismo respecto a una mejoría exprés.
Mientras tanto, el seleccionado argentino ultima detalles en su cuartel general, con la mente puesta en un Austria que llega con hambre de protagonismo y que buscará aprovechar cualquier fisura en la retaguardia albiceleste. La ausencia de Montiel, en caso de confirmarse, obligará a reordenar la línea de cuatro, pero también podría ser una oportunidad para que otros nombres demuestren su valía en el escenario más exigente del fútbol planetario. Scaloni, fiel a su estilo, guarda sus cartas bajo la manga y no revela sus intenciones, aunque en los ensayos a puertas cerradas se ha visto a Molina ocupar el puesto de manera casi fija, con Simeone como eventual revulsivo desde el banquillo en caso de que el partido requiera una inyección de ritmo y verticalidad.
El tiempo apremia y el reloj marca las horas hasta el pitazo inicial del lunes. La ilusión de todo un país, que aún vibra con los ecos del título conquistado en el desierto, ahora se asoma al borde de una prueba de carácter: superar la ausencia de un jugador clave sin que el engranaje colectivo se resienta. Porque en un Mundial, las lesiones son tan parte del espectáculo como los goles y las atajadas, y la verdadera grandeza de un equipo se mide en su capacidad para adaptarse, para recomponerse y para encontrar soluciones donde otros solo ven problemas. Montiel, desde la senda de la recuperación, alentará a sus compañeros con la misma fe con la que ejecutó aquel penal inolvidable, convencido de que, aunque esta vez no pueda estar sobre el césped, su espíritu de lucha ya está grabado en el ADN de esta selección inmortal.
