Fiesta trunca: la noche del Obelisco que terminó en violencia y caos

Fiesta trunca: la noche del Obelisco que terminó en violencia y caos

Lo que debía ser un masivo y pacífico encuentro de aliento a la Selección argentina, posterior a la derrota ante España, se convirtió en un escenario de disturbios, enfrentamientos con las fuerzas del orden, decenas de heridos y al menos quince demorados. El operativo de desalojo, que incluyó gases y camiones hidrantes, dejó una estela de destrozos y múltiples atenciones médicas, mientras la ciudad amanecía con el impacto de una noche que prometía ser únicamente de fútbol.

La noche porteña, que se presentaba como un escenario propicio para la catarsis deportiva y el respaldo incondicional a los jugadores nacionales, se transformó en un escenario de confrontación y desorden cuando el reloj marcaba las 23.45. Las inmediaciones del icónico Obelisco, tradicional punto de encuentro para celebraciones y duelos futbolísticos, fueron testigos de una batalla campal que opacó por completo el espíritu inicial de la convocatoria. Lo que había comenzado como una reunión multitudinaria de simpatizantes para acompañar al combinado dirigido por Lionel Scaloni tras el revés frente al conjunto ibérico, derivó en un violento episodio que movilizó a todos los efectivos disponibles y mantuvo en vilo a la ciudadanía.

De acuerdo a los partes oficiales a los cuales tuvo acceso este medio, la chispa que encendió la mecha del conflicto se produjo cuando un contingente de individuos decidió sobrepasar la valla perimetral que resguarda el monumento histórico. Este acto de transgresión fue el catalizador que desató una reacción en cadena, dando inicio a los primeros roces entre los manifestantes y las tropas policiales. A partir de ese instante, la situación escaló en violencia, y los agitadores comenzaron a lanzar proyectiles contundentes, tales como envases de vidrio y otros elementos contundentes, dirigidos hacia los uniformados que intentaban contener el avance. La respuesta de las autoridades no se hizo esperar y, para disuadir a los agresores, hicieron uso de agentes químicos irritantes, logrando reducir momentáneamente a algunos de los causantes del disturbio, aunque una buena parte de ellos opuso resistencia y logró dispersarse en distintas direcciones para evadir la acción de la justicia.

El operativo para restaurar el orden se tornó aún más intenso con la irrupción de un vehículo hidrante perteneciente a la Infantería, que comenzó a maniobrar por el cruce de la Avenida 9 de Julio y Corrientes, activando sus potentes cañones de agua para despejar la zona. El recorrido del camión fue extenso, abarcando desde la mencionada Avenida Corrientes hasta alcanzar la Avenida Belgrano, para luego continuar su marcha hacia el sur de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, una zona donde paulatinamente los choques fueron disminuyendo en intensidad y frecuencia.

En medio de esta vorágine de violencia, se registraron escenas de una crudeza inusitada. Un hombre fue víctima de una agresión brutal al recibir una patada en el rostro propinada por un sujeto que huía a toda velocidad, siendo auxiliado posteriormente por un grupo de personas que participaban en la reyerta. Paralelamente, una mujer también requirió asistencia inmediata, aunque su estado de salud permanece como una incógnita para las fuentes consultadas. A medida que las fuerzas del orden avanzaban por la arteria principal, los congregados comenzaron a retirarse del lugar, dando por terminada la convocatoria y dejando a su paso una imagen desoladora de destrozos que rápidamente se viralizó a través de las redes sociales. Tras estos sucesos, quince personas fueron puestas a disposición de los tribunales competentes.

La secuencia de los acontecimientos se prolongó por algo más de veinte minutos, concentrándose en el perímetro del Obelisco, donde miles de almas —entre las que se contaban familias con niños, pandillas de amigos y fanáticos incondicionales— se habían dado cita desde horas tempranas para alentar a la escuadra nacional. Paradójicamente, la derrota futbolística actuó como un imán que incrementó la afluencia de público, transformando la desazón deportiva en un caldo de cultivo para la agitación.

Pero los incidentes no se limitaron únicamente a los forcejeos y lanzamientos de objetos. A lo largo de la jornada dominical, los servicios médicos de emergencia se vieron desbordados por una serie de atenciones que iban desde casos de intoxicación etílica hasta traumatismos de diversa consideración. De acuerdo al informe detallado proporcionado por el Sistema de Atención Médica de Emergencias (SAME), al cual pudo acceder este diario, el parte de gravedad más alarmante entre los heridos fue el de un señor de 47 años que sufrió una caída desde una altura aproximada de cuatro metros en la intersección de Lavalle y la mencionada Avenida 9 de Julio. El impacto le provocó una luxofractura en el pie izquierdo, lo que motivó su traslado inmediato y urgente a un centro asistencial.

Otro caso que demandó la máxima complejidad en la atención fue el de una mujer de 40 años que perdió el conocimiento y no logró reponerse en el sitio, necesitando la intervención activa del personal del SAME. La masiva concentración en el microcentro porteño también dejó un saldo de múltiples intoxicaciones por consumo excesivo de alcohol y traumatismos de variada índole. Entre los afectados, se reportó un joven de 26 años que presentaba signos de bradicardia e hipotensión, mientras que otro de 23 años, a pesar de su delicado estado, optó por rehusar la ayuda médica. Las heridas cortantes en manos y cuero cabelludo a causa de botellas rotas, los traumatismos faciales y nasales fruto de riñas y caídas, y las excoriaciones en una mujer de 34 años en la zona de Cerrito, completaron un cuadro de salud preocupante.

A su vez, una mujer de 44 años que sufrió un ataque de pánico fue derivada al Hospital Ramos Mejía. No faltaron los reportes de episodios de crisis asmáticas y nerviosas entre los presentes. En otro punto de la ciudad, en la Plaza Inmigrantes de Armenia, tres hombres fueron atendidos tras un altercado físico, aunque no precisaron ser hospitalizados. El balance final del SAME arrojó una cifra de 25 personas asistidas, de las cuales únicamente dos requirieron ser derivadas a un centro hospitalario para recibir cuidados más especializados.

Lamentablemente, la jornada también estuvo marcada por dos decesos que, si bien no se vincularon directamente con los disturbios, ocurrieron en el marco de esta tensa jornada. El primer fallecido fue un caballero de 67 años, cuyo llamado de auxilio se recibió a las 18:40 en un domicilio situado en Sarandí y Adolfo Alsina, barrio de Monserrat. A su llegada, los paramédicos se encontraron con que otras personas ya realizaban maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP). Pese a los esfuerzos del personal del SAME, no fue posible revertir el cuadro clínico. El segundo óbito correspondió a un hombre de 88 años, cuya hija alertó a los servicios de emergencia a las 17:39 debido a dificultades respiratorias y un paro cardiorrespiratorio. Fue trasladado al Hospital Durand, donde finalmente expiró cinco horas después. Existe un tercer caso de gravedad, un paciente de 72 años que fue atendido por una dificultad respiratoria aguda y dolor precordial, y que permanece internado en la Unidad de Terapia Intensiva del Hospital Álvarez, con un pronóstico que mantiene en vilo a sus familiares. Estos tres episodios trascendieron a la opinión pública alrededor de las 20:08, una vez que el silbato final del encuentro deportivo dio paso a la crónica negra de una noche que quedará grabada en la memoria porteña por la violencia desatada en lugar de la algarabía esperada.

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