La Canarinha se impuso con autoridad en Filadelfia gracias a un vendaval ofensivo en el primer tiempo, firmado por Matheus Cunha y Vinicius Júnior, pero el temprano infortunio físico de Raphinha empañó el estreno triunfal y encendió las alarmas en el cuerpo técnico de Carlo Ancelotti.
En una noche que prometía ser de aquellas que el fútbol escribe con mayúsculas, la escuadra brasileña compareció ante el exigente público del Philadelphia Stadium con la misión ineludible de borrar las dudas sembradas en su presentación inicial. Y vaya si lo logró. Con una exhibición arrolladora que tuvo su génesis y su sentencia en los primeros cuarenta y cinco minutos, el combinado auriverde no solo cosechó su primer festejo en la presente justa mundialista, sino que además endosó un contundente 3-0 a una Haití que, pese a su entrega, jamás encontró la brújula para frenar el vendaval táctico y técnico desplegado por su poderoso adversario. La victoria, sin embargo, no llegó exenta de resabios, puesto que la temprana dolencia de una de sus piezas más desequilibrantes introdujo un capítulo de incertidumbre en el seno del vestuario verdeamarelo.
El partido, desde el pitazo inicial, encontró a la pentacampeona mundial con una voracidad inusitada, desplegando un libreto de alta presión y transiciones veloces que desbordaron por completo la retaguardia haitiana. El entrenador italiano, Carlo Ancelotti, había solicitado una reacción inmediata tras el empate inicial en el torneo, y sus pupilos respondieron con creces, plasmando sobre el césped una superioridad tan manifiesta que el marcador pudo haber sido incluso más abultado. La apertura del marcador llegó pasados los veintitrés minutos, cuando el ariete Matheus Cunha, portador de la legendaria camiseta número 9, apareció como un espectro en el área rival para concretar una jugada colectiva de manual. Pero la fiera no se conformó con ese primer festejo, y antes de que el reloj marcara la media hora de juego, el mismo delantero repitió la dosis, inflando las redes con un remate preciso que evidenció su olfato de killer y su excelente entendimiento con los volantes de creación. La estocada final del primer segmento llegó a los treinta y seis minutos, cuando la magia de Vinicius Júnior se desbordó por el costado izquierdo para, tras una veloz diagonal, batir por tercera vez al guardameta rival, sellando así una primera mitad para el recuerdo y dejando al adversario totalmente grogui.
El segundo tiempo, con la contienda resuelta y el combustible anímico de los caribeños prácticamente extinto, se convirtió en un ejercicio de administración y posesión para el conjunto de Ancelotti. La escuadra sudamericana, lejos de encerrarse, optó por gestionar los ritmos del encuentro con la paciencia de un ajedrecista, tejiendo tramas de pases que desesperaban a un oponente que ya solo buscaba mitigar la debacle. La defensa brasileña, sólida y bien perfilada, apenas concedió un respiro, y la única ocasión clara de peligro que logró generar Haití fue resuelta con una intervención de antología por parte del arquero Alisson Becker, quien con una estirada felina y oportuna mantuvo su valla invicta y redondeó una actuación sobria que blindó el triunfo.
Al término del choque, el estratega transalpino no ocultó su satisfacción por el rendimiento colectivo, haciendo hincapié en la intensidad y la calidad desplegadas en el período inicial. “El primer acto tuvo una mayor cuota de juego fino y una intensidad que trabajamos a conciencia durante la semana”, expresó Ancelotti con gesto complacido, para luego añadir una reflexión que dejaba entrever la ambición de su proyecto: “Generamos cinco anotaciones, aunque dos de ellas fueron invalidados por decisiones arbitrales. Más allá de eso, el equipo jugó un fútbol vistoso y efectivo”. Sus palabras, cargadas de un optimismo mesurado, contrastaron sin embargo con el único pero que nubló la velada: el estado físico de Raphinha.
Precisamente, la única sombra que ensombreció el festín táctico fue el infortunio que obligó al extremo a abandonar el terreno de juego a los treinta y nueve minutos del primer tiempo, víctima de una molestia muscular que encendió todas las alarmas en el banquillo. El futbolista, que venía siendo una de las armas más incisivas en el andamiaje ofensivo, sintió una punzada que le impidió continuar, y su reemplazo forzoso antes del descanso generó un visible gesto de preocupación en el cuerpo médico. Los próximos exámenes serán determinantes para conocer el alcance exacto de la dolencia, y su evolución será monitoreada con lupa de cara al crucial encuentro que el seleccionado brasileño afrontará en la próxima jornada.
Con este resultado, la Canarinha escaló hasta la cima del Grupo C, acumulando cuatro unidades que comparte con Marruecos, aunque la diferencia de gol le otorga el liderato provisional. El conjunto africano, en la jornada matutina, había doblegado por la mínima (1-0) a Escocia, que permanece con tres puntos, mientras que Haití cierra la tabla sin haber sumado ni una sola unidad. La victoria, más allá del alivio momentáneo, deja un mensaje claro: Brasil ha llegado para imponer su jerarquía, pero la fragilidad física de sus estrellas se perfila como el principal desafío a sortear en la larga travesía hacia la gloria.
