El mandatario confirmó mediante sus redes sociales la jornada de asueto en todo el territorio argentino, pero delegó en los futbolistas y el cuerpo técnico la elección del día concreto. Mientras el vuelo con la delegación arriba esta tarde a Ezeiza, en Casa Rosada manejan dos opciones posibles para el descanso obligatorio.
En un gesto que combina la exaltación patriótica con la impronta descontracturada que lo caracteriza, el presidente Javier Milei decidió decretar un feriado nacional de alcance pleno para que la ciudadanía pueda volcarse a las calles a celebrar el histórico subcampeonato obtenido por la Selección Argentina en el Mundial 2026. Sin embargo, el jefe de Estado evitó fijar una fecha precisa en su anuncio y optó por una fórmula inédita: condicionar la vigencia del asueto a la voluntad del propio plantel, que será quien determine cuándo desea materializar el agasajo multitudinario con sus seguidores.
La comunicación oficial llegó a través de la cuenta personal de X (antes Twitter) que maneja el propio Milei, donde el mandatario publicó un mensaje destinado a despejar las especulaciones que ya circulaban en los ámbitos políticos y sindicales. “Ante la legítima curiosidad popular respecto a los festejos por la gesta deportiva alcanzada por el combinado nacional, informo a la población que, atendiendo a lo que resuelvan los jugadores y el personal técnico con relación al día escogido para la celebración, esa jornada será declarada feriado nacional”, escribió el Presidente, en un posteo que rápidamente se viralizó y generó oleadas de comentarios en todas las plataformas digitales.
El anuncio, tan rotundo en su decisión como ambiguo en su cronograma, dejó flotando la incertidumbre acerca de cuándo se concretará efectivamente el descanso obligatorio para la administración pública, el comercio y la industria. Lo que sí quedó meridiano es que el beneficio no se tratará de un simple día no laborable –esa figura que permite al empleador privado optar por otorgar o no la jornada–, sino de un feriado nacional de carácter vinculante, similar al que ya se vivió en diciembre de 2022 tras la consagración en Qatar. En aquella oportunidad, el entonces presidente Alberto Fernández había dispuesto el asueto para el martes siguiente al triunfo sobre Francia, cuando los campeones aterrizaron en el predio de Ezeiza y desfilaron ante una multitud embriagada de gloria. Ahora, el subcampeonato –que ubica a la Argentina en el podio del planeta fútbol– merece un tratamiento equiparable, según la óptica oficial.
Según pudo reconstruir este diario a partir de conversaciones con fuentes cercanas a la Asociación del Fútbol Argentino, la delegación nacional tiene previsto pisar suelo patrio en el día de hoy. El vuelo que transporta a los dirigidos por Lionel Scaloni despegará a las seis de la mañana desde Buenos Aires –las cinco en Nueva York, ciudad sede del partido definitorio– y, tras once horas de travesía aérea, se estima que tocará la pista del aeropuerto internacional de Ezeiza alrededor de las diecisiete horas. No obstante, el arribo no implicará un desembarco inmediato en el centro porteño para la fiesta popular: las mismas fuentes confiaron que el contingente se trasladará directamente al complejo deportivo que la AFA posee en esa localidad del Gran Buenos Aires, donde los futbolistas descansarán y evaluarán con calma la logística del festejo masivo.
Ese margen de maniobra es precisamente el que alimenta la indefinición sobre la fecha del feriado. En el entorno de Casa Rosada admitieron que el lunes y el martes son las dos alternativas concretas que se barajan, aunque ninguna de ellas cuenta con la bendición definitiva del plantel. “La decisión final dependerá de cómo se sientan los muchachos después del viaje y de la intensidad emocional del partido”, señaló un operador gubernamental que pidió resguardar su identidad. El mismo vocero añadió que el Poder Ejecutivo tiene la maquinaria burocrática lista para emitir el decreto correspondiente en cuestión de horas, tan pronto como reciba la confirmación de los capitanes del equipo.
Lo que ya se descartó por completo, según remarcaron los colaboradores presidenciales, es la posibilidad de instrumentar un simple asueto administrativo para los empleados públicos, una modalidad que había sido evaluada en los días previos al choque final. Milei, fiel a su estilo de decisiones tajantes, prefirió otorgar un feriado pleno que alcance a todos los trabajadores, tanto del sector estatal como del privado, con el propósito de que el país entero pueda volcarse a las calles sin ataduras laborales. Este movimiento, además de satisfacer el anhelo popular de una celebración sin restricciones, sintoniza con la narrativa oficial que busca potenciar el sentimiento de unidad nacional a través del deporte, un recurso que los distintos gobiernos han explotado a lo largo de la historia argentina con resultados invariablemente exitosos en términos de cohesión social.
La noticia, sin embargo, no estuvo exenta de matices políticos. Mientras el oficialismo celebraba la rápida respuesta presidencial a una demanda que crecía minuto a minuto en las redes y en los bares del país, la oposición observó con lupa el hecho de que el decreto llegue sin una fecha concreta, interpretando esa demora como un síntoma de improvisación. Desde las filas del peronismo, algunos legisladores cuestionaron que se repita el esquema de 2022 pero sin la misma contundencia de aquella oportunidad, cuando el campeonato mundial permitió un feriado indiscutido. No obstante, incluso los críticos más acérrimos reconocen que, más allá de las formas, la medida cuenta con un respaldo social abrumador, difícil de contrarestar con argumentos técnicos o administrativos.
En las últimas horas, la incertidumbre se convirtió en el principal combustible de los comentarios en redes sociales, donde los hinchas especulan sin tregua sobre si el asueto será finalmente este lunes –aprovechando la llegada del plantel– o si se postergará hasta el martes, para dar tiempo a que los jugadores se repongan del cansancio del viaje y de la carga anímica que supone haber disputado una final del mundo. Lo cierto es que, cualquiera sea el día elegido, la Argentina se prepara para vivir una nueva jornada de catarsis colectiva, con banderas, cánticos y un mar de gente que rendirá homenaje a estos muchachos que, sin alzar la copa dorada, supieron dejar el alma en la cancha y devolverle al país la ilusión de sentirse gigante en el firmamento del fútbol mundial.
El feriado, una vez confirmado, se sumará al calendario de asuetos excepcionales que han marcado la historia reciente, y quedará registrado como un capítulo más en la relación simbiótica entre la política y el deporte, esa danza que en Argentina adquiere matices de épica cada vez que la Selección pisa un césped decisivo. Por ahora, los ojos están puestos en Ezeiza, en el hangar donde aterrizará el avión con los héroes de esta campaña, y en la definición que tomarán Scaloni, Messi, Di María y el resto del plantel cuando se reúnan a solas. El Gobierno, mientras tanto, mantiene la maquinaria en marcha: el decreto está redactado, la firma presidencial solo espera la palabra final, y el país entero contiene el aliento, listo para salir a la calle en cuanto el silbato del feriado nacional sea oficializado, sin importar si es al caer la tarde del lunes o al despuntar el alba del martes.
